Archivo de 2006

Cromagnón, vos y yo

Por Maria Eugenia Estenssoro / 30 de Diciembre de 2006

Quisiera compartir con ustedes mi nota que fue publicada hoy, sábado 30 de diciembre de 2006, cuando se cumplen dos años de la tragedia de “República Cromagnón”, en la sección Opinión del diario La Nación y también dejarles el link hacia la nota, en el diario Página 12, de Mariana Carbajal “Para muchos, la pesadilla aún no terminó“. La nota forma parte de un dossier más completo, más abajo pueden leer algunos de sus pasajes.

Cromagnón, vos y yo

Por María Eugenia Estenssoro

para LA NACION

Se cumplen dos años de la noche trágica en que murieron 194 jóvenes en un boliche siniestro que nunca debió estar habilitado. Otros miles de adolescentes y jóvenes sobrevivieron, pero muchos de ellos siguen marcados y lastimados psicológicamente por lo padecido desde ese 30 de diciembre.

¿Cómo se hace para restablecer la vida y la esperanza cuando se ha atravesado el horror? Como sociedad, y especialmente quienes ocupamos cargos públicos, tenemos una responsabilidad ineludible. Porque Cromagnon no les pasó a los otros, como nos gustaría creer: nos pasó a todos. Cuando un grupo o una persona son dañados, es necesario que la comunidad ponga en funcionamiento mecanismos de reconocimiento, contención y reparación. Si eso no ocurre, ese grupo o esa persona corren el riesgo de quedar dañados para siempre. Además, es importante comprender que el resto de la comunidad también quedará lastimada, porque el otro siempre soy yo, aunque la sociedad del individualismo y el sálvese quien pueda nos quiera hacer creer lo contrario.

El otro siempre soy yo. El drama de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que hasta el día de hoy no saben qué pasó con los cuerpos de sus hijos, es mi drama, el tuyo y el de todos; la tragedia de los ex combatientes de Malvinas es nuestra tragedia, porque muestra nuestra indiferencia y desamor. La frustración de la comunidad judía que todavía no encuentra justicia por el atentado contra la AMIA es nuestro fracaso colectivo. Lo mismo podríamos decir de las madres del dolor y de los padres que no se rinden, como Blumberg.

Cromagnon se inscribe en esta larga lista de tragedias personales y derrotas colectivas. Como en tantos otros casos, la Justicia arrastra los pies y exculpa a quienes tuvieron las máximas responsabilidades públicas y políticas, lo cual no hace más que profundizar las heridas.

La desorganización, la falta de información y control (¿otra vez?) sobre los servicios brindados desde enero de 2005 por el Programa de Atención a las Víctimas de Cromagnon del gobierno porteño, especialmente en lo referente a la atención psicológica y la entrega de subsidios, créditos hipotecarios y oferta de trabajo en el Estado, podría ponernos frente a otra bomba de tiempo.

En mi blog (www.estenssorome.com.ar/blog) pueden encontrar un informe completo, con los reclamos que les hemos hecho a los ministerios de Derechos Humanos y Sociales, que coordina el programa, y de Salud.

Hace dos semanas, el gobierno de la ciudad (que, más allá de sus carencias, es el que más se ha ocupado del tema), lanzó un “nuevo” programa de atención a los damnificados. Al menos, en los papeles, parece querer rectificar los errores del pasado. Esperemos que así sea, porque los tres años posteriores a una catástrofe son clave para lograr la recuperación de los afectados, de acuerdo con todos los expertos consultados. Y, entre pruebas y errores, ya pasaron dos.

La autora es legisladora de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (ARI).

Para muchos, la pesadilla aún no terminó

Por Mariana Carbajal

Página 12

Depresión profunda, dificultades para conseguir trabajo y para retomar los proyectos que tenían, abuso de alcohol y un terrible miedo a viajar en subte o permanecer en lugares cerrados con gran cantidad de gente son algunas de las secuelas más visibles que todavía sufren los sobrevivientes de la tragedia de Cromañón, a dos años del incendio en la disco. Varios de ellos han protagonizado intentos de suicidio: hay quienes ya comparan su situación con el drama que aún enfrentan los ex combatientes de Malvinas.

(…) Para la asociación civil Cambiar esta Realidad, que integran sobrevivientes y sus familiares, la estructura montada para la atención psicológica y psiquiátrica no ha sido buena. “Creamos esta entidad para reclamar justicia, pero nos encontramos con que tenemos que luchar para sacar a los sobrevivientes de la depresión. Hay varios que han tenido intentos de suicidio. No se da a conocer porque tenemos miedo que pueda haber una ola si se suicida uno”, comentó a Página/12 Carlos Canavese, padre de un sobreviviente. “En marzo no le renovaron los contratos a psicólogos del Ramos Mejía y del Alvarez y muchos chicos dejaron las terapias porque les cambiaron el terapeuta. En algunos casos, tenían sesiones de 10 o de 20 minutos”, denunció Ernesto Lemos, de la misma asociación civil, y padre de Federico, otro sobreviviente.

