Más democracia
El autoritarismo sigue siendo un legado del que la democracia argentina no ha logrado desprenderse en estos 26 años. Con claridad y valentía ideológica, la periodista y Senadora Norma Morandini plantea lo que como ciudadanos nos falta aprender.
El balbuceo cívico
Primero fue el verbo, dice la Biblia, y el poeta agrega: “Aún la atmósfera tiembla con la primera palabra, elaborada con pánico y gemido”.
Como en ese poema de Neruda, nuestras primeras palabras democráticas cargan con los miedos y el llanto dejados como marca del autoritarismo. Un balbuceo cívico dominado por los agravios y las descalificaciones personales, como si el lenguaje colectivo no pudiera despojarse de aquella atmósfera de maltrato y desconfianza de los tiempos en que nos desquiciamos como país. Tal vez el gran cadáver que nos dejó la dictadura haya sido la política. Nació muerta, asesinada por la prédica autoritaria de que es algo sucio y ensuciada por los que hicieron de los negocios públicos botines privados.
¿Cómo explicar, entonces, que dos décadas y media después de la democratización no hayamos sido capaces de construir un diálogo cívico, inherente a la vida con los otros? Si la democracia es el único sistema que legitima el conflicto, ya que la libertad pone en movimiento intereses y derechos, ¿cómo resolver esas diferencias sin compartir un idioma común? El lenguaje público, el que se escucha en los medios, ya sea el de los dirigentes o el de la gente, suena vulgar, altisonante, como si lo único que supiéramos hacer fuera gritar o insultar.
Ese desprecio hecho de palabras desnuda nuestro atraso cultural político. Sesenta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, como en la Europa de entonces, los argentinos tenemos una concepción confusa de la democracia. Tal como lo observó Sartori, al igual que sucedió tras el nazismo, la democracia, lejos de convertirse en un ideal común, apareció como una “distorsión terminológica” que desembocó en la “ofuscación”. Tal como el comunismo, que contraponía su “democracia real” a la “democracia formal o burguesa”, reducida a los partidos y al sufragio, nuestra tradición política, dominada por el peronismo y la izquierda no democrática, descree de la democracia.
Porque tuve veinte años en los años 70, pertenezco a esa generación que antes que decirse democrática se definía revolucionaria.
En nombre del socialismo se aceptaba la violencia como forma política. La vida y la Historia nos demostraron que la idea de que el fin justifica los medios desembocó en las mayores tragedias del siglo pasado, llámense nazismo, estalinismo o terrorismo de Estado.
Una lección no del todo aprendida es que sólo con política, que es negociación, no trueque de votos por favores, podremos superar los horrores del pasado. La irresponsable idealización de los años 70 lleva a que se ignore que hoy existe unanimidad en torno de la idea que vincula a la democracia con los valores universales, consagrados por la Declaración de los Derechos del Hombre. El primero, el respeto a la libertad ajena y el derecho de cada uno a formarse su opinión con libertad, sin tutelas ni imposiciones. De modo que es una contradicción en sí misma invocar los derechos humanos y luego negar el derecho de los otros a expresarse. Hay en la idea democrática una profundidad y una verdad superior que se nos escapan. La democracia no es sólo ir a votar ni alternarse en el poder.
Quien nos advierte sobre esa concepción es la filósofa brasileña Marilena Chaui, una de las intelectuales más brillantes de Brasil, fundadora del Partido de los Trabajadores, que en el gobierno demostró que se puede reducir la pobreza sobre la base de los derechos ciudadanos y no del odioso clientelismo, que toma a los pobres como rehenes electorales. Para la filósofa brasileña, “lo esencial de la democracia es que el poder no se identifica con los ocupantes del gobierno. No les pertenece. Es el lugar vacío que los ciudadanos periódicamente llenan con un representante, pudiendo revocar su mandato si no cumple con lo que fue delegado”.
Y va más a fondo cuando subraya que oficialismo y oposición no sólo deben ser respetados por la ley, sino que ambos expresan que una sociedad no es una comunidad única, indivisa, subordinada por consenso al bien común. Por el contrario: la sociedad es plural, diversa. Y como estas divisiones son legítimas, deben expresarse públicamente. “La democracia -dice Chaui- es el único sistema que legitima el conflicto.” Precisamente, la expresión pública del conflicto es lo que permite que trabajemos para resolver esas tensiones. El consenso no es un fin: es la consecuencia de reconocer las contradicciones sociales para que la solución surja de la propia sociedad. Lo mismo sucede con las ideas de igualdad y libertad, que son derechos ciudadanos y van más allá de su reglamentación formal. De lo que se trata es de saber que todas las personas, todas, son ciudadanos de derechos. Y cuando esos derechos no son garantizados se tiene el derecho y hasta la obligación de luchar para conseguirlos.
Los derechos se conquistan. No son la dádiva de ningún gobernante generoso. Esta es la idea fundamental de la democracia que permitió que las democracias liberales dieran lugar a las democracias sociales, basadas en el respeto a esos derechos. Como se trata, también, de bellas palabras, parafraseando a Borges cuando dijo que somos la justificación de nuestros muertos: la democracia no es de nadie, pero es de todos.
para Diario La Nación© (10/03/2010)
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Gracias! Por seguir representándonos en tiempos tan difíciles.
Una vez más nos demuestra que con fineza, preparación cultural y con altura se pueden lograr grandes artículos, comentarios o reportajes. En ésta época donde reina la chabcanería y la soberbia me parece un articulo digno de elogio, como todos los suyos.
Como la sociedad es una y los políticos emergen de esta sociedad y los medios dicen reflejar la realidad de la sociedad y últimamenteson cada vez son más soeces en sus expresiones, han perdido la vergüenza en los temas tocados y el tratamietno que les dan. La sociedad se da todos estos permisos de ser grosera, guaranga, ofensiva, mal educada . Porque este es un círculo que se retroalimenta. Y los políticos que en gran proporción son gente ineducada, arribista, inescrupulosa, se sienten también habilitados a dirimir sus diferencias no con argumentos, con razones, sino con insultos, con agravios, con palabras irreproducibles. Lamentablemente cada vez son más los que adoptan esta modalidad. Se creerán justificados ya que los “famosos” hablan así….Lamentablemente la rueda de la decadencia moral y educativa parece imparable. Nos han impuesto una sociedad “mediática” y ciertos valores “mediáticos” que no son los que hasta hace unos años adheríamos la gran mayoría.
Pero no hay que desanimarse. Tenemos que seguir nadando contra corriente y demostrar con el ejemplo que debemos recuperar el valor del respeto. Si no hay respeto, no puede haber democracia porque no se puede respetar la opinión ajena. Necesitamos barajar y dar de nuevo…Para eso necesitamos líderes de los buenos, que ciertamentno no abundan!
Estimada Maria Eugenia. tu artículo está “clarísimo”. podría bien aplicarse uno de los conceptos enunciados por Lilita Carrió cuando desarrolló el Seminario “Paradojas de la Luz”……..que versaba:
“Cuanto mayor LUZ, mayor oscuridad”. Por lo tanto, ya lo sabíamos anticipadamente……..inmediatamente despues de las últimas elecciones……por esa suerte de esclarecimiento que nos brinda la Luz……no nos iban a facilitar ni un tranquito……nada….otra que palos en la rueda…….es como quje todo lo ´fetido”, “lo enfermo” ya ha dejado de estar “invisibilizado”……y esto es muy bueno……..es MARAVILLOSO…….genera mucho dolor, impotencia…..pero ya no estamos solos en la movida……
fuerza……..valor…..dignidad……mi amiga
No soy tan pesimista. Si bien el sistema democratico debe perfecionarse es una etapa superadora en relación a los regímenes militares que esos sí fueron totalitarios de veras.-
Muy estimada Senadora: Excelente su artículo, creo que Usted tiene una visión política inteligente,actualizada, y una capacidad discriminativa real en cuanto al concepto de Democracia.
La cumbre del poderío que vivimos en la forma dictatorial evita siempre una crítica analítica en cualquiera de sus formas.porque? La razón para ellos es estratégica, si permiten que se lo analize de cerca, pierde su poder, si el pueblo no es dueño de suficiente cultura para juzgarlo.
Compran voluntades, rompen alianzas, influyen en los débiles psiquismos procurando manejar la franja de la conciencia. la subconciencia que es la parte de la conciencia humana carente de criticismo, en oposición a la conciencia plena que es maximalmente crítica. De allí las conductas ambivalentes, sigzageantes, robotizadas que aceptan las imposiciones, repiten insisten y crean representaciones que puedan asegurar el dominio absoluto de una “democracia” sin destino.
“Child refiriéndose al poderío interpreta las democracias de nuestro continente como ficticias. A la política y el poderío social sudamericano los ubica en la categoría de comercio vulgar. En su opinión “el poder” tiene siempre conciencia de su enorme superioridad, maneja a los pueblos utilizando los pseudo-derechos de una aparente democracia, y termina diciendo que la inmoralidad reinante en los terrenos político-sociales, averguenzan a cualquier hombre decente” Y no es que personalmente concuerde con todos sus criterios, pero sí estimo que nuestro país ha caído en un estado de anomia adormecedora y su responsabilidad social a quedado en manos de una debilitada oposición, víctima de una estrategia basada en el poder reunido en cuatro manos que no tiene límites, y que no permite ser controlada por los demás poderes que integran una Democracia. ¿Dónde está la respuesta? No somos un pueblo niño ni un pueblo poco evolucionado social y culturalmente.La torpeza del obedecer, destruye la capacidad de discernir, por eso no lo permitamos las dictaduras dejaron signos fatales en la humanidad. Construyamos de nuevo una auténtica democracia donde los valores prevalezcan inmutables ante los intereses de la ignorancia vacía de contenidos que hoy nos representa.
Dra, Calvet’
Sra. Senadora Estenssoro, el artículo es interesante en lo que hace a la efervecencia política que se puede lograr en la democracia producto del conflicto de intereses entre los distintos actores que cnforman una sociedad. Conflicto que es y debe ser canalizado por la política. Pero la concreción de las demandas sociales y políticas que deben satisfacer los representantes del pueblo debe estar articulada por hombres que sientan la cosa pública en forma sincera. La frase del artículo que dice “Una lección no del todo aprendida es que sólo con política, que es negociación, no trueque…” es muy interesante no sólo porque alienta la participación ciudadana en política sino también porque debe ser aplicada a los representantes del pueblo. La palabra negociación puede tener un sentido muy negativo sino se aplica a los propios representantes. Lo que quiero decir es que la Diputada Carrió negoció callar la confirmación del procesamiento del Sr. Aguad por parte de la justicia de Corrientes por el caso de haber hecho desaparecer un crédito de 60 millones de pesos/dólares cuando fue interventor en Corrientes en la época de la Alianza. En un contexto en el cual la oposición, fragmentada desde su origen, quiere imponer o proceder a la enseñanza democrática, la Diputada Carrió debería decir algo al respecto de este procesamiento del Diputado Aguad, lo mismo debe hacer el Diputado Adrián Pérez. El Acuerdo Cívico y Social (del cual la Coalición Cívica y el Partido Radical son parte junto al socialismo) debería dar ejemplos de civismo ante esta situación de tener un Diputado de la Nación procesado por la justicia. Si no dicen nada es porque la Diputada Carrió entiende la política en el sentido de una negociación negativa haciendo que el fin justifique los medios. Dejaron de ser creíbles.
Estimada Senadora, ya se han visto demasiadas cosas en nuestro Parlamento. Lamentablemente, resulta ser que el parlamento del cual forma parte es un conjunto amorfo de gente que no hace más que hablar y hablar y no unirse…. a esta altura me pregunto ¿para qué?
Lamento que la diputada Carrió continúe en su lucha denodada contra la nada, que el Senador Morales (despreciado en su propia provincia) no tenga idea de cómo aunar ideas y líneas de acción, la verdad es que no entiendo nada. La sigo y la respeto a usted desde siempre. ¿es que nadie pondrá algo de cordura? ¿Para qué sirve la oposición sino para construir una alternativa de liderazgo?. Creo profundamente en su estilo de liderazgo, usted me merece respeto, a esta altura de las circunstancias nadie me merece nada salvo usted. ¿Qué podrá hacer usted? La veo sola, democrática, estudiosa, pensante, con ganas de hacer cosas. No así a la oposición que me da vergüenza. Me da dolor que quienes la rodean (y lamento parafrasear a los K. no se les caigan una sola idea). Por favor, le pido que haga algo (sola o acompañada) que exprese lo que pensamos y queremos los argentinos. Vamos de mal en peor y la oposición no ayuda en nada, sólo pone palos en las ruedas. La respeto muchísimo. Piense en la sociedad que la votó y asuma la voz de todos.
Con cariño,
Magdalena
Ayer, en “Hora Clave” vi a los representantes de la Oposición, muy lúcidos. Tienen claro que los resultados no van a ser instantáneos. Hay que buscar acuerdos, negociando, hasta el último momento.No se pueden privilegiar los intereses personales.
Todos deben ser sinceros consigo mismos, y no ver en el otro un adversario. Se necesitan aprobar nuevas Leyes, donde cada legislador es una pieza clave, en beneficio de la República.
Son tiempos de LEGISLAR, no de Elecciones, ni de retórica.
Hay legisladores como la Senadora Estenssoro, que tienen ese don de tender puentes, para lograr hacerles ver a los no convencidos que, no habrá mejoras para las Provincias, si no se le da lo que legitimamente les pertenece por coparticipación, y que dar el acuerdo para la designación del Presidente del BCRA, hará que dicho Banco pierda su autonomía, y sea el Banco del Poder Ejecutivo. No hay que perder la esperanza en el CAMBIO, aunque a veces lleva su tiempo.
María