Historia personal
Mi familia y la política
Soy una inmigrante boliviana. Nací en La Paz, hija de padre y madre bolivianos. Mi bisabuelo materno, un agrimensor de apellido Lavadenz, descubrió el petróleo en Bolivia; su hijo, Jorge, fue uno de los fundadores de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos e importante empresario petrolero; y mi padre, Pepe Estenssoro “heredó” esa profesión.
En la historia de mi familia han convivido y combatido entre sí nacionalistas, liberales y militares. Esta herencia me enseñó a mirar la realidad desde varias perspectivas, a través de múltiples cristales.Mis padres se radicaron en la Argentina en 1964. Mi padre, formado en Estados Unidos, llegó para instalar una empresa norteamericana, la mayor fabricante de trépanos para perforación de pozos petroleros, Hughes Tools. Tenía sólo 28 años y llegó atraído por los vientos desarrollistas de Arturo Frondizi. Claro que a poco de instalarse aquí con su esposa y cuatro hijos, Frondizi fue derrocado por un golpe militar.Crecí en San Isidro y me eduqué en el colegio Northlands y en una familia liberal en lo económico y conservadora en lo político. Tengo cuatro hermanos, dos mujeres y dos varones. Soy la hija del medio.La política era un tema de conversación constante en mi infancia y adolescencia. En ese entonces, los gobiernos se sucedían unos a otros vertiginosa y violentamente entre militares, radicales, Perón, la matanza de Ezeiza, la masacre de Trelew, la muerte de Perón, Isabelita, la Triple A, el terrorismo. Yo entendía que algo andaba mal, y que en ese caos de todos contra todos, el sueño de una Argentina que “volviera a ser lo que había sido” siempre fracasaba.Recuerdo que cuando tenía unos 15 años, le pregunté a la madre de una amiga que era psicoanalista: “Me interesa el país y la política, ¿qué puedo estudiar?”. Y ella me aconsejó que siguiera periodismo. Y eso hice.
Nuestra democracia necesitaba consolidar partidos sólidos y modernos, que aglutinen a militantes y votantes detrás de valores y propuestas claras, y no detrás de liderazgos personalistas de ocasión. Elegí ser parte de ese proceso, y fui y sigo siendo consciente de que la fragmentación política y los liderazgos unipersonales son el reflejo de la crisis que estalló en el 2001 y que todavía tenemos que subsanar. Por eso, ingresé a la política en 1997, cuando Domingo Cavallo, ya fuera del gobierno, me ofreció integrar la lista de candidatos a diputados nacionales de Acción por la República. La campaña de 1997 fue muy importante para mí, aunque no entré al Congreso. Pensé que una vez terminada nos abocaríamos a armar un partido profesional, moderno y democrático, algo diferente. Pero no se logró, no fue una buena experiencia. En 1998 dejé la política y comencé una nueva etapa como emprendedora social, colaborando y creando organizaciones sociales sin fines de lucro en un país que empezaba a tambalear.
En 2003, accedí a una banca en la Legislatura de la C.A.B.A. (2003 - 2007) a través de la Alianza Unión para Recrear Buenos Aires.
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