También la legisladora del ARI María Eugenia Estenssoro tiene una visión crítica de las medidas implementadas desde el Estado para brindar atención en salud mental. Estenssoro acaba de finalizar un informe donde evalúa las políticas públicas que se pusieron en marcha luego de la tragedia de la disco. “La atención psicológica ha sido deficitaria, más allá del empeño de médicos, psicólogos y terapeutas. Es sobre el área que más denuncias hemos recibido. Muchos jóvenes han abandonado los tratamientos, se han observado numerosas recaídas entre los que habían sido dados de alta y hubo un aumento de los intentos de suicidio de muchos sobrevivientes. Esta situación ahora se ve agudizada por el normal recrudecimiento de los trastornos en las fechas cercanas a los aniversarios de la tragedia”, apuntó Estenssoro. En el mismo gobierno porteño reconocen off the record que “hace falta reforzar más el área de salud mental”.

(…) “Hoy es imposible saber a ciencia cierta si los damnificados están mejorando o empeorando porque no ha habido un seguimiento de sus historias clínicas en una base de datos unificada”, señala Estenssoro en diálogo con este diario. Para la diputada del ARI, se corre el riesgo de que los sobrevivientes vivan “un drama similar al que enfrenta hasta el día de hoy los ex combatientes de la Guerra de Malvinas, quienes no fueron acompañados en su sufrimiento, como hubiera correspondido, por el Estado ni por la sociedad en su conjunto”.

Sobrevivientes y Familiares de Cromagnón: un drama que continúa

Por Maria Eugenia Estenssoro / 28 de Diciembre de 2006

Este sábado 30 de diciembre se cumplen dos años de la tragedia de “República Cromagnón”.Gobierno porteño que hicimos a lo largo de este año, encontramos contradicciones y serias falencias de implementación, lo que nos obliga a preguntarnos ¿cuándo aprenderemos a enfrentar los problemas con seriedad? A continuación pueden leer una síntesis de nuestro informe y también descargar el documento completo. Sobrevivientes y familiares de las víctimas aún reclaman una asistencia pública adecuada que los ayude a reinsertarse en la sociedad. En la evaluación de las políticas públicas establecidas por el

A dos años de la tragedia de “República Cromagnón”, que causó la muerte de 194 personas –casi todos jóvenes-, la situación psicológica, física y laboral de muchos sobrevivientes y familiares de las víctimas fatales es crítica, en gran medida debido a las deficiencias de las políticas con las que el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires encaró la atención integral de la población damnificada. Así, la persistencia de trastornos psíquicos, la discriminación laboral y social, y la precariedad económica constituyen algunos de los problemas más extendidos. Según los expertos en eventos catastróficos, estos trastornos no disminuyen con el paso del tiempo. Por el contrario, tienden a agravarse si no son tratados adecuadamente durante los tres primeros años posteriores al hecho traumático que los generó. Ya transcurrieron dos.

La atención a las víctimas

Preocupadas por el destino de las personas que padecieron la tragedia de Cromagnón en forma directa, y guiadas por el objetivo de demostrar que el Estado puede aprender y reparar de algún modo los daños causados, una vez ocurrida la catástrofe decidimos monitorear las políticas de intervención pública emprendidas por el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a fin de mitigar el impacto de esta tragedia. Tales políticas se sustentaron, fundamentalmente, en el “Programa de Atención a las Víctimas del 30 de diciembre de 2004”, puesto en funcionamiento por el Poder Ejecutivo porteño mediante el Decreto Nro. 67/05, sancionado el 12 de enero de 2005.
En este programa, el Gobierno se comprometía a brindar los siguientes servicios: la asistencia social, la atención de la salud mental y física, el asesoramiento en materia de trámites y gestiones, y la ayuda económica para cubrir los gastos directamente vinculados con lo sucedido en “República Cromagnón” y que surgieran de servicios que no pudieran ser prestados en forma directa por el Gobierno. Asimismo, se encararía una política conjunta con las jurisdicciones respectivas del Gobierno Nacional y de la provincia de Buenos Aires.
Estas acciones de las distintas áreas del Gobierno porteño debían ser coordinadas por la Subsecretaría de Derechos Humanos, que, en ese momento, dependía de la Secretaría de Gabinete y que en la actualidad posee la jerarquía de Ministerio de Derechos Humanos y Sociales. Consecuentemente, esta dependencia estaba a cargo de confeccionar registros que centralizaran la información sobre cada uno de los damnificados; realizar la evaluación de los tratamientos físicos y psicológicos brindados a partir de la información que le proporcionara la entonces Secretaría de Salud -actual Ministerio de Salud-; coordinar la atención brindada por la Dirección General de Atención a la Víctima, que recibía los pedidos de ayuda y reclamos a través de la línea telefónica gratuita 0-800-999-AYUDA; y fiscalizar la ayuda económica que se brindara a los sobrevivientes y familiares de las víctimas, otorgada a través de la Secretaría de Desarrollo Social.

