Homenaje a las víctimas de Cromañón

11 de Enero de 2007

Para sentir, reflexionar y seguir pensándonos como sociedad, les recomiendo el contenido del Homenaje a las víctimas de Cromagnón que publicó, el pasado 5 de enero, el diario la Nación.

Aquí algunos textos:

Sordos Gritos

¿Me duele el alma o esta ardiendo?
¿Estoy soñando o te estoy viendo?
Estiro la mano pero solo agarro este vacío
Y me lleno de sombras de humo
Sintiendo que el aire se esta venciendo.
Si me salvo es porque me estoy muriendo
Si tu corazón late el mío seguro estará latiendo.
Los minutos ya desconocen el poder de su tiempo
Las paredes se calientan
Las almas gritan…
Gritan…
Y se desesperan.
Ahora somos presas de un cazador desconocido
Gateando por un piso que ya ni siquiera esta firme.
¿Como estarán mis hermanos?
¿Mis hijos?
¿Mi familia?
¿Como les explicaran que parte de su sangre esta perdida?
¿Quien les transmitirá mi “te quiero” que se ahogo en un suspiro?
¿Quien abrirá esta caja de fantasías para hacer justicia?
Si…
Nos duele el alma…
Y aun se oyen aquellos sordos gritos.

(Litvinova Natalia, 20 años, Vicente Lopez)

Madre que soy

Me he despertado hoy para saber que,
allí en el aeropuerto de Ezeiza,
suelo gastado de pasos prontos al exilio,
y de pasos prontos al reencuentro,
y de pasos foráneos apurados
por recorrer este recóndito lugar de América
cayéndose del globo,
hay un nuevo cartel verde de vialidad
con sus blancas letras, que reza:
“Usted está en Argentina, País de Madres”…
Madre que soy, junto a vos,
que buscaste entre los escombros de la AMIA.
Que perseveraste hasta encarcelar al asesino,
que aún hoy insistís sabiendo que la Justicia
es una quimera,
que no sabe dónde está su hijo,
que NADIE supo decirte dónde está tu hijo,
que soportaste sentirlo en el secuestro,
que te lo mataron, con una piedra homicida
que se desplomó desde el alcohol y la soberbia,
que te lo devolvieron un despojo,
después del ultraje.
Madre que nunca te dieron una respuesta,
Madre que espera.
Madre que busca.
Madre de pie en la morgue…
O Madre de causa cerrada.
Madre que no sabe,
o Madre que ya sabe.
Madre del aniquilado
en tanta ruta homicida.
Madre con el pañuelo blanco,
Madre con foto al cuello…
¡Qué rostros tan bellos!
Madre de la bengala inexplicable
y el ahogo, ahogo, ahogo, ahogo…
Madres que nos damos cuenta
que nos arrancan la vida y
van diezmando el futuro
con su fragor genocida.
Nos dejan solas, luchando.
Madres.
Madre que soy.
No fue casualidad que,
junto al cartel de vialidad, lo haya visto,
suspendido allí,
tan bello como los rostros de las fotos
que cuelgan del cuello de las Madres.
O penden del corazón de las Madres.
Era un Ángel
con una sola zapatilla.

Nora A. Allegue

Carta a vos

A la espera de una mano mejor te espero acá,
en este bar, presintiendo tu llegada,
con sombras que se empeñan en ser vos.
La cuchara, los sobres, los suspiros, las miradas y
la indómita soledad, la certeza de saberme solo en el bar,
sin vos… tantas soledades, todas se encuentran en mi,
soy su sitio de reunión…

Sin vos, mi querido extraño, una luz te apagó,
ironías del pasado…
Seré un eterno peregrino en busca de la mirada prometida,
te buscaré en cada rostro, sin Moisés que me guié,
siguiendo la estrella de tu sonrisa quizás te encuentre.
Mi mochila está liviana, una zapatilla, mi alma y un reloj.
Así será el viaje. Cargando solo con mi tristeza. Cabalgando en mis sueños.

Juan Pablo Ambar