Archivo de October de 2006

Audio de la clase “El movimiento de liberación, verdad, justicia y reconciliación en la Sudáfrica de Mandela”

Por Maria Eugenia Estenssoro / 30 de October de 2006

El lunes pasado dimos, en el Instituto Hannah Arendt, la clase “El movimiento de liberación, verdad, justicia y reconciliación en la Sudáfrica de Mandela” junto con las diputadas Elisa Carrió y Elsa Quiróz (ARI). Asistió mucha gente y en el cierre tuvimos un diálogo muy interesante con el público. Se trató de un paso más, en este camino que queremos desandar en busca de la verdad, la justicia, la paz y la reconciliación en nuestra Argentina.

A continuación pueden escuchar los audios de las charlas en formato mp3.

AUDIO MARIA EUGENIA ESTENSSORO PARTE I

AUDIO MARIA EUGENIA ESTENSSORO PARTE II

AUDIO ELSA QUIROZ PARTE I

AUDIO ELSA QUIROZ PARTE II

AUDIO ELISA CARRIO PARTE I


AUDIO ELISA CARRIO PARTE II

AUDIO ELISA CARRIO PARTE III

Reconciliación en Sudáfrica como parte de la totalidad o plenitud (wholeness or completeness), por Antjie Krog

Por Maria Eugenia Estenssoro / 24 de October de 2006

Antjie Krog es escritora y poeta sudafricana, autora del libro que dio origen al guión de la película “Country of my skull” de John Boorman (con Samuel Jackson y Juliette Binoche).

En mayo de 2005 pronunció en Alemania la conferencia: “Reconciliación en Sudáfrica como parte de la totalidad o plenitud (wholeness or completeness)” que pueden leer a continuación, y en la que explica el proceso sudafricano como consecuencia del valor que allí se le da a la comunidad y al “ubuntu“, la dignidad e integridad humanas que se resumen en el hecho de que “soy persona a través de otras personas”.

Así, la mirada holística resulta clave para el entendimiento del concepto africano de la salvación. Como explica Krog “para los africanos la palabra salvación es sinónimo de reconciliación”. Para profundizar un poco más esto, les recomiendo especialmente la parte en que se explica “¿Por qué quiere hablar con las víctimas un perpetrador que mató a una persona o destruyó un pueblo con bombas, o torturó un niño?” que fue la que ayer, en la charla que dimos en el Instituto Arendt, leyó la diputada Elsa “Tata” Quiróz, quien expresó: “hay que perdonar para construir la paz. No se puede evidentemente construir la paz estando interrumpida la relación con los otros por un sentimiento de rencor y odio” .

Reconciliación en Sudáfrica como parte de la totalidad o plenitud (wholeness or completeness)

Por Antjie Krog

Existen distintas aproximaciones a lo que ha ocurrido en los años del Apartheid en Sudáfrica desde la política, la psicología, la moralidad, la espiritualidad, el pragmatismo y de cada mirada da lugar a nuevas propuestas.

No importa desde dónde miramos, en todos los casos surge la pregunta acerca de cómo tratar los hechos de incomprensible horror e injusticia, como por ejemplo los acaecidos en el Holocausto y otros.

Recorriendo toda la discusión en la Comisión de Verdad y Reconciliación (Truth and Reconcilation Comission, TRC) podemos decir que uno no puede perdonar la muerte en nombre del muerto. No se puede perdonar lo imperdonable. ¿Cómo podríamos perdonarlo? No está en nuestro poder ni en nuestras manos ni en nuestra capacidad.

Según Jaques Derrida, perdonar no debería ser algo común ni normativo, tendría que permanecer excepcional y extraordinario, enfrentando lo imposible. Porque está interrumpiendo la corriente histórica de la temporalidad. No estamos acostumbrados a perdonar. Y cuando se logra un perdón es un milagro y hay que tratarlo de esta manera.

Para comprender el proceso transitado por la Comisión de Verdad y Reconciliación en África, quiero explorar su trasfondo.

Se preguntaron asombrados ¿por qué los 14 millones africanos negros no lucharon contra esta opresión durante tantos años?

Se encontraron con muchos rumores como respuestas: porque el arzobispo Tutu y Mandela obligaron a la gente a aceptarlo, o porque la gente prefirió someterse o bien porque no tuvo la fuerza necesaria para rebelarse, etc.

Para intentar contestar esta pregunta hay que mirar:
En primer lugar, los valores de la religión tradicional africana y valores cristianos como la salvación, el pecado y el mal.
En segundo lugar, cómo influenciaron esas raíces a los líderes intelectuales del África negra.
Por último, de qué manera esas raíces generaron un cambio radical en el pensamiento científico, especialmente para la Comisión de la Verdad.