Falta de registros confiables

Sin embargo, la distancia entre la letra escrita y la realidad ha sido amplia. En primer lugar, el Gobierno carece aún hoy de una base de datos con información fehaciente sobre las personas atendidas y las prestaciones brindadas por los distintos Ministerios, que posibilite realizar una evaluación de los resultados del Programa en lo que hace a la atención mental y física, y a la reinserción de esta población a una vida laboral y social activa, siendo estos los objetivos establecidos de antemano.
En segundo lugar, la coordinación entre los Ministerios del Gobierno porteño, y entre estos y las dependencias correspondientes de las jurisdicciones de la provincia de Buenos Aires y de la Nación ha sido prácticamente nula. Esto ha dificultado, entre otras cuestiones, la confección de un registro completo de la población damnificada –como reclaman permanentemente las organizaciones de sobrevivientes y familiares-, el seguimiento global de la evolución de esta población y una evaluación integral sobre la efectividad de las políticas de intervención pública diseñadas. Y esto no se ha debido a una falta de conocimiento o recursos. El Ministerio del Interior de la Nación desarrolló con colaboración internacional un software, fundamental en la atención post-catástrofes, para coordinar los servicios brindados por distintas áreas de gobierno y monitorear la evolución de cada damnificado. Pero esta herramienta no ha sido utilizada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ni esta jurisdicción suministra información a la Nación para que la base de datos esté completa. Más allá del software, hoy es imposible saber a ciencia cierta si los afectados están mejorando o empeorando.
Esta descoordinación entre jurisdicciones a la hora de brindar servicios y compartir información contrasta notablemente con la aceitada colaboración que mostraron el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el de la Provincia de Buenos Aires y el de la Nación para lanzar la masiva campaña publicitaria “0800-999-AYUDA” que, entre los meses de enero y febrero de 2005, dio la impresión de una atención coordinada, rápida y respaldada por sistemas de información on line. La realidad detrás de los avisos publicitarios fue muy distinta. Ejemplo de ello es que en el call center oficial se llenaban fichas de papel a mano, que luego se llevaban en colectivo hasta la Subsecretaría de Derechos Humanos, acorde nos informaron. Allí la información debía cargarse en los legajos electrónicos diseñados a tal efecto, pero el data entry nunca se completó.

La atención psicológica

En cuanto a la atención de la salud mental, las medidas implementadas han sido deficitarias, más allá del empeño de médicos, psicólogos y terapeutas en general del sistema de hospitales públicos. Si bien se dispuso la creación de “dispositivos” o equipos específicos de salud mental en los efectores de salud públicos porteños, no se brindó a los profesionales una capacitación adecuada para abordar esta problemática, considerando la envergadura de la tragedia ocurrida. Por otra parte, muchos profesionales abocados a esta tarea trabajan ad honorem desde hace dos años. A su vez, la calidad y duración temporal de cada sesión también es cuestionable ya que en ocasiones se ha llevado a cabo en espacios poco propicios dentro de los hospitales, con interrupciones y con una duración que oscila entre los 10 y 20 minutos una vez por semana. Todo esto ha provocado el abandono de tratamientos, numerosas recaídas entre personas que habían recibido el alta, un aumento en los intentos de suicidio de muchos jóvenes. Esta situación ahora se ve agudizada por el normal recrudecimiento de los trastornos en las fechas cercanas a los aniversarios de la tragedia.
A ello debe sumarse que la carencia de información centralizada en el Ministerio de Salud impide realizar una evaluación personalizada de los tratamientos y de la situación psicológica de toda la población damnificada para justipreciar los resultados de la atención brindada.

Subsidios

Respecto de la ayuda material, un abordaje errático y poco claro generó permanente incertidumbre entre los beneficiarios. Durante los primeros cinco meses se otorgaron subsidios de montos desparejos (a unos $600, a otros $1500 o $2000 por mes) sin un criterio claro. Tras la promulgación del decreto Nro. 692/05 el 7 de mayo de 2005, los subsidios se establecieron en montos fijos de $1.200 para quienes hubieran sufrido la pérdida de un familiar y de $600 a los sobrevivientes que padecieran afecciones en su salud física o mental. Los subsidios tenían un carácter excepcional y de siete meses de duración –entre junio y diciembre de 2005-. Pero desde diciembre de 2005, tres sucesivos decretos han prorrogado su otorgamiento, venciendo el último plazo el 31 de diciembre de 2006.
Estas prórrogas han sometido a incertidumbres constantes a las personas que los cobran y que dependen de ellos, en muchos casos, para la compra de medicamentos, el pago de insumos para tratamientos respiratorios o la satisfacción de necesidades básicas cuando las secuelas de la tragedia han provocado la pérdida del empleo o dificultades para obtenerlo. Para acceder a los beneficios de tales prórrogas se exigió a los familiares y sobrevivientes, por medio del Decreto Nro. 451 del 5 de mayo de 2006 y las resoluciones que lo reglamentaron, volver a presentar los papeles que acreditaban su condición de tales, forzándolos entonces a relatar y revivir situaciones traumáticas, y a sentirse sospechados en cuanto a su honestidad. Las normas internacionales justamente aconsejan no “revictimizar” a los damnificados mediante trámites atemorizantes que los obliguen a acreditar su legitimidad una y otra vez.
Finalmente, muchos sobrevivientes se han visto impedidos de cobrar los subsidios por no haber iniciado a término los trámites para su solicitud en los plazos fijados

