CUANDO NO SE SABE QUÉ HACER

Por editora / 7 de Abril de 2008

Por el Lic. Alfonso Prat Gay

Integrante de la Mesa Nacional de la Coalición Cívica. Fue Presidente del Banco Central de la República Argentina (2002 - 2004). En 1989 se graduó con honores como licenciado en Ciencias Económicas en la Universidad Católica Argentina y luego realizó una Maestría en Economía en la Universidad de Pennsylvania.

En un artículo de opinión, publicado el día 3 de abril del corriente año, el Lic. Prat Gay sostiene que “… al campo le toca ser paciente con un gobierno que carece de la gimnasia del diálogo; durante cinco años no tuvo ni la necesidad ni la vocación de ejercitarlo…” y guarda el anhelo de que “…ojalá este conflicto le permita entender que si insiste en tomar decisiones en forma aislada y a espaldas de la realidad nos acerca a un pasado que creímos haber dejado atrás y al que no queremos volver…”.

Diario La Nación

Es difícil repasar los graves acontecimientos de las últimas semanas sin recordar el eslogan que le abrió el camino a la presidencia a la doctora Cristina Fernández de Kirchner: “Sabemos lo que hace falta, sabemos cómo hacerlo”. Aún tratándose de un eslogan de campaña, su vigencia fue demasiado efímera.

La confrontación con el campo demuestra que “lo que hace falta” resultó ser más de lo mismo y que, al repetirlo hasta su agotamiento, parece que ya no saben “cómo hacerlo”. Quizá si la candidata hubiera sido sincera durante la campaña, la Presidenta se habría evitado este trago amargo. Pero es tarde para averiguarlo.

Desde fin de octubre aumentó la presión impositiva sobre el campo en unos $ 9.000 millones, y en otros $ 6.000 millones la del resto de la economía. Este impuestazo, equivalente a casi 2% del PBI, es el más grande de la historia. Quizá por eso lo hayan ocultado hasta que estuvieran abiertas las urnas.

¿Por qué los últimos 9 puntos de retenciones fueron tanto más explosivos que los primeros 35? Por la misma razón por la cual un cántaro termina rompiéndose en su incesante trayecto hacia la fuente. Pero no solamente por eso. Las explicaciones oficiales, ausentes en medidas anteriores y rayanas con la humillación esta vez, contribuyeron al hastío.

La mayor provocación, sin embargo, consistió en desvirtuar el impuesto con la movilidad de las alícuotas. Al congelar los ingresos de los agricultores durante cuatro años, en un marco de tipo de cambio fijo e inflación del 25%, se les dio la certeza de que su rentabilidad era ya una especie en extinción. La protesta, sorprendente sólo en su extensión y espontaneidad, era inevitable. Las medidas anunciadas el lunes postergan pero no eliminan el impacto sobre los pequeños productores. Siempre y cuando el Gobierno consiga superar la ineficiencia que exhibió hasta ahora en la liquidación de subsidios y compensaciones sectoriales.

Los sofismas técnicos con los que el Gobierno intenta convencer a la opinión pública no deben ocultar la verdadera motivación del aumento impositivo. Hace tiempo que las retenciones dejaron de ser el mecanismo redistributivo de financiamiento de la política social para transformarse en el arma de construcción de poder y de dominación política del gobierno central, a expensas de las provincias y en contradicción con nuestros principios federales.

De cada 5 puntos de retenciones no coparticipables hay 1 punto que se desvía de las arcas provinciales por pérdida del impuesto a las ganancias, que sí es coparticipable. Las provincias dejan de recibir unos $ 8.000 millones de pesos en coparticipación como consecuencia de este unitarismo fiscal. Estos 8.000 millones, en lugar de invertirse en mejorar la infraestructura, la educación y los servicios del interior, se destinan a comprar las voluntades de gobernadores e intendentes, a subsidiar servicios no federales y a financiar proyectos tan disparatados como el del tren bala.

* * *
Los legisladores nacionales de provincias agrícolas pueden desligarse de su responsabilidad gracias a la injustificable vigencia de la ley de emergencia económica y del Código Aduanero de 1981. Hay que preguntarse qué excusa permite hacerse los distraídos a gobernadores e intendentes cuando los recursos de sus votantes son malgastados tan lejos de sus distritos. Habrá que concluir que ellos también están contaminados por el mismo virus que afecta al gobierno nacional: el cortoplacismo y el poco apego por el bien común, el bien de todos. Sin estabilidad de precios y de costos, las retenciones móviles no pueden ser digeridas. Pero el Gobierno insiste en negar la inflación. Quien niega la inflación ignora sus consecuencias: la pérdida de competitividad de los exportadores, la incertidumbre de quienes deben invertir para que la economía siga creciendo, la caída del poder adquisitivo de los asalariados, el saqueo de los ingresos de los que menos tienen. Los salarios reales ya no suben y la pobreza dejó de caer por una inflación que, salvo para cuatro o cinco funcionarios, supera el 25% anual, como lo muestran las estadísticas provinciales independientes. Igual que la gente del campo, el resto de los argentinos es menospreciado por el discurso oficial sobre la inflación y por la manipulación de las estadísticas. Los precios que pagamos son una experiencia, no una ficción. La inflación y el hastío del agro demuestran que el esquema de política económica clama por una etapa superadora. El Gobierno no lo advierte e insiste en contestar desde la negación, la soberbia, las etiquetas anacrónicas y hasta con la fuerza de choque de amigos ocasionales. Cuesta entender que en un escenario mundial que ofrece una oportunidad inmejorable no podamos levantar la vista más allá de la coyuntura y confiar en el diálogo y en la institucionalidad. Al campo le toca ser paciente con un gobierno que carece de la gimnasia del diálogo; durante 5 años no tuvo ni la necesidad ni la vocación de ejercitarlo. El Congreso nacional debe asumir su responsabilidad de trabajo democrático con los sectores que miran más allá del corto plazo. El Gobierno ya reconstruyó con creces la autoridad presidencial, tan vapuleada por el “que se vayan todos” de la profundidad de la crisis. Ojalá este conflicto le permita entender que si insiste en tomar decisiones en forma aislada y a espaldas de la realidad nos acerca a un pasado que creímos haber dejado atrás y al que no queremos volver.

2 comentarios sobre “CUANDO NO SE SABE QUÉ HACER”

  1. cristina cervetto dijo:

    Ayer tuve el placer de escuchar al Dr. Prat Gay en un reportaje que le hizo por TV el excelente periodista Morales Solà. Asi que el mensaje que hoy recibo de Ustedes no hace màs que confirmar mi respeto por el citado economista.
    Estimada Marìa Eugenia, esta sra. ni en sus mensajes de campaña, ni ahora sabe lo que le hace falta al pueblo y mucho menos sabe como lograrlo. Es imperioso que nos unamos todas las personas de bien, que trabajamos toda la vida, educamos a nuestros hijos para que fueran hombres y mujeres honradas y en mi caso me enorgullezco que compartan mis ìdeas, aunque con la diferencia que ellos no tienen fè que se consiga nada, que se consiga que esto cambie. Soy a pesar de mis años (59) muy idealista, vivo soñando con salir sola a la calle caminando con mi cencerro como ùnico sonido y estoy segura que se me sumarian cientos de personas que no quieren vivir màs asi, con inseguridad, con el temor de pensar ¿y cuando yo o mi marido ya no estemos, quien va a ayudar a estos chicos a llegar a fin de mes y darle la educaciòn que ellos tuvieron y que por supuesto mis nietitos se merecen, porque no puedan pagar el colegio?.
    Por favor, digamos BASTA, tenemos un maravilloso paìs, un campo que es o deberia ser nuestro orgullo, porque cuando recibo amigos europeos no hacen màs de alabarlo y preguntarnos ¿como en este paìs hay hambre?, por supuesto en las provincia que recorrren, porque en ese inmundo basural que es la villa de Retiro no pasan hambre, claro ni tienen verguenza.
    Estimada Señora, le ruego disculpe, no puedo reprimir la pasiòn que me produce referirme a estos temas,
    Soy jubilada bancaria, no por opciòn sino por decisiòn de otros, trabaja en el Banco de la Provincia de Buenos Aires, con un legajo impecable, pero claro, necesitaban “los lugarcitos” y mi posiciòn era bastante importante, tanto por la tarea que desarrollaba como por el sueldo, asi que de la noche a la mañana a cinco personas en la misma condiciòn nos declararon “Jubilables”, con tanta mala suerte en mi caso que me faltaba un año, para poder hacerlo, no les importo, en nuestros lugares pusieron 10 advenedizos con el doble de sueldo. Con esto tambièn hay que terminar, el amiguizmo, la dàdiva grosera, los subsidios por ho hacer nada….tantas, tantas cosas.
    En mi cìrculo de amigos y familiares votamos a la Dra Carriò, pero obvio,,,,vivimos en la Argentina y es demasido decente, demasiado “gente” para gobernar este pueblo.
    Que Dios nos ayude. Gracias por permitirme “tomar” parte de su tiempo.
    La saludo con el respeto y la admiraciòn de siempre.

  2. rosario comisso dijo:

    coincido totalmente con el mensaje y con el artículo, gracias`por enviarlo.
    soy de la provincia del chaco, cuna de la Dra Carrió, y no pierdo la esperanza de que alguna vez le demos la oprtunidad.
    este pais, esta creciendo culturalmente, ya no smos pocos. ahora lo importante es la participación como ciudadanos.

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