Archivo de Mayo de 2007

¡Viva la patria! mayo de 2007: una nueva coalición cívica

Por Fernanda Gil Lozano / 30 de Mayo de 2007

El 25 de mayo de 1810, se formó una coalición cívica, quizá no explícita, pero que mantuvo la voluntad revolucionaria hasta el final del proceso que tendría lugar recién 14 años después.

fernandagil.jpgEste 25 de mayo de 2007 me encuentra cumpliendo 49 años y formando parte de la Coalición Cívica, motivo por el cual como historiadora quiero comparar estas dos fechas.

En Buenos Aires la revolución independentista tuvo un carácter fuertemente político y una característica, no menos importante: la mayor parte de la población tenía mucho más que ganar que perder.
La Revolución de Mayo se formó entonces como una amplia coalición de sectores sociales y políticos que confluyeron en 1810 y aunque vivió, como todos los procesos políticos, importantes enfrentamientos internos, ningún sector pensó en buscar la alianza con la metrópolis salvo los comerciantes españoles a quienes les extrajeron los bienes para pagar la guerra y que perdieron sus derechos sin obtener ninguno a cambio.

Del otro lado, confluirían profesionales liberales que fueron quienes aparecen protagonizando los sucesos revolucionarios como Moreno o Rivadavia. Funcionarios con carreras frustradas como podía ser el caso de Manuel Belgrano que era un economista empleado por la corporación de comerciantes, denominada Consulado. Los comerciantes criollos que van a intentar aprovechar el librecomercio y pasar a ocupar el lugar privilegiado que anteriormente ocuparon los españoles. Los terratenientes que en 1810 eran un sector de segundo orden pero que en diez años se transformarían en el sector principal de la élite criolla con su figura paradigmática: Juan Manuel de Rosas. Y todo un amplio sector popular que iba desde pequeños comerciantes minoristas, artesanos, pequeños agricultores de las afueras de la ciudad, peones rurales temporarios (“gauchos”), un pequeño grupo de esclavos urbanos (que se dedicaban a actividades artesanales y comerciales en beneficio de sus amos). Todos ellos tenían algo que ganar, incluso los esclavos que quedaban liberados si entraban en el ejército. En realidad, si eran esclavos de criollos, el estado le pagaba al amo una cierta suma de dinero, pero quedaban libres de hecho.

En nuestra zona no había comunidades originarias integradas al sistema colonial. Sí formaban parte de la sociedad ya que pensemos que a poca distancia de la ciudad estaba la frontera, pero permanecían en forma independiente.

Así antes del 25 de mayo ya existían un partido independentista y sectores más moderados. Indudablemente Moreno, Belgrano, los hermanos Rodríguez Peña, integraban el primer grupo. En tanto que Saavedra, Rivadavia, Pueyrredón integraban el sector más moderado.
Ahora bien esta coalición que reunió a todos estos sectores para organizar el primer autogobierno en Buenos Aires no fue una coalición fácil. En particular porque subsistían enfrentamientos personales y de intereses. Estos enfrentamientos van a aflorar rápidamente pero no hay que pensar que se trataba de un enfrentamiento claro entre “morenistas” y “saavedristas”.
También hay que pensar que durante el primer triunvirato bajo la llamada “máscara de Fernando VII” se produjo una gran conspiración españolista dirigida por Alzaga que terminó con una gran cantidad de horcas. Esto demuestra que la energía revolucionaria no era un patrimonio de Moreno que ya había muerto, a los saavedristas tampoco les temblaba la mano.

También comenzarían a surgir diferentes intereses económicos. Indudablemente Buenos Aires heredó la aduana colonial y por eso mismo comenzó a “vivir del interior”. En efecto, todos los productos que ingresaban en función del libre comercio pagaban derechos en Buenos Aires y en muchos casos eran revendidos por los comerciantes porteños al interior al cual trasladaban este impuesto. Esto llevará a un conflicto que durará más de la mitad del siglo XIX, enfrentando a Buenos Aires con el interior.

En los diez años que duró la revolución y la subsiguiente guerra los conflictos internos del sector patriota no fueron menores, ni menores sus acciones. De hecho, cuando la logia Lautaro derriba al primer Triunvirato, Pueyrredón y Rivadavia son encarcelados en San Luis. Así también cuando Pueyrredón asume el Directorio en 1816 muchos ex morenistas, incluido Manuel Moreno, deberán exiliarse, pero también es cierto que si Buenos Aires se mantuvo fuera del dominio realista y se fue transformando en la ciudad símbolo de la revolución fue a consecuencia de que siempre existió la convicción de que no se negociaba la independencia.