Cargos públicos y viviendas

Asimismo, el Gobierno ha otorgado otro tipo de ayudas materiales consistentes en créditos hipotecarios, créditos para micro-emprendimientos y puestos laborales en la administración pública. Empero, esta clase de asistencia ha sido manejada con absoluta discrecionalidad. No se sabe bajo qué criterios ni de qué manera la población damnificada ha accedido a ella ni cuál ha sido su magnitud en cuanto a cantidad de “beneficiarios” y monto de tales créditos. Sí sabemos, por los reclamos recibidos, que esto ha generado disputas entre los damnificados, entre los que “sí recibieron” y los que “no recibieron” beneficios adicionales.

Pedidos de informes

En síntesis: las irregularidades en la implementación del “Programa de Atención a las Víctimas del 30 de diciembre de 2004” se evidencian en cuestiones tales como:
• Carencia de una base de datos confeccionada por el Poder Ejecutivo que contenga un registro fehaciente de la población damnificada y que permita evaluar la evolución de su condición y los resultados del Programa.
• Carencia de registros fidedignos en el Ministerio de Salud sobre las personas que fueron atendidas en su salud física y mental en los distintos efectores de salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los tratamientos recibidos, y el seguimiento de la evolución de la población que ha recibido atención.
• Falta de coordinación e interacción entre los distintos Ministerios involucrados en la puesta en funcionamiento del programa, tales como el Ministerio de Derechos Humanos y Sociales y el de Salud de la Ciudad de Buenos Aires.
• Ausencia de coordinación entre el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Gobierno Nacional y el de la Provincia de Buenos Aires para la atención de la población damnificada.
• Deficiencias en la prestación del servicio de atención de la salud mental en los hospitales y restantes efectores de salud pública de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
• Entrega discrecional de créditos hipotecarios del Instituto de la Vivienda de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de créditos para micro-emprendimientos y de puestos laborales en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Todo esto ha motivado la presentación de dos pedidos de informes a los Ministerios de Salud y de Derechos Humanos y Sociales (cuyo texto figura en un anexo aparte), que fueron aprobados en sesión del Poder Legislativo el 9 de noviembre de 2006 y el 23 de noviembre de 2006, respectivamente.

Una nueva oportunidad

Si bien aún no se ha obtenido respuesta a estos pedidos de informes, cuyo plazo vence a los treinta (30) días de su aprobación, consideramos que los reclamos efectuados mediante entrevistas con los funcionarios de los organismos pertinentes, más las demandas permanentes de las organizaciones de familiares y de sobrevivientes, han obligado al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a sancionar un nuevo decreto el 7 de diciembre de 2006. Este decreto, cuyo número es el 2.120/06, tiene por objetivo la creación de un nuevo programa: el “Programa de Atención a los Damnificados de la Tragedia Cromañón”. Aún cuando este programa pareciera intentar corregir los errores cometidos en la implementación del programa anterior, no podemos dejar de señalar que la principal dificultad en el pasado fue la inconsistencia entre lo escrito y dicho y lo hecho. El problema no fue que el Estado careciera de herramientas para la intervención o que no hubiera diseñado políticas acordes, sino que no las puso en práctica como correspondía. Por eso y aún cuando damos la bienvenida a este nuevo programa, no podemos dejar de alertar sobre el peligro de que esta experiencia se repita y que las intenciones de lograr la reinserción integral de la población damnificada queden sólo en eso: en intenciones.
Asimismo, queremos destacar que este informe se ha enfocado en las deficiencias de las políticas del Gobierno porteño porque el estudio y control de su actuación corresponde a nuestra competencia específica en tanto integrantes del Poder Legislativo. Sin embargo, no pretendemos con ello liberar de responsabilidad ni al Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, lugar de procedencia de la mayoría de los jóvenes sobrevivientes y víctimas fatales de la tragedia, ni al Gobierno Nacional, quienes tampoco han procedido con seriedad en la búsqueda de las soluciones que este problema exige.
Para finalizar, queremos señalar que sólo nos guía el deseo de ayudar a quienes sufrieron la tragedia de Cromagnón en forma directa, así como lograr que el Gobierno de la Ciudad aprenda de esta dolorosa experiencia desarrollando capacidades reales y profesionales para atender adecuadamente a los damnificados por catástrofes. Estas ocurren con mucha más frecuencia de la que creemos.
Deseamos que la presencia eficaz del Estado en la atención post-Cromagnón asegure que este triste suceso no se convierta en un drama similar al que enfrentan hasta el día de hoy las víctimas de la Guerra de las Malvinas, quienes no fueron acompañadas en su sufrimiento, como hubiera correspondido, ni por el Estado ni por la sociedad en su conjunto.