Arriesgando una simplificación, hago una distinción entre la cultura euro-céntrica que cuenta con 25 siglos de cultura griega, manifestados en la filosofía, con la cultura romana que trajo la jurisprudencia y luego el cristianismo que originó múltiples religiones. Esa cultura da prioridad al individualismo y se considera universal, es decir, que los europeos consideran que estos valores tendrían que estar aplicados a todo el mundo. Viniendo de otro continente me parece muy extraña esta postura, pero es que la gente en Europa cree realmente, que ellos tienen los valores verdaderos y no pueden entender que haya otros.

La tensión entre lo particular y lo universal tiene que ser resuelta desde lo particular en la tradición europea y esto les parece obvio.

La visión afro-céntrica reflexiona sobre la cultura a través de formas simbólicas y tiene valores como el reconocimiento y el respeto (físico y espiritual), los cuentos de transmisión oral y escrita, la artesanía, la pluralidad de religiones e idiomas. Esta cultura pone el énfasis en la comunidad y valora a la persona en su contexto social.

La persona es una persona a través de otras personas. La palabra que usan para esta comprensión “ubunthu” no es entendida por los blancos. Pero contiene todos los valores y forma el concepto que tienen sobre el mundo. La gente negra lo tiene intrínsecamente incorporado, pero la gente blanca tiene que hacer un esfuerzo enorme para poder entenderlo.

Ahora miremos los valores como el pecado, el mal y la salvación en la cultura africana.
Según un teólogo importante africano, la espiritualidad de la cultura está basada en el concepto de la completitud e integridad de la vida. Sus diferentes áreas como la religión, la espiritualidad, la materialidad y las demás no se pueden comprender aisladas. Todas están interrelacionadas. Esta mirada holística es muy importante para el entendimiento del concepto africano de la salvación.

La salvación en la cultura africana tradicional nunca puede estar puesta en una persona o en una parte. La salvación está puesta en el todo, en el cosmos. No está puesto en el individuo. Hay una interacción entre el todo y todos. Como el cielo, los animales y el aire entran en interacción con el ser humano y viceversa. Es decir, que la naturaleza de la salvación africana es mucho más amplia que en otras religiones occidentales y existe desde mucho antes que llegara mediante la doctrina cristiana al África. Para los africanos la palabra salvación es sinónimo de reconciliación.

Buthulezi dice que la salvación está dirigida hacia la restauración de la plenitud. Las palabras “pecado” y “mal” no tienen significado en la cultura africana.

Malo es solamente lo que pone en peligro la totalidad. El pecado se entiende solamente con respecto a las consecuencias. Si las consecuencias de un acto causan un mal para el cosmos, se puede considerar malo. Si no, no se habla del mal o del pecado. Lo peor es vivir en completo desacuerdo con los otros, esto es realmente malo.

Entonces, la salvación no es una cuestión del perdón, sino de la reparación de las partes destruidas de la relación o de la sociedad, para volver a la plenitud, y esto en la vida y no después de ella. Y para hacer la vida plena cada uno tiene que aportar su potencial. Salvación significa entonces que todos tenemos la obligación de curar nuestras heridas.

El concepto de la salvación viene de la religión cristiana: tienes que perdonar porque Dios ha perdonado, pero en la cultura africana no existe esa forma de salvación.

Según Tutu, sólo uno puede vivir humanamente en una sociedad humana. Si uno vive con odio en su corazón se deshumaniza a sí mismo, al otro y también a la sociedad. No se puede pensar al ser humano independientemente. Vivir significa estar involucrado.

Vivir, ser, significa participar. Ningún acto es equivocado por sí. Robar o matar no es intrínsecamente incorrecto, sino porque Dios así lo dice. Solamente es incorrecto, cuando destruye la plenitud del ser y de la comunidad. El interés en la salvación proviene únicamente del deseo de reparar la totalidad.

Entonces, los testimonios presentados ante la Comisión de la Verdad y la Reconciliación tuvieron dos metas:
describir como la completitud fue destruida y por otro lado, cuestionar la humanidad de los perpetradores.

Y había una mujer que lloraba y dijo: “ni siquiera matarías un perro de esta manera, ni siquiera un pato, un patito porque uno tiene también sentimientos para un perro o un pato. Pero ni siquiera los trataron a nuestros hijos como patos. Con otras palabras: que no hubo nada en mis hijos que les hiciera recordar la propia humanidad, y esto muestra que han perdido su humanidad. Y porque tu has perdido tu humanidad, yo he perdido la mía.”

Diferencias en las culturas con respecto al trabajo:
la cultura europea que sigue la meta: hacer lo menos posible por la mayor cantidad de dinero posible. Ésta se opone a la cultura africana que dice: hacer algo significa hacer algo que es bueno para todos. El beneficio debe ser para todos. Uno no trabaja por su propio beneficio.