Como conclusión podemos decir:

- en el caso del proceso revolucionario, la convicción de que no había vuelta a atrás, de que nadie, más allá de las diferencias, quería volver al
pasado colonial.

LOGOCC.jpg- en nuestra actualidad: la Coalición Cívica está comenzando a nacer, estamos haciendo nuestros primeros ejercicios de aceptación mutua ya que confluimos personas con historias, experiencias, incluso ideas distintas, pero nos unimos con la convicción de que es necesario establecer un nuevo pacto político que toma como eje central la ética ciudadana. Y en este sentido mantener una posición irreductible frente a la corrupción, el avasallamiento de las instituciones y apuntando siempre a la redistribución del ingreso.

Si en mayo de 1810 nos fue bien y fuimos ejemplo y motor de otros movimientos revolucionarios ¿Por qué no osamos participar en un nuevo desafío en momentos como el de ahora que nuestra soberanía y libertad peligran?

Fernanda Gil Lozano asesora a la diputada Estenssoro en la Comisión de la Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud. Es miembro de la mesa intercultural de la Coalición Cívica.

Miguel Espeche. La solidaridad sustentable.

Por Maria Eugenia Estenssoro / 23 de Mayo de 2007

espeche.jpgMiguel Espeche, es psicólogo y coordinador general del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano que cuenta con más de 350 talleres de “ayuda mutua” y a los cuales asisten unas 4.000 personas por semana. Algunas de las temáticas tratadas son: el sentido de mi vida, reformulando mi vida a los 40, el juego de la vida, los amores imposibles, adicciones, bioenergía, y la muerte en la familia. “Esta iniciativa surge de una concepción de salud que abreva en la idea de que la solidaridad es un elemento esencial de nuestra bienestar anímico y que el compartir implica una apertura imprescindible para la potenciación de la salud mental”, explica Miguel.

Comparto con ustedes su nota La solidaridad sustentable publicada por el diario La Nación en el que Miguel desmenuza el concepto de solidaridad con reflexiones como: “Hay que hacer el bien mirando a quién. Ser solidario es a veces dar pan y otras no darlo, para que el otro aprenda cómo amasarlo por sí mismo. Ser solidario es, también, a veces aprender a recibir el pan, o a amasarlo uno mismo. Discernir entre estas alternativas sólo es posible con ojos y corazón abiertos”.

La solidaridad sustentable

Por Miguel Enrique Espeche
Para LA NACION

Ya hace tiempo que se está hablando de la cantidad de voluntarios que se acercan a diferentes instancias organizadas en función del bien común. Miles de personas se convocan en torno de fundaciones, comedores comunitarios, grupos de ayuda mutua, hospitales, organizaciones no gubernamentales y organizaciones barriales, demostrando que algo ocurre, muy interesante por cierto, en el corazón de una sociedad amenazada por el virus del escepticismo y la angustia. La enorme ayuda recibida por la inundación en Santa Fe es sólo un corolario de tal fenómeno, que llega a sorprender a quienes creían que todo estaba perdido en el terreno de la ética social.

Es claro que, si bien existe, como reflejo banal del auténtico amor comunitario, lo que podría llamarse una “moda solidaria”, esta tendencia no podría sostenerse sin una genuina base dentro del cuerpo de la sociedad. De hecho, la llamada cultura solidaria ha existido aun en los peores momentos, cuando por diversas causas se permitía la caída de redes de contención social existentes desde hacía mucho tiempo. Aun vencida, la solidaridad no se dio por vencida y vivió oculta en millones de gestos de vereda barrial, de rancho, de iglesia, de hospital, de familia, etcétera. No reconocer esto sería desmerecer esa llamita que sobrevivió a un largo invierno, sin prensa y sin boom de por medio.

De cualquier manera, el espíritu solidario corre riesgos de malentendidos. Existe una suerte de “solidaridad materialista”, que empieza y termina en el hecho de ver al “necesitado” como una especie diferente, tan sólo definido por ser carente de proteínas o de abrigo, y nada más.

Se entenderá que lo anterior no es dicho en contra de la solidaridad plasmada en, por ejemplo, el envío de alimentos a quienes sufren hambre. Dios nos libre de tal desatino. Queremos decir aquí que la solidaridad de urgencia es eso: urgente, pero para que se transforme en un acto integral deberá trascender esa dimensión para transformarse en algo que podrá ser material, pero no materialista. De esa manera, encontrando la humanidad del otro, las oportunidades de generar condiciones humanas más dignas se acrecientan.

Otro malentendido posible con relación a la solidaridad es el vicio casi ancestral de asemejarla a lo heroico. Esa tendencia, muy narcisística por cierto, y lamentablemente muy difundida, hace estragos a la hora de constituir una solidaridad organizada y sostenida de manera genuina. De hecho, la época más que héroes requiere sabios, y esto significa que quien vive solidariamente y se ocupa específicamente del asunto en alguna organización debe, sobre todo, gozar con lo que hace, con el espíritu de compartir. Si no, mejor que se dedique a otra cosa. Ese, sin duda, sería un gesto de sabiduría y generosidad.

El sacrificio, a veces angustioso, de los “héroes solidarios” hace que lo solidario parezca una patriada individual y, por lo general, genera cierto tipo de problemas en las organizaciones solidarias o, yendo más en profundo, afecta negativamente la noción de la solidaridad como cultura, como red, y no como acción espectacular aunque aislada. Las acciones de ayuda recíproca, a la hora de ser sustentables, requieren más de la red que del mero individuo, más del sano reparto de funciones que de la epopeya heroica e individual que a mediano plazo se nota altamente ineficaz.

En función de este malentendido en que suele caer la acción de muchos voluntarios, las organizaciones terminan derivando recursos en forma estéril hacia ellos, ya que los individuos que se acercan con voluntad sólo de ayudar a los otros sin pensar en sí mismos como partícipes del beneficio terminan muchas veces con niveles de estrés y frustración peligrosos. Dicha actitud puede propiciar una cultura del sufriente sacrificio “hasta la muerte” por parte del abnegado de turno, cuando no, por el contrario, propicia que muchos terminen creyendo que las organizaciones o, peor aún, los “pobres” tienen una deuda con ellos, por tanto como les han dado a los demás.

Este tipo de situaciones se ve en las organizaciones solidarias mucho más a menudo de lo que se supone. Es algo que genera desgaste institucional, y angustia y malestar, que hacen que se dilapiden demasiados recursos, fundamentalmente anímicos, para “digerir” situaciones muchas veces enojosas y siempre frustrantes.

Fiesta de abundancia

Por eso es imprescindible que el foco de la acción solidaria tenga como uno de sus ejes a quienes realizan las acciones específicas dentro de las organizaciones. Es que, al tener agentes solidarios plenos y sostenidos anímicamente, se garantiza que las acciones que ellos llevan a cabo sean eficaces y genuinamente generosas. El fenómeno del burnout de los voluntarios es común y, paradójicamente, muestra cuán poco solidarios son a veces los agentes de la solidaridad consigo mismos y con sus colegas.

Los grupos de intercambio y sostenes de los propios voluntarios son cada vez más valorados por las razones antedichas, ya que si bien es un recurso numeroso no es el de los voluntarios un recurso inagotable. Por otra parte, no se trata de”mandar al sacrificio” a la gente sino de generar una sustentabilidad de la acción, a partir del hecho de que sus mismos agentes son también beneficiarios. Es que la solidaridad organizada beneficia a todos los comprometidos con ella. De lo contrario, no es verdadera solidaridad.

La economía solidaria (economía en sentido amplio de la palabra) es una economía de abundancia y no de escasez. En ella no hay deudas, ya que todos ganan. El que ofrece recibe y el que recibe ofrece. Entender eso permite salir de algunos perversos juegos de poder (el clientelismo político, por ejemplo) que se basan en la idea de que hay alguien inferior (el pobre) y alguien superior (el que “más tiene”).

En los hechos, la noción de gozo del agente solidario con relación a su tarea es imprescindible para cualquier organización que tenga en sus planes la sustentabilidad genuina de su acción. Esta sustentabilidad, que va más allá de la acción de emergencia y más allá de los fondos con los que pueda contar la institución del caso, se basa en el alma de sus integrantes y no en otra cosa. Ese gozo no es el mero placer, sino que es una noción de sentido y una gratitud por la experiencia que, sin duda, agranda el alma y la mente, permitiendo la humanización de los vínculos y de las personas que los viven en forma compartida.

En esa clave, y aunque parezca contradictorio, el gozo en la tarea solidaria es compatible con el dolor de ver el sufrimiento ajeno y sentirlo como propio. El gozo del que vive la solidaridad, dentro del significado que aquí queremos darle, implica la vital sensación de plenitud que surge de encontrarle un sentido al dolor, no a su ausencia, y, dentro de ese sentido, encontrar las fuerzas para crecer y dar o recibir una mano.

Hay que hacer el bien mirando a quién. Ser solidario es a veces dar pan y otras no darlo, para que el otro aprenda cómo amasarlo por sí mismo. Ser solidario es, también, a veces aprender a recibir el pan, o a amasarlo uno mismo. Discernir entre estas alternativas sólo es posible con ojos y corazón abiertos.

Podrá pasar la moda, pero la solidaridad va a seguir, humilde, tal como siempre lo hizo, aun en los peores inviernos. Veremos si nos hacemos eco de ella como sociedad o dejamos pasar la oportunidad de vivir la fiesta que propone. Una fiesta de abundancia no material necesariamente, pero sí de ánimo y de coraje, a veces con lágrimas y rabia, pero que convoca lo mejor de nosotros, eso que no se ve, pero está allí, esperando que nos demos cuenta.

El autor es psicólogo, coordinador general del Programa de Salud Mental Barrial, del hospital Pirovano.

Alfonso Prat-Gay. Comenzando a ANDAR.

Por Maria Eugenia Estenssoro / 7 de Mayo de 2007

prat-gay.gifAlfonso Prat-Gay es economista, fue presidente del Banco Central de la República Argentina entre 2002 y 2004, previamente se desempeñó en la banca privada en los años ‘90. Hoy preside la Fundación Andares dedicada a fomentar el sector del microcrédito en la Argentina. Alfonso, es una de las personas que me inspiran al igual que Pedro Lacoste, también miembro de Andares, ya que en este momento ponen todas sus energías para que en la Argentina se multiplique la opción del microcrédito, una eficaz manera de hacer frente a la pobreza dando herramientas de emancipación a los microemprendedores.

Personalmente creo, como dice Alfonso en la carta que pueden leer a continuación*, que en la Argentina: “es posible revertir nuestra decadencia. Es posible construir una sociedad sin excluídos, en la que todos tengan oportunidades que les permitan realizarse dignamente”.

Comenzando a ANDAR

Alguna vez nos jactamos de tener un país en el que todos podían aspirar a tener una vida digna. Se hablaba también de Argentina como “tierra de oportunidades”. La debacle de las últimas décadas aplastó esas sensaciones, que hoy se perciben como meras utopías. Es que la realidad se ha vuelto escalofriante: la pobreza que históricamente oscilaba en torno al 6%, ya se instaló cómodamente en el 30%, mientras que la desigualdad en la distribución del ingreso medida como la relación entre el 10% que mas gana versus el 10% mas pobre, se duplicó.

Es posible revertir esa decadencia. Es posible construir una sociedad sin excluídos, en la que todos tengan oportunidades que les permitan realizarse dignamente. ANDARES intenta aportar a esa visión, a través del apoyo al sector de las microfinanzas. Es que los pobres no necesitan lástima, ni dádivas ni discursos grandilocuentes, sino oportunidades para cambiar definitivamente su destino. Necesitan, sobretodo, confianza: que alguien crea en ellos, en su capacidad, en su dignidad. Un préstamo sin contrapartida de garantía real, de bajo monto, a un microemprendedor pobre que no se resigna a la exclusión, es el acto de fe que puede torcer su historia.

Para que ese acto de fe llegue a cambiar muchísimas historias individuales en Argentina, es necesario desatar los numerosos nudos que impiden el despegue definitivo del sector. El campo está fértil para trabajar en forma directa con las autoridades, las instituciones de microfinanzas, los organismos internacionales y los propios microemprendedores, para eliminar cuellos de botella regulatorios, operativos y de financiamiento. Cada una de estos ejes será parte del esfuerzo cotidiano de quienes constituimos ANDARES.

Juntar los sueños con la acción lleva a un proceso creativo en el que los protagonistas se convierten en militantes de una sociedad más justa donde el que aporta su esfuerzo también se vuelve más pleno. Y este es el germen para que los resultados puedan sorprender por su dinamismo. Enhorabuena, porque la meta de llegar a 500 mil recipientes de microcréditos en 5 años – hoy son apenas 40 mil – debe ser vista más como una obligación que como una utopía, para una sociedad cuyos niveles de pobreza son absolutamente incompatibles con sus valores y con su destino.

Alfonso Prat-Gay

* publicada en: http://www.fundacionandares.org/index.php?cid=34

más datos de Alfonso Prat-Gay y Pedro Lacoste en: Fundación Andares