María Eugenia Estenssoro
Diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Andrea Andújar
Asesora

Descargar el informe completo:

InformeCromagnonDipEstenssoro.pdf

Anexo Documental InformeCromagnon.pdf

leer también Ibarra no es el único responsable

Carta de un “cartonerito” a Papá Noel

Por Inés María Correa / 21 de Diciembre de 2006

La siguiente es una carta de Navidad de un niño cartonero de nuestra ciudad de Buenos Aires. Es una carta que Jorgito le escribió a Papá Noél, con sus esperanzas y sus deseos. Esta carta nunca llegó a su destinatario, pero puede llegar a nuestro corazón y desde lo que expresa, desde su sentimiento, hacernos a todos un poquito más solidarios no solo en estas fechas que nos sensibilizan, sino cada día, en nuestra cotidianeidad.

La carta de Navidad que nunca llegó

Querido Papá Noel:

Me llamo Jorge, tengo 8 años, me dicen Jorgito.

Te escribo esta carta porque en los lugares por donde ando trabajando veo en todas partes muñecos que hacen de vos con una bolsa roja que lleva regalos y un chico de la Capital y que me junta ropa y juguetes para dármelos me dijo, que él te escribía cartas y que después, la noche de Navidad, se le aparecían los regalos. Yo no se si es así, mi mamá me dijo que no existís pero como hoy llovió y no salimos a trabajar voy a escribirte, a ver qué pasa.

Te quiero contar quién soy yo, así sabés y te das cuenta por qué te pido los regalos. Vivo en el barrio San Jorge, acá en Florencio Varela. Mi mamá me contó que por eso yo me llamo Jorge, que no habían pensado qué nombre ponerme y mi papá fue al Hospital a sacarme el documento y dijo Jorge, por el barrio. Hoy estoy muy aburrido porque no tenemos donde ir, y se cortó la luz y todos mis hermanos están molestando encima mío. Así que te voy a contar muchas cosas. Por ejemplo: nunca tengo tiempo de escribir ni de estudiar para el colegio porque todos los días tenemos que estar saliendo a trabajar.
Mi maestra y algunos compañeros del colegio me preguntaron de qué trabajo, y aunque me da un poco de vergüenza, yo les dije que trabajo con el cartón. Para mí es un trabajo común, y es mejor decir eso que decir que levantás o revisás la basura. Sé que dos compañeros míos también salen con sus papás pero ellos no lo dicen, dicen que sus papás son changarines, les da vergüenza, pero yo los vi haciendo cola en el “tren blanco”.

Además yo desde chico que veo a mis papás haciendo eso. Mi papá siempre me muestra, cuando vamos caminando por la calle, todos los edificios que construyó cuando era albañil , y a veces, cuando junta un poquito más de plata, compra material y se pone a construir algo y yo me quedo al lado suyo y él me enseña, le alcanzo los baldes y quiero aprender, es mejor que juntar cartones. El otro día, creo que fue el lunes, no fuimos a la calle, porque nos fue muy bien el fin de semana, entonces estuvimos trabajando en una nueva pieza para mis hermanos más chicos. Y me gustó mucho, primero fuimos al corralón, compramos unas bolsas de cemento, nos trajeron la arena y como ya teníamos algunos ladrillos, empezamos con eso, y ahora que me acuerdo, también teníamos una bolsa de cal. Bien temprano, mientras preparábamos el material, mi vieja nos trajo un jugo porque hacía mucho calor. Ese día lo que yo aprendí fue a fratachar. Yo siempre lo quería hacer pero como estaba mi tío no podía y justo el lunes mi tío se fue a laburar, entonces mi viejo me dio el fratacho a mí, aunque no lo hice tan bien, por lo menos empecé. Estuvo muy bueno.

Nosotros somos siete hermanos, casi siempre salimos todos, a veces cuando volvemos con los cartones, parecemos muñequitos de torta, porque mi viejo nos pone a los más chiquitos arriba de todo del carro.
Sabés, no siempre vamos por los mismos lugares, vamos cambiando de acuerdo a la distribución que hacen los vecinos, o los que les alquilan los carros. Los que alquilan los carros salen a cartonear también, pero hacen más guita con lo otro. Ellos te dan la posta para decirte por dónde ir.
Ahora te cobran 2 pesos el día, pero imaginate que casi todos tienen tres o cuatro carros , con eso ya se hacen una diferencia. Si no quieren salir un día, por lo menos para la comida tienen.

