Fileteado porteño: una historia de flores, gardeles y dragones
4 de diciembre de 2006
Por Guillermo Roffé / 4/12/06
Hacia fines del siglo XIX y principios del XX, los carros de los proveedores de alimentos que solían recorrer los barrios de Buenos Aires, florecieron en una explosión de formas sinuosas y colores restallantes que le otorgaron a la ciudad una particular fisonomía. En pleno auge de esa pasión decorativa fueron perfilandose los elementos de la iconografía característica de lo que hoy conocemos como el “Fileteado Porteño”: flores de acanto, volutas intrincadas, dragones, imágenes de vírgenes y, sobre todo, retratos de Carlos Gardel, fusionando definitivamente la imaginería porteña del tango con el arte del fileteado.
Posteriormente, en razón del crecimiento de la ciudad y de la cada vez mayor cantidad de vehículos automotores, se prohibió la tracción a sangre y así el fileteado pareció desmayarse agónicamente de tristeza, en una ciudad cada vez más veloz y también más desangelada.
Pero al poco tiempo, los viejos fileteadores tomaron impulso y arremetieron, pincel en ristre, contra camiones y colectivos. La ciudad volvió a respirar aires festivos. Los espúlveros volvieron a insinuar volutas y dragones y los transeúntes, a tener sueños fantásticos.
Claro que hay seres a los que la felicidad ajena, cuando es sencilla y sin afectaciones, suele molestarles y siempre encuentran excusas para poner a funcionar las horrorosas máquinas de prohibir. En este caso, en el año 1975, prohibieron el fileteado de vehículos de transporte público de pasajeros.
Pero existen historias que suelen ser empecinadas: no nos equivocamos al decir que los duendes que habitan en los entresijos de la ciudad, propiciaron la supervivencia del fileteado.
Hoy, jóvenes artistas encuentran un camino expresivo insospechado en este viejo arte. Algunos maestros lo enseñan y, como es de esperar, si los legisladores de la ciudad se hacen eco del proyecto de la diputada María Eugenia Estenssoro y el Ministerio de Cultura aporta lo necesario, pronto tendremos una sala permanente de exposición en el Museo de la Ciudad y un concurso anual con premio adquisición para estimular la producción de este arte representativo de Buenos Aires.
Alfredo Genovese
En el centenario Mercado del Progreso del barrio de Caballito, existe un rinconcito amable y acogedor llamado “el lugar del encuentro”, una especie de barcito insólito en el cual nadie sirve ni pide nada, tiene mesitas, tiene sillas pero sólo puede uno sentarse y dejar transcurrir el tiempo. En ese lugar tan a propósito, el maestro Alfredo Genovese, un artista de sólida formación académica que se especializó en el fileteado porteño y enseña este arte a numerosos alumnos de toda condición sexo y edad, realizó una muestra de los trabajos de sus alumnos. Esta muestra terminó el jueves 30 del mes de noviembre.
Guillermo Roffé asesora a la diputada Estenssoro en la Comisión de Cultura.
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