También hay dos palabras para “alma”,
Moya: es algo como el alma que une a tu cuerpo y cuando te vas, se retira el alma.
Pero también tienes un alma sombra: Seriti, la que tiene que estar fortalecida durante la vida, con rituales y reparaciones que uno hace para la sociedad.

Cuando llegaron los misioneros en el siglo XVIII, dividieron la sociedad en fieles y herejes. Entonces un negro creyente no permitió la entrada a otro negro hereje en su casa. Y de esta manera el “ubunthu” fue interrumpido. Cien años más tarde llegaron los extranjeros. Y ahora surge la pregunta: qué podemos hacer con los extranjeros en la sociedad, para no lastimar al “ubunthu”. Y aquí el “ubunthu” significa hospitalidad.

Entonces, cuando uno es a través del otro y también necesitamos al extranjero para ser uno. Siempre hay alguien que está excluido y la tarea es recordar e incluir. La cultura africana incluye que cada uno tiene que ser abogado para alguien excluido, integrarlo y hacerlo miembro de la sociedad.

Nelson Mandela dio la mano a los blancos siguiendo el concepto de la integración. Porque todos los que estaban en Sudáfrica constituían la totalidad (plenitud, completitud) de Sudáfrica. Y tratándolos como seres humanos pudo asegurar la humanidad de toda Africa.

Pero África no se convirtió en el paraíso con esta filosofía, del mismo modo, que en las sociedades cristianas se sucedieron también terribles acontecimientos.

¿Cómo sería perdonar a los perpetradores?

Mucha gente común vino a dejar sus testimonios:

Un pastor dijo que había perdido su plenitud aquel día en que la policía entró en su casa y llevó a su hijo. “Actuaron de un modo terriblemente inhumano, ni siquiera una hiena lo haría tan cruelmente como ellos lo hicieron. Habían perdido su humanidad”.

Una madre dijo que:
“Si la reconciliación significa que el perpetrador que mató a mi hijo, vuelva a ser humano y que nosotros también podamos volver a ser humanos, entonces realmente estoy de acuerdo con la reconciliación y la soporto”.
“Soy un ser humano. Necesito perdonar para poder seguir con vida.”

Hay que ayudar a los perpetradores para que puedan volver a ser humanos.

Ese es un concepto totalmente contrario al concepto de la venganza en el pensamiento de la post Guerra Mundial. Quienes quieren la venganza, no saben que hay que devolverle al perpetrador su humanidad.

Este concepto quiere devolver al perpetrador su humanidad para poder ser humano también. Ellos saben que necesitan al perpetrador. Saben que cuando matan al perpetrador, destruyen la oportunidad de volver a ser humanos para siempre. Anulan la oportunidad para sí mismos y para el perpetrador. Y de esta manera la sociedad se congela en inhumanidad.

Una poeta africana dice que no puede ser lo que dice Derrida, que esta es una opinión que no ayuda a nadie. Al contrario, el perdón tendría que ser un hecho normal. Y una sociedad tendría que hacer un esfuerzo para encontrar posibilidades de reconciliación y ayudar a que se logren. Tendríamos que dedicarnos a esas preguntas filosóficas, porque somos en primer lugar seres humanos y no ideas. Entonces tenemos que encontrar un lenguaje para un diálogo de compromiso y tolerancia.

Se muestra que las víctimas quieren hablar con el perpetrador y también el perpetrador quiere hablar con las victimas. ¿Por qué quiere hablar con las víctimas un perpetrador que mató a una persona o destruyó un pueblo con bombas, o torturó un niño?

La autora da cinco razones que están penetradas por el sentido del “ubunthu” aunque no lo mencione explícitamente:

1. porque hay algo en el perpetrador que uno encuentra también en sí mismo. Es peligroso declarar al perpetrador como “un monstruo inhumano”. Si negamos su humanidad y lo consideramos solamente malo, nosotros también somos malos y nunca más salimos de este círculo de violencia.
2. La víctima necesita perdonar como parte del proceso de la humanidad, es decir, volver a re-humanizarse. Necesita completarse y deshacerse del miedo de la destrucción, que le llegó a través del perpetrador. No puede seguir viviendo con el odio en su corazón. Perdonar al perpetrador, aunque éste no quiera, significa quitarle este poder que tuvo sobre ti.

3. El perdón trasforma la imagen de la víctima como sujeto en la víctima como ser humano. De esta manera la víctima vuelve ser humana. Por eso las victimas quieren saber, cuáles fueron las últimas palabras del hijo, qué hizo, cómo miraba, etc. Forzando al perpetrador a que piense en términos humanos, y recordar que la víctima lloraba, que tuvo una madre, recordar su dolor y su desesperación, todo esto hace conectar al perpetrador con su propia humanidad. Cuanto más se reconoce el dolor El perpetrador puede reinstalar la memoria humana.