Nosotros ahora estamos bastante bien, porque mirá, un día el que nos alquilaba el carro cuando empezó mi papá, nos dio unas calles para hacer y justo a la hora que pasábamos sacaron unas bolsas enormes de una fábrica, era plástico como molido y muchos bidones que estaban casi vacíos pero no del todo. ¿Sabés qué tenían? Un resto del esmalte. Y cuando revisamos otra de las bolsas, estaba llena de frasquitos también de esmalte, con los pincelitos, esos, como los que se venden en las farmacias. Bueno, encontramos de todo para empezar a vender. Nos está yendo muy bien, porque vendemos plástico, esmalte, cartón, sacamos buena guita. Ya hace como seis meses que vamos todos los días ahí y para todos es muy bueno porque no tenemos que ir por la calle buscando cosas. Vamos ahí, a la fábrica, que encima queda cerca de acá, ojalá que dure, que sigamos así, porque no me gusta mucho andar por ahí de barrio en barrio prefiero ir a un lugar fijo.

Sabés, ayer cuando andábamos en la calle vi una vidriera que tenía una mesa llena de comidas exquisitas y postres ricos, pero yo sé que no voy a poder probar nada de eso, aunque sea quiero encontrarme en una de esas grandes bolsas de consorcio algún juguete más o menos entero.
Sueño con un auto, o mejor una camioneta de plástico. Siempre pienso en lo bueno que sería para mi familia tener una grande para no tener que caminar tanto y cargar todo en ella y luego vender más cosas para tener un par de zapatillas nuevas.

Papá Noel, este año me porté más o menos, mi maestra llamó a mi mamá muchas veces porque yo no iba al colegio. Te lo digo a vos, a mí me gusta el colegio, pero estaba tan cansado de todo el tiempo que pasamos caminando en la calle, que muchos días no tenía ganas de ir, y yo le decía a mi mamá, -no voy, dejáme faltar, porque sino me voy a lo de la tía sin decirte nada-, y entonces me dejaba faltar, porque no daba más. Me cansaba mucho porque íbamos fuimos todos los días a la Capital, caminábamos mucho, mucho, a mí no me gustaba cuando llovía porque se mojan todos los papeles que podemos juntar y se te pega la ropa y todo te pesa más. Y ya sabemos, tenemos que buscar y tratar de elegir los papeles y cartones secos, eso era antes de que empecemos a ir a la fábrica, ahora estamos un poquito más aliviados.

Y te cuento, a mí me parece que no vas a leer lo que te escribo , que no existís de verdad. Pienso que esta carta va a ir a la basura, igual a mí me ayuda. Es como que me hablara yo, mis primos dicen que estoy medio loquito porque cuando juego les hago hablar a unos muñecos que tengo, pero a mí no me importa yo juego así y me sirve porque es como que ellos me contestan algunas preguntas que tengo.
Pero, por si acaso, alguien lee esta carta, Papá Noel o alguien que quiera saber cómo vivimos: un día encontré a mi
tío en un galpón que tienen con mi viejo donde acomodan los cartones que traen y los tienen bien apiladitos y después los hacen fardos, y cuando entré lo ví cómo los rociaba con una manguera para que pesen más, me pareció muy divertido, y salí enseguida para que no me viera.

También te cuento, Papá Noel, que mi papá nos explicó a todos que hay que buscar muchos papeles y cartones, que ahora le dan casi 30 centavos el kilo, pero el año pasado le daban más, y por eso todo el mundo quería ser cartonero, y como tanta gente fue a la calle, ahora se paga menos, o no sé por qué. Por eso tenemos que salir todo el día. Durante el año, muchas veces no nos alcanzaba la plata para comprar cosas. Antes íbamos a la Capital y nos comprábamos panchos y a la noche comíamos bien, (pero ahora va mucha gente a la Capital, de mi barrio sale un montón de gente). A muchos compañeros del colegio los encuentro en el tren. Ahora no alcanza la basura para todos. Primero era porque mi papá se quedó sin trabajo, y el vecino de al lado también y no quedaba otra que salir, y a muchos les pasó eso, después cuando te pagaban más las cosas que juntábamos, los que estaban sin trabajo y salían a buscar y no encontraban, preferían salir a cartonear como nosotros, aunque no les gustaba, pero traían plata para la comida. Lo que veo que casi todos los más pobres de mi barrio salen. Yo quiero, Papá Noel que nos alcance a todos, no, mejor quiero que no tengamos que salir a trabajar de eso, la gente te mira mal en la calle, algunas personas, si te ven, se enojan porque les dejas las bolsas tiradas.

