Sin atenuantes
Por Norma Morandini Diputada Nacional y miembro de
Diario
Viernes 25 de Enero de 2008
La crueldad de la que es capaz el hombre cuando se transforma en lobo está a la vuelta de nuestra esquina histórica. Por eso, los argentinos somos en la región uno de los pueblos más entrenados en oír los relatos de terror de aquellos que sobrevivieron para contarlo. Sólo por eso, debiéramos también ser los que más eleven la voz contra la violencia, ya sea la que desde el Estado, en nombre de la seguridad, cancela los derechos, o la que se expresa en estos días en los relatos de las rehenes colombianas que, como tantos otros sobrevivientes a lo largo de la conturbada historia del siglo XX, al recuperar la libertad recuperaron también la voz para hablar del calvario. No tanto del propio, sino de los compañeros de sufrimiento que dejaron atados a los árboles.
Esa solidaridad de “los tiempos de oscuridad”, que la luz disipa cuando llegan los malabarismos de la razón, siempre dispuesta a justificar lo injustificable, lo que mal se puede entender, pero es necesario conocer, como escribió Primo Levi, paradójicamente, el más lucido sobreviviente de Auschwitz, quien hizo de su testimonio su sentencia: “Sólo el hombre puede sobrevivir al hombre”.
Si lo público consiste en que las cuestiones de los hombres aparezcan -se iluminen- en la sociedad de masas, es en la televisión donde se simula esa aparición pública. Es en la pantalla de los noticieros nuestros de cada día donde se muestra lo que hombres y mujeres somos capaces de hacer, para bien o para mal. En cambio, en la oscuridad del secuestro, el aislamiento ocupa todos los lugares. La ausencia de mensajes fortalece el poder oculto, propaga el terror que maniata e inmoviliza a la sociedad. El ausente se hace invisible, se niega a sí mismo, pero también aísla y niega a los que están del otro lado.
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