4. La víctima toma ahora el lugar de aquel que decide sobre buenos y malos. Readmisión. Diciendo que no puedo y no quiero devolver el daño que he recibido a través del perpetrador, puede poner a la víctima en el lugar de sentirse mejor que el perpetrador. Y este es exactamente el crimen de la víctima.

5. Poner al perpetrador en el lugar del monstruo es dejarlo salir fácilmente. Hay que confrontarlo con su propia inhumanidad y hacerlo reflexionar sobre su posición entre monstruo y ser humano y dejarlo negociar entre el castigo y la reconciliación.
Y esto lleva a la conclusión que una sociedad puede sanarse con estos compromisos.

Resumiendo quiero decir que la Comisión de la Verdad y Reconciliación no tiene sus raíces en el cristianismo, sino en el concepto de la plenitud (Completitud).
En nuestra Comisión tratábamos a las victimas de ambos bandos: los que lucharon contra la apartheid y los que lucharon para la apartheid y también a los perpetradores.
Además individualizamos la amnistía, no la generalizamos. Les dimos a los perpetradores la oportunidad de re-negociar su humanidad. ¿Qué han hecho mientras para volver a ser humanos?

Ahora necesito dirigir la mirada a los hechos en Europa y especialmente aquí en Alemania, donde nos encontramos en este momento.

El concepto del individualismo es el más moderno en el mundo.
Trae el intento de independizar al individuo de cualquier dependencia comunitaria, dice que no hay desarrollo sin individualismo.

¿Por qué no podemos entrar en un diálogo con Bin Laden o con Bush o con Hitler, en concepto de encontrar una posibilidad de reparar la totalidad? Cómo podríamos hacer que las víctimas entraran en un diálogo con sus perpetradores para poder volver a la plenitud?
¿Existen estos espacios entre víctimas y perpetradores? Cuando haya un perdón para Bin Laden, Bush o Hitler, podremos preguntarles qué han hecho mientras o qué están haciendo ahora, para restaurar la humanidad?

África podría decir al primer mundo:
Ustedes se han hecho con la riqueza de África. Han desarrollado sus ciencias y sus matemáticas con la sabiduría anciana de África. Sus más importantes movimientos artísticos fueron inspirados en las artes africanas. Su riqueza se ha construido con los recursos de nuestra tierra y con nuestros trabajadores.

En realidad, ustedes han tomado mucho de nosotros. Y han dejado solamente herencias de saqueos y colonialismo. Ustedes han perdido su humanidad hace mucho tiempo. Y porque ustedes son completamente inhumanos, África ´lo tiene difícil´ para ser humano. Ustedes nos necesitan, no para explorarnos sino para volver a ser humanos.

Muchas gracias.

Traducción del inglés Lic. Tiiu Bolzmann

Comentario de Tiiu: aquí se habla de África, pero lo mismo se puede decir de Sudamérica. (¿Latinoamérica?).

Sudáfrica, un espejo en el que mirarnos (2da entrega)

Por Martín Raventos / 23 de October de 2006

Ayer, el diario Perfil publicó la siguiente nota de la diputada Estenssoro, escrita luego de su viaje a Pretoria y Johannesburgo con las diputadas Carrió y Quiróz, a comienzos de octubre.

Pueden bajar el archivo al final de este post.

También les reiteramos la invitación a la charla “El movimiento de liberación, verdad, justicia y reconciliación en la Sudáfrica de Mandela” que darán las diputadas, hoy a las 18.30 hs., en el Instituto Hannah Arendt, Rivadavia 1479, Aula Magna). La entrada es libre y gratuita.

Sudáfrica, un espejo en el que mirarnos – Diario Perfil – 22 de octubre de 2006

MARIA EUGENIA ESTENSSORO*

Hace un mes, los tenebrosos años 70 reaparecieron entre nosotros con la aún inexplicable desaparición de Jorge López, testigo clave en el juicio del ex represor Miguel Etchecolatz. Al mismo tiempo, en Sudáfrica, la historia del temible régimen apartheid también regresaba: pero no como amenaza, sino como alivio. Adriaan Vlok, ex ministro de Justicia y Seguridad del apartheid, se presentó voluntariamente ante la justicia y confesó que hace 20 años él dio la orden de envenenar al actual director general de la presidencia de la Nación, el Reverendo Frank Chikane. Chikane sobrevivió milagrosamente, y ahora su verdugo apareció en una iglesia y le lavó los pies en señal de arrepentimiento.

El caso se inscribe en el inédito proceso de Verdad y Reconciliación que impulsó el ex presidente Nelson Mandela, por el cual 8 mil represores admitieron sus crímenes y 22 mil víctimas declararon frente la Truth and Reconciliation Comision (TRC), la Comisión de Verdad y Reconciliación presidida por el Arzobispo Desmond Tutu. Las sesiones públicas y televisadas permitieron desnudar la dolorosa verdad que la propaganda del régimen apartheid había negado durante décadas.

“Escuchar las confesiones y verlas por televisión fue algo muy doloroso, pero a la vez sanador,” nos explicó Alex Boraine, ex vicepresidente y mentor intelectual de la Comisión, durante un reciente viaje que hicimos a ese país las diputadas Elsa Quiroz, Elisa Carrió y yo.

¿Es posible reconciliar a una sociedad donde el 90% de la población, por tener la piel de color oscuro padeció 300 años de colonialismo europeo, desvalorización cultural, esclavitud, opresión racial y económica, supresión de derechos y la persecución de un régimen filo-nazi que duró medio siglo, hasta las elecciones libres de 1994?

Nuestra anfitriona, la ministra de Relaciones Exteriores Nkosazana Dlamini Zuma, quien militó durante dos décadas de exilio en el movimiento de liberación conducido por el Congreso Nacional Africano (ANC), hoy convertido en partido gobernante, nos explicó durante un desayuno en la residencia presidencial: “Cuando asumimos, la gente temía que hubiera una guerra civil, pero nosotros encaramos un gobierno de unidad nacional, donde la reconciliación y la construcción de una nueva nación fueron el objetivo central.”

Sudáfrica nos dejó algunas reflexiones. Es indudable que allá el proceso de reconciliación social fue posible gracias al liderazgo integrador, valiente y generoso de Nelson Mandela, sus compañeros de lucha y el pueblo africano. Y por eso se vive un clima esperanzador. En la Argentina estamos más avanzados en términos judiciales, pero fallamos en la actitud: seguimos divididos entre quienes hablan de reconciliación, pero en realidad buscan impunidad; y quienes usan la justicia con ánimo de venganza. Los episodios violentos y amenazantes de las últimas semanas demuestran a las claras si no sanamos nuestro pasado con más justicia, pero a la vez con más verdad, arrepentimiento y espíritu conciliador, correremos el riesgo de volver a repetirlo.

*Diputada de la Ciudad de Buenos Aires, bloque ARI

(bajar la nota: SudafricaPerfil.pdf)

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Sudáfrica, un espejo en el que mirarnos

Por Maria Eugenia Estenssoro / 22 de October de 2006

Ocurre a nivel personal, pero también en las mejores (¿existirán?) y peores familias; en todas las razas, religiones y clases sociales. Lo mismo sucede en una pequeña comunidad o una nación. Las personas y sociedades que no analizan su historia conflictiva y limpian su conciencia, tropiezan una y otra vez, sin poder crecer ni cambiar. A este proceso de elaboración y curación interna, en inglés se lo llama healing, sanación. Esta fue una de las palabras que más repitieron las ministras, parlamentarios, intelectuales, defensores de derechos humanos y gente común con quienes hablamos en nuestra peregrinación al país de Nelson Mandela.

Y digo peregrinación porque ese fue el espíritu con que viajamos las diputadas Elsa Quiroz, Elisa Carrió y yo a Sudáfrica, una nación que hace sólo 15 años era la tierra del odio, el racismo y la violencia más atroz, pero que hoy, a pesar de sus grandes desafíos económicos y sociales, es un lugar de optimismo y esperanza.

“Lo que ha ocurrido aquí es un milagro, antes teníamos prohibido caminar por la calle, nos trataban peor que a la basura,” me dijo Sydney, el chofer que nos llevó a recorrer Soweto, el gigantesco gueto en las afueras de Johannesburgo donde eran confinados los negros durante el régimen apartheid, basado en la supremacía blanca y el “apartamiento”, (de allí su nombre), de la mayoría negra. Frente a la casita de dos ambientes, hoy transformada en museo, donde vivió Mandela, Sydney dijo emocionado. “He is the best, él es el mejor. Hoy tenemos derechos.”

Lemao Motaung es una joven negra, que proviene de un hogar rural muy humilde. Hoy tiene una empresa proveedora de tecnología para distribución eléctrica a nivel municipal. Cuando le preguntamos si la integración racial está ocurriendo, dice: “Mis hijos van a una escuela privada, pero no sé si está bien lo que hago.” Se le quiebra la voz, como si sintiera culpa de ingresar a un mundo que hasta hace poco tenía prohibido. “Los chicos blancos vienen a casa para los cumpleaños. Es que fue tan duro…,” agrega con lágrimas en los ojos, recordando los años de sufrimiento y discriminación. “El otro día mi hijo me preguntó, Mamá, ¿qué es el apartheid? Ellos ya no saben.”

¿Es posible reconciliar a una sociedad donde el 90% de la población, por tener la piel de color oscuro padeció 300 años de colonialismo europeo, desvalorización cultural, esclavitud, opresión racial y económica, supresión de derechos y la persecución de un régimen filo-nazi que duró medio siglo, hasta las elecciones libres de 1994?

Nuestra anfitriona, la ministra de Relaciones Exteriores Nkosazana Dlamini Zuma, quien militó durante dos décadas de exilio en el movimiento de liberación conducido por el Congreso Nacional Africano (ANC), hoy convertido en partido gobernante, nos explicó: “Cuando asumimos, la gente temía que hubiera una guerra civil, pero nosotros encaramos un gobierno de unidad nacional, donde la reconciliación y la construcción de una nueva nación fueron el objetivo central.”

La coalición que gobierna Sudáfrica desde hace 12 años, liderada por el mayoritario ANC, está integrada por gran parte del espectro político: desde el Partido Comunista y los sindicatos, hasta ex líderes del Partido Nacional responsable del apartheid. “Conformar esta coalición fue parte del proceso de reconciliación,” señaló Dlamni Zuma durante un desayuno en la residencia presidencial. “Como gobierno nosotros teníamos que cuidar a las mayorías, pero también a las minorías,” dijo la ministra.

Durante el viaje nos asombró ver cómo los lugares más exquisitos reservados al poder blanco, como son el hermoso Palacio de Gobierno y el barrio oficial donde viven el presidente y sus ministros, situado en el corazón de Pretoria, con hermosos jardines y grandes casonas de estilo inglés, ahora son utilizados con naturalidad por el gobierno de la mayoría negra. En 15 años Sudáfrica vivió una verdadera revolución, pero fue una revolución pacífica.

El embajador Mbulelo Rakwena, director jefe para Latinoamérica y el Caribe de la Cancillería, subrayó “la importancia del liderazgo de Mandela” para apaciguar los ánimos y evitar más enfrentamientos. Recuerda que hubo un momento en que la paz corrió serios peligros, cuando Chris Hani, el líder del partido comunista, muy querido por la juventud negra, fue asesinado por un extremista de derecha. “Era evidentemente una provocación,” explica. “Mandela habló inmediatamente por televisión y pidió a todos, negros y blancos, que mantuvieran la calma y la unidad. Señaló que si bien un hombre blanco había matado a Hani, una mujer blanca había arriesgado su vida brindando a la policía la identidad del asesino.”

La visión integradora de Madabi, como llaman cariñosamente al ex presidente, considerado el Gandhi contemporáneo, se expresó durante su presidencia en hechos muy contundentes. Mandela sorprendió a todos eligiendo como vicepresidente a Frederik de Klerk, el presidente saliente del Partido Nacionalista. Al asumir, en la ceremonia inaugural, ubicó a su lado a dos guardiacárceles con quienes había entablado una profunda amistad durante los últimos años de los 27 que pasó en confinamiento. En su biografía escribió: “Cuando salí de prisión sabía que mi misión era liberar tanto a los oprimidos como a los opresores.”

La palabra reconciliación, tan importante en los procesos de paz, en Argentina tiene connotaciones muy negativas porque se asimila a impunidad. Es que la dictadura militar y los grupos que aún hoy la reivindican siempre exigieron una amnistía general que pusiera un manto de olvido sobre las atrocidades cometidas por la represión ilegal y el accionar clandestino del Estado.

Frente a la disyuntiva de qué hacer con los crímenes del pasado, Sudáfrica eligió una postura intermedia: ni una amnistía general que garantizara la impunidad como la decretada por el general Pinochet, ni un Nuremberg que mantuviera juicios abiertos durante décadas. Su camino se basó en conocer toda la verdad, tanto los crímenes cometidos por los opresores como por los grupos armados que lucharon por la libertad; la posibilidad de otorgar una amnistía individual y personalizada a quienes confesaran ante la Truth and Reconciliation Comission o TRC; el procesamiento legal de quienes ocultaran la verdad; y la reparación a las víctimas.

“Nosotros pusimos el acento en la verdad y la reconciliación. Decidimos conocer toda la historia, los crímenes cometidos por los represores, pero también por algunos miembros de los grupos armados, incluso del actual partido gobernante. La amnistía fue parte de las negociaciones de paz. Pero no aceptamos una amnistía barata como querían las cúpulas blancas. Ellos decían: Hay que dar vuelta la página. Pero para dar vuelta la página, primero hay que escribirla y saber lo qué dice,” explicó Alex Boraine, ex vicepresidente y artífice intelectual de la TRC.

Las sesiones de la Comisión fueron televisadas, a diferencia de lo que ocurrió aquí con la CONADEP y el Juicio a las Juntas. Y tuvieron un efecto catártico sobre la población porque permitieron desnudar la verdad que la propaganda del régimen apartheid había negado durante años.

“Escuchar las confesiones y verlas por televisión fue algo muy doloroso, pero a la vez sanador.” dice Boraine. “Los torturadores, a pedido de sus víctimas, tuvieron que mostrar lo que hacían. La verdad triunfó sobre la mentira y restauró la dignidad de las personas. Muchos jóvenes oficiales pidieron perdón. Muchos familiares de víctimas perdonaron. Sudáfrica no sólo era una sociedad lastimada, también estaba enferma, necesitaba sanar.”

Algo que no lográbamos comprender, era cómo el ANC aceptó someter a quienes lucharon por la libertad al escrutinio de la TRC, en paridad con los represores. En la sede central del partido, en Pretoria, obtuvimos la respuesta. Nos explicaron que el partido había creado anteriormente su propia comisión de verdad para investigar acusaciones de violaciones de derechos humanos cometidos entre sus filas, como ajusticiamientos, envenenamientos y torturas. “Nosotros siempre sostuvimos que una causa legítima no puede utilizar métodos ilegítimos,” explicó un dirigente. “Nuestros luchadores se habían comprometido por escrito a respetar la Convención de Ginebra.” Los informes elaborados fueron entregados a la TRC y aún se pueden ver por internet.

Otro integrante admitió que este tema había suscitado gran discusión en el partido: “Pero decidimos que teníamos que hacerlo pensando en la conveniencia de Sudáfrica y no sólo del ANC.”

Verdad, confesión, arrepentimiento, perdón, compasión. Valores habitualmente más ligados a la religión que a la política. ¿Por qué Sudáfrica utilizó un marco conceptual y un lenguaje más espiritual que jurídico? ¿Fue la influencia de Mandela? ¿Del arzobispo Tutu? Todos nuestros interlocutores nos aseguraron que la explicación hay que encontrarla en un importantísimo valor de la cosmovisión africana que hasta figura en la Constitución temporaria de 1993: el ubunthu.

La cultura africana pone énfasis en la comunidad y no en el individuo. La persona es persona a través del otro, del prójimo. “Yo soy humano porque tu eres humano”, nos decían, para explicar el sgnificado del ubunthu. Cuando alguien daña a otro, se rompe la unidad, y ambos, tanto el victimario como la víctima se deshumanizan; y también sufre la comunidad toda. Sanar las heridas y restaurar la unidad perdida es esencial para la sociedad.

El proceso de reconciliación sudafricano todavía no ha terminado, y aún tiene importantes asignaturas pendientes. De las aproximadamente 2000 recomendaciones de procesamiento judicial emitidas por la TRC, la Justicia sólo avanzó con 6 juicios y condenas. Por otro lado, la mayoría de los líderes del apartheid no se presentaron ante la TRC. “La sociedad se reconcilió, miles de soldados confesaron, pero las elites, quienes idearon el sistema, no han reconocido sus crímenes,” dijeron varios representantes de organismos de derechos humanos. Ellos exigen que los tribunales actúen como establece la ley, y miran con interés la reapertura de las causas judiciales en Argentina.

Nancy Burton es argentina. De familia inglesa, nació, creció y estudió en Buenos Aires. Tras casarse con un sudafricano en los años 50, su impecable conciencia cívica la llevó a transgredir los valores de su clase social e incorporarse al Black Sash (Faja Negra), una agrupación de mujeres liberales que llevaban una faja negra expresando su luto por la falta de derechos cívicos para la mayoría de los africanos. Los informes que presentaban a las embajadas y organismos internacionales fueron una gran ayuda para el movimiento de liberación. Nancy fue miembro de la TRC, y aún espera que los perpetradores que no confesaron sus delitos sean juzgados. “Yo estoy dispuesta a perdonar, pero para perdonar, es preciso saber qué y a quién.”

Sudáfrica nos dejó algunas reflexiones. Es indudable que allá el proceso de reconciliación fue posible gracias a la actitud valiente y generosa de Nelson Mandela, que comprendió que su tarea no era representar a una de las partes en conflicto, ni siquiera a la suya, sino a todos, enfatizando el valor de la integración y la integridad.
“En la Argentina estamos más avanzados en términos de herramientas judiciales, pero falla la actitud. Unos piden reconciliación con impunidad; y otros usan la justicia como revancha. Por eso la sociedad sigue dividida,” explica Carrió.

Personalmente tengo que confesar que durante muchos años fui de las personas que creyó que las Fuerzas Armadas iban a sacarnos de la violencia en que los secuestros y atentados terroristas habían sumido al país durante el gobierno constitucional de Domingo e Isabel Perón. Mientras estudiaba en Estados Unidos y Francia me costaba aceptar las denuncias de campos de concentración, torturas y desapariciones. “¿Cómo va a funcionar un campo de concentración en la ESMA, si por ahí pasan miles de personas todo el tiempo?,” argumentaba ante mis compañeros de universidad. Hasta que comprendí que las denuncias eran ciertas. Fue un desengaño terrible, como el de Malvinas. Aún siento culpa por no haber admitido el horror mucho antes.

Es importante señalar, y digo ésto con un espíritu conciliador, no de reproche, que en todos estos años no se ha querido revisar el accionar de los grupos armados ni sus violaciones a los derechos humanos. Nada justifica la represión ilegal y ni un Estado terrorista, pero es hora de que admitamos que el deseo de matar y aniquilar al enemigo no fue patrimonio de un grupo, sino de varios, y que esto nos llevó como sociedad a un genocidio y una tragedia que aún no hemos superado.

El año pasado se comenzaron a oir algunas voces autocríticas en Córdoba. Allí la revista electrónica La Intemperie publicó un reportaje a un militante del Ejercito Guerrillero del Pueblo, Héctor Jouvé, donde contaba el ajusticiamiento de dos compañeros. Recomiendo la carta que poco después escribió, bajo el título No Matarás, el filósofo y ex simpatizante de la lucha armada, Oscar del Barco. En ella se arrepiente abiertamente de haber creído que era legítimo matar a enemigos políticos y fusilar compañeros.

¿Cómo sanar el pasado? ¿Cómo no legarles esta herencia de odios y resentimientos a nuestros hijos, como lamentablemente ya está ocurriendo? La verdad y la justicia tienen un rol fundamental. Pero como enseña el caso sudafricano, también será necesario que todos, como sociedad, revisemos con más honestidad nuestras creencias, acciones y actitudes pasadas. Sólo así podremos restaurar la unidad quebrada, sólo así podremos reestablecer nuestro propio ubunthu, es decir, la integridad de los argentinos.

link al reporte de la TRC

documentos sobre la transición

Leer la nota publicada por el diario Perfil el 22/10/06: SudafricaPerfil.pdf

“El movimiento de liberación, verdad, justicia y reconciliación en la Sudáfrica de Mandela” , clase de Estenssoro, Carrió y Quiróz, 23/10/06

Por Martín Raventos / 19 de October de 2006

Los invitamos a asistir, el próximo lunes 23 de octubre, a la clase “El movimiento de liberación, verdad, justicia y reconciliación en la Sudáfrica de Mandela” que dictarán María Eugenia Estenssoro, Elisa Carrió y Elsa Tata Quiróz (Diputada Nacional y Secretaria General del ARI) en la cual nos brindarán sus testimonios, ideas y propuestas en base a las vivencias y experiencias de su reciente viaje a Sudáfrica.

La clase forma parte del Curso General “Tiempo, dominación y libertad” que comienza ese día.

La entrada es libre y gratuita.

Horario: 18.30 hs.

Lugar: Aula Magna del Instituto Hannah Arendt, Av Rivadavia 1479 piso 1.

La ley de educación sexual es pluralista e integradora

Por Maria Eugenia Estenssoro / 12 de October de 2006

Hoy aprobaremos en la Legislatura, la ley de educación sexual que marca que a partir de 2007 habrá educación sexual en las escuelas porteñas. El texto consensuado al que hemos arribado es pluralista e integrador ya que contempla la visión sobre este tema de todos los sectores involucrados. Además establece la obligatoriedad de la educación sexual en todas las escuelas, públicas y privadas y en todas las carreras de formación docente, dependientes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Es un gran paso para la sociedad. Además, demuestra la voluntad política, tanto del poder legislativo como del poder ejecutivo de que esta ley salga.

La educación sexual en la escuela es el primer paso en la prevención de los gravísimos problemas relacionados con la salud sexual que hoy padece nuestra sociedad, como son los embarazos adolescentes, los abusos de menores dentro del hogar por los propios padres, la violencia doméstica contra la mujer, la iniciación sexual precoz, los abortos ilegales y el SIDA. Estoy convencida de que con información y educación podemos aspirar a algo más que a enfrentar la realidad que nos toca vivir: podemos aspirar a modificarla, a mejorarla, a cambiarla.

Vivimos creyendo que la inseguridad es nuestro peor mal, porque no queremos admitir (y las estadísticas están al alcance de cualquiera) que el mayor peligro que hoy enfrentan los jóvenes y los niños de nuestro país está en sus propias casas, en las alcobas familiares donde son abusados o golpeados, en la mayoría de los casos, por sus padres o parientes.