Hace unos días no sabés lo que pasó, mi tía quería salir con nosotros porque necesitaba plata, se quería ir de su casa, su marido como no consigue trabajo, la poca plata que hace en changas se la gasta en cerveza, y ahí lo ves, tirado, y después, cuando llega a su casa se la agarra con mi tía y le pega, entonces ella quiere tener su plata para poder irse de esa casa. Y un día se animó y salió con nosotros, miraba para todos lados porque no quería que nadie la descubriera, tenía mucha vergüenza, nosotros nos moríamos de risa porque ya estábamos acostumbrados. Mirá, hasta vino a la tarde el día anterior y nos preguntó qué ropa podía ponerse. Mi mamá le enseñó cómo hacer, que primero, a mano pelada, tenía que tantear la bolsa de afuera para ver si había vidrios o algo que la pudiera lastimar. Después de tocar y saber que no había nada, entonces podía meter la mano y buscar, y ella vió un contenedor verde, de esos que te trae la Municipalidad, que son grandes. Hay algunos que los usan de basurero, pero son para construcción, y como era grande, quiso empezar por ese. Fue metió la mano primero y como era de noche cuando salimos, no alcanzó a ver pero sintió como algo peludo, y vino corriendo a los gritos: “un tapado de piel, me encontré un tapado de piel”, pero, ¿qué es? Le preguntó mi mamá, porque nosotros la estábamos mirando desde lejos, tenía una cara rara, como si no supiera qué estaba tocando. Y mi mamá fue con ella a ver lo que era, entonces mi tía volvió a meter la mano, porque no se veía nada y le decía a mi vieja, “no sé, tiene la piel suave, cómo se llama el animal con los que hacen tapados, ¿nutria?” Entonces mi vieja, la corrió y le dijo, -dejame ver a mí-, metió la mano y pegó un grito, ¡¡¡no sabés!!!, le dijo de todo a mi tía, porque mi vieja lo tuvo que sacar y era un perrro muerto, nunca me voy a olvidar de la cara de mi tía, nosotros que ya nos había pasado de todo nos empezamos a morir de risa, pero me dio una lástima por ella. Lo que pasa que en la calle te pasa de todo. Y mi tía salió esa semana pero después no salió más, porque la calle no es para cualquiera. A mí me da lástima porque sigue viviendo con su marido, que está un poco más tranquilo, pero no tanto, a veces le vuelve a dar, y no se si mi tía se acostumbró o qué.

Yo quiero que mi hermanita Yésica que tiene un año no vaya más con nosotros, a veces se enferma y tiene que ir igual, porque mi mamá no tiene con quien dejarla, casi todos salen a buscar cartones. El otro día, ella se lastimó con un vidrio que había en una bolsa y mi mamá le puso un pedazo de su remera de venda, era un vaso roto, no le habían puesto papel, y cuando Yésica vio algo que brillaba lo agarró pensando que era un juguete y se cortó, por suerte no fue grande la herida pero le salía mucha sangre, porque se cortó un dedito y ahí sale mucha sangre. Yo quiero que le traigas a mi hermanita una muñeca que vi en la tele. A nosotros, a los chicos mi papá no nos deja que toquemos las bolsas, no nos deja que las revisemos, él las revisa o mi mamá, pero nosotros no, porque dice que nos podemos lastimar, por eso mi mamá la retó tanto a mi hermana cuando se cortó, porque ella le había dicho que no meta la mano. Cuando ellos las revisan, las tocan, se fijan si no hay nada, que pueda lastimar, después la vacían toda en otra bolsa nueva que llevan, entonces cuando la pasan de una a otra, van separando lo que sirve, y ahí sí, nosotros juntamos los cartones, las revistas, separamos las botellas, porque las de vidrio te las pagan más, pero según cuáles, las de plástico transparente tienen un precio, las de color otro, las de plástico verde y celeste no valen mucho, y todo lo que sea metal te lo pagan bien, a mí no a mi papá. Cuando nos encontramos algún cable o alambre, bueno, saltamos y lo festejamos, a veces, sabés, sueño con las cosas que me encuentro y cuando me despierto, me despierto triste porque no tengo lo que me había encontrado.

Papá Noel, me contaron unos chicos que conocí en la Capital que vos sos muy bueno y que cumplís lo que te piden, nos podés regalar una camioneta de verdad para ir a la Capital y no tener que viajar tanto y traer todo ahí. Quiero una camioneta amarilla, con luces en el techo, así todos la miran, pero quiero que podamos llevar a nuestros vecinos también, porque ellos son mis amigos y muchos no van más a la escuela porque se enferman siempre de tanto trabajar. Como mi papá con su papá van juntos a vender las cosas que sacan, entonces también comemos juntos a veces. Lo que pasa es que cuando se juntan, también se ponen a tomar y se ponen a hablar de las casas que construían cuando tenían trabajo.

Querido Papá Noel, no puedo escribir más, me voy a dormir. Sino podés regalarme lo que te pedí, traeme algún juguete porque todos los que tengo me los encontré en las bolsas que reviso, Si podés regalarme una pelota de cuero, me voy a poner contento y voy a jugar con mis hermanos y mis amigos. Te pido también que mi mamá no se ponga tan triste cuando volvemos a casa y no puede cocinar porque no tiene con qué, que mi hermano mayor no se quede siempre en la calle, le puede pasar algo. Papá Noél, no quiero que vaya tanta gente a la Capital porque no nos alcanza a todos, gracias si me traes algo.

Igual, si sos tan bueno como dicen, vas a saber qué es lo que quiero pero ahora lo que quiero es dormir, después de jugar en mi casa. Ayer, cuando llegamos de trabajar con mis hermanos y mis vecinos hicimos una guerra de agua con la canilla de la calle. Estuvo muy bueno. Ayudame, Jorgito.

Inés María Correa asesora a la diputada Estenssoro en temáticas relacionadas con la niñez. Ha recibido una mención especial en el rubro medios gráficos en el Premio Gota en el Mar al Periodismo Solidario, en el año 2004, por sus publicaciones en el Diario La Nación. Esta carta formará parte de un libro que está preparando.

Patrimonio escultórico de la Ciudad de Buenos Aires, Palermo: Parque 3 de Febrero

Por Martín Raventos / 13 de Diciembre de 2006

Tenemos el agrado de invitarlos, el próximo lunes 18 de diciembre, a las 19 horas, a la presentación del libro “Patrimonio escultórico de la Ciudad de Buenos Aires, Palermo: Parque 3 de Febrero”, de la Dra. María del Carmen Magaz, asesora de la diputada Estenssoro ante la Comisión de Patrimonio y en la Comisión de Evaluación de Obras de Arte en el Espacio Público.

Presentarán la publicación el Decano de la Facultad de Filosofía, Historia y Letras de la Universidad del Salvador, Esc. Juan Carlos Lucero Schmidt; la diputada María Eugenia Estenssoro y la Vicepresidenta del Comité de Paisajes Culturales del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), Dra. Sonia Berjman. Se proyectará un powerpoint con imágenes del patrimonio escultórico del Parque 3 de Febrero.

Lugar: Universidad del Salvador. Auditorio San Ignacio de Loyola. Tucumán 1845.

Horario: 19 hs.

Fecha: 18 de diciembre de 2006.

Mi proyecto de ley de voto electrónico

Por Maria Eugenia Estenssoro / 11 de Diciembre de 2006

votoe06.jpg

¿No es hora, luego de varias pruebas piloto, de que los argentinos podamos contar con el sistema de voto electrónico (VE) para las elecciones políticas? ¿O acaso esto no sucede por la primacía de los intereses partidarios?

En las últimas elecciones presidenciales brasileñas los resultados estuvieron disponibles en dos horas mientras que en Misiones tardamos una eternidad para conocer los resultados y en medio de las denuncias de fraude. Por mi parte, he decidido presentar ante la Legislatura Porteña un proyecto de ley de Voto Electrónico, que pueden descargar a continuación: veestenssoro.pdf

Del abanico de herramientas de modernización del estado (1) y de participación ciudadana que existen, el voto electrónico es un salto cualitativo que lleva a una mayor transparencia del sufragio universal. Reemplaza la boleta de papel y la urna tradicional por una urna electrónica que almacena los datos introducidos por los votantes y realiza automáticamente el conteo de los votos, transmitiendo la información al centro de cómputos e imprimiendo un certificado de escrutinio para las autoridades de mesa pocos minutos después del cierre del comicio. Permite exactitud en el recuento de votos y celeridad en el trámite post-comicial ya que se tienen los resultados casi definitivos en dos o tres horas.

Ley porteña de Código Electoral

Corresponde aclarar que el voto electrónico no puede ser aplicado en el actual contexto jurídico. Para que esto sea posible, los Legisladores de la Ciudad deberemos dictar una Ley de Código Electoral que lo permita. Mientras esto no ocurra, rige supletoriamente la Ley de Código Electoral Nacional (Ley 19.945 y sus modificaciones) que no prevé ningún mecanismo de voto electrónico y por lo tanto inhabilita esta posibilidad.

Por eso es imprescindible cumplir con el mandato establecido en el Art. 69 de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que señala que “…Una ley sancionada con mayoría de los dos tercios de los miembros de la Legislatura debe establecer el régimen electoral…”. En este caso, esta nueva ley de Código Electoral deberá actualizarse para permitir la utilización de nuevas tecnologías. Así ocurre en la provincia de Buenos Aires que cuenta con una moderna legislación que permite el desarrollo y la aplicación de nuevos mecanismos de votación, incluyendo el voto electrónico.

Insisto en que el obstáculo más importante a vencer en este proceso de modernización es la voluntad política. Con lo cual, he decidido tomar la iniciativa de trabajar sobre un proyecto de ley de Código electoral que pronto ustedes podrán leer en este blog.

Ausente en la agenda política

votoe06min.jpg¿Por qué el voto electrónico es apenas una nota marginal en la agenda política en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2)?

Razones objetivas

El costo. El argumento del elevado costo de montar un sistema electrónico para llevar adelante una votación de este tipo sólo tiene relevancia si tomamos en cuenta un único acto eleccionario (3). Evidentemente, por muy onerosas que sean las boletas impresas y el armado del comicio tradicional, su precio es ostensiblemente menor que la infraestructura necesaria para una elección de voto electrónico. Pero esta miopía es injustificada. A diferencia de las boletas impresas que deben ser reimpresas cada vez que se presenta una oportunidad de elegir cargos electivos, cargos partidarios o consultas populares, las máquinas de VE tienen una vida útil considerablemente prolongadas y suficiente versatilidad como para adaptarse fácilmente a estos distintos escenarios. (4)

Razