“Los senadores de la Coalición Cívica, María Eugenia Estenssoro y Samuel Cabanchik, se perfilan como las voces más claras de la oposición en el Senado. Así lo destacó el diario Clarín, tras la primera sesión del año”.

Por editora / 19 de Febrero de 2008

Crónica de un día de amable convivencia entre el PJ y la UCR (18/02/08)
Por: Alfredo Gutiérrez
El jefe de los senadores oficialistas Miguel Pichetto hizo un breve silencio y comenzó a sonreír antes de empezar a hablar. “no tengo más que coincidir con las palabras del señor senador preopinante…”, dijo, ya tentado del todo, y provocó risas en el recinto. El “senador preopinante” era Ernesto Sanz, el jefe de la bancada de la UCR -la más numerosa de la diezmada oposición en la Cámara Alta- que había anunciado su apoyo a una propuesta del kirchnerismo.

El episodio sucedió el miércoles pasado, en la primera sesión del año en el Senado. Fue cuando se aprobó un convenio entre la Nación y la Ciudad de Buenos Aires para transferirle, con los recursos necesarios, parte de las facultades penales a la justicia local. Hubo solo 5 votos en contra (todos de senadores llegados en las listas del Frente para la Victoria). Y sirve para graficar lo que sucedió durante toda la sesión: se aprobaron cuatro leyes con amplia mayoría y el aval de la UCR.

En los demás temas se opusieron casi en solitario los representantes de la Coalición Cívica. Entre peronistas y radicales hubo acuerdo, tácito o explícito, incluso en las cuestiones que podrían haber servido de postura “testimonial” opositora.

Por caso, el proyecto del Gobierno que prorroga los beneficios impositivos para quienes inviertan en bienes de capital y obras de infraestructura. Ganan en particular los fideicomisos para grandes obras, como los gasoductos del Norte y del Sur, cuestionados por haber pagados sobreprecios a través de la firma Skanska. Para la UCR, “esas objeciones no pueden desnaturalizar la herramienta, que es muy útil para el Estado”. Horas antes, los radicales habían conseguido una pequeña victoria: que la autoridad de aplicación sea el ministerio de Economía y no el de Planificación que dirige Julio de Vido. En cambio María Eugenia Estenssoro, de la Coalición Cívica, fue más dura. Recordó Skanska, los sobreprecios, y dijo que es un proyecto Hood Robin porque beneficia a los poderosos por sobre los pequeños. Hay un cupo de 1.000 millones anuales en beneficios para los grandes inversores, y solo de 200 millones para las pymes.

La amabilidad entre PJ y UCR se dio incluso en el tema más álgido de la semana en el Congreso: la visita protocolar del presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo. El africano, que llegó al poder tras un golpe de Estado, arrastra una durísima historia de aniquilación de opositores (dicen que algunos de los que intentaron derrocarlo llegaron al juicio sin sus orejas). Pero el Gobierno argentino lo recibió con honores y sobre la alfombra roja en el Congreso.

Otro senador de la Coalición Cívica, Samuel Cabanchik, pidió votar un “repudio al dictador” que estaba por llegar. Pichetto le dijo que no podía ser, porque en extraordinarias solo se tratan temas que envió el Ejecutivo. La verdad a medias: eso corre solo para leyes, pero no para proyectos de comunicación, declaración, o cualquier otro propio del poder legislativo. La UCR pidió “un cuarto intermedio en algún momento para analizar el tema”, que no reclamó después. Eso sí: no acompañaron al PJ en la recepción.

El tema era una contradicción oficialista que quedó inexplotada. En 2005, por ejemplo, el oficialismo impidió el ingreso a Diputados del ex subcomisario Luis Patti, acusado de crímenes de lesa humanidad.
El poder suele medirse por su peso específico. Pero también por su peso relativo, o sea cuánta fuerza le puede ejercer la oposición para frenarlo. La amable convivencia entre los extremos es “madurez política” para unos. “Debilidad” para otros. O “complicidad” para los más desconfiados.

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