La pirámide de Mayo, primera expresión de arte público
29 de mayo de 2006
Los monumentos conmemorativos, bustos, monolitos, fuentes, esculturas alegóricas, etc. son una referencia paradigmática con la que se “construye la historia”; además de los documentos escritos, el arte público aporta datos fundamentales para el conocimiento de las mentalidades de cada época. Estas imágenes se integran en el imaginario colectivo y se compenetran con el habitante que las contempla todos los días; en realidad, muchas veces sin saber a quiénes representan, ni cuál es el mensaje que tienen para decirle. Nuestra ciudad cuenta con más de dos mil esculturas, monumentos y objetos ornamentales que conviven en el contexto urbano sin oponerse, a pesar de pertenecer a diferentes momentos históricos.
En este post, les contamos la historia de la Pirámide de Mayo, el primer monumento conmemorativo de la ciudad de Buenos Aires. Por su ubicación, su significado y su historia debería ser el símbolo de la ciudad. Es el primer ejemplo de arte público y conmemora la revolución de Mayo.
Se inauguró en la Plaza de la Victoria, cerca del Cabildo, el 25 de mayo de 1811. Los materiales de construcción de la pirámide se asocian con una ciudad en la que no había piedra ni lujo. Los numerosos intentos por demolerla reflejan los cambios de mentalidades que vivió Argentina, sobre todo en la denominada Generación del ochenta y durante la celebración del Centenario, donde se trató de reemplazarla por monumentos grandilocuentes, de materiales nobles como el mármol y el bronce, acorde con la idea de una ciudad moderna y progresista que miraba a Europa.
¿Cómo se llegó a tener una pirámide?
La idea de realizar el homenaje fue de la Junta Provisional Gubernativa, que pidió al Cabildo, en marzo de 1811, que se dispusiera la mejor forma de celebrar el aniversario de mayo. Fue Juan Antonio Gaspar Hernández, quien opinó que el homenaje tuviera carácter permanente, ya que se discutía sobre la posibilidad de hacer algo de carácter transitorio. La realización estuvo a cargo de Francisco Cañete (alarife y maestro de obras de la Ciudad de Buenos Aires). Utilizó tierra Roma (adobe), ladrillos y una edificación hueca. La hoy llamada pirámide era entonces denominada “Columna del 25 de Mayo” o “Altar de la Patria”, Juan Manuel Berutti es el único que la menciona como “gran pirámide”.
Existieron varios proyectos para demoler y/o modificar la pirámide. En 1826 bajo la presidencia de Bernardino Rivadavia, se propició realizar una fuente de bronce que llevaría la siguiente inscripción: La República Argentina a los autores de la revolución en el memorable 25 de mayo de 1810 (1).
A mediados del siglo XIX se planteó el tema de que la pirámide debía presentar un aspecto más artístico y grandioso. Era necesario “embellecerla”. En 1856 fue remodelada por Prilidiano Pueyrredón (2), quien modificó el pedestal y remate original, aumentando la altura y el ancho.
José Dubourdieu, escultor francés que se radicó en la ciudad, hacia 1850, realizó la escultura de La Libertad, que debía coronar y otorgarle un rasgo artístico a la pirámide. Dubourdieu realizó además, cinco esculturas: La Agricultura, Las Ciencias, Las Artes y El Comercio, que fueron colocadas en cada ángulo del pedestal. La Libertad, presidía desde lo alto, a las cuatro actividades que debían caracterizar y representar a la sociedad porteña de aquella época.
Así opinaron los viajeros sobre nuestro primer monumento:
La plaza de la Victoria, con su estatua de la Libertad de alto pedestal, era para Seymour la parte más bonita de la ciudad; en cambio Burton hizo anotaciones sobre el obelisco de ladrillo enyesado, con raquíticos paraísos `simples palos en agosto´, alrededor todo, le resultaba pequeño, pobre y feo. (3)
La Libertad, (hoy también llamada La República), es la única escultura alegórica que se conserva. Las cuatro originales de Dubourdieu se perdieron. Fueron reemplazadas, en 1875, por otras alegorías que habían decorado el antiguo Banco de la Provincia: La Mecánica, La Navegación, La Astronomía y La Geografía.
Estas cuatro esculturas fueron removidas en 1912, cuando se trasladó la pirámide al centro de la plaza y fueron colocadas, tiempo después, frente a la iglesia de San Francisco, gracias al pedido del arquitecto José María Peña, director del Museo de la Ciudad, quien evitó que se perdieran como las anteriores.
En 1877 se propuso cubrir la pirámide con mármoles. Luego, hacia 1883, bajo la intendencia de Torcuato de Alvear, se pensó en ubicar en el centro unificado de las plazas de la Victoria y 25 de Mayo una columna de bronce, con mármoles y banderas, acorde con el homenaje que merecía la Revolución de Mayo. Se consultó a las personalidades destacadas de la época como Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Vicente Fidel López, Nicolás Avellaneda y otros. Las opiniones fueron encontradas, y existieron numerosas protestas periodísticas y alboroto popular, por lo que el Concejo Deliberante, ante la diversidad de pareceres, impidió todo intento de demoler la pirámide o reformarla.
El intento más importante de transformar la pirámide en un monumento conmemorativo acorde a los cánones de la modernidad y el progreso, fue hacia 1910, cuando se propuso realizar un grandioso “Monumento a la Revolución de 1810”, en cuyo interior debía preservarse la pirámide. Se realizó un concurso internacional, ganado por los italianos Gaetano Moretti y Luigi Brizzolara. La obra debía estar inspirada en la historia de la Argentina, por lo que se publicó una reseña histórica para los artistas extranjeros. El proyecto quedó sin concretarse, debido a la primera guerra mundial, entre otros motivos.
En 1942 la Pirámide fue declarada Monumento Histórico Nacional, decreto que la protege contra cualquier reforma o demolición. En 1976 se depositó al pie de la pirámide tierra de todos los ámbitos del territorio argentino y tierra santa. En una placa situada en el piso se explicita:
Homenaje a la Plaza de Mayo desde que el fundador Juan de Garay plantó el símbolo de la justicia el 11 de junio de 1580. Fue centro de la vida de la ciudad, la reconquista y defensa en 1806 y 1807. En 1810 fue glorioso escenario de la revolución de mayo y en 1811 levántase en ella la pirámide conmemorativa. El pueblo de Buenos Aires juró la Independencia el 13/09/1816 y la Constitución Nacional el 21/10/1860. Se demolió la recova vieja en 1884. Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares Históricos. 25 de mayo de 1941 en el 131º aniversario de la Revolución de Mayo.
Como la pirámide es monumento histórico nacional y la plaza es lugar histórico nacional, no se le pueden colocar nuevas placas, ni recordatorios. Sin embargo, la historia reciente de nuestro país, de los años setenta y los desaparecidos, está presente en dos círculos que rodean el solado de la pirámide y los pañuelos blancos, que recuerdan a las madres de Plaza de Mayo, pintados entre líneas radiales que conforman un círculo simbólico que refuerza la idea central: la pirámide como eje de nuestra nación, que representa La Libertad.
La autora es asesora de María Eugenia Estenssoro ante la Comisión de Patrimonio y en la Comisión de Evaluación de Obras de Arte en el Espacio Público. Licenciada y Profesora de Historia del Arte de la UBA, Doctora en Historia con orientación en Arte, USAL.
(1) Wilde, José Antonio, Buenos Aires desde 70 años atrás, (1810-1880), Buenos Aires, EUDEBA, 1968, p.34.
(2) Nota de autor: No fue encerrada una pirámide dentro de otra. Una frase de Carlos Vigil al respecto dio origen al error que se repitió en varias publicaciones.
(3) D´Agostino, García de Rebok, Asato, López, Imagen de Buenos Aires a través de los viajeros, 1870 -1910, Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires, Colección del IV Centenario de Buenos Aires, 1981, p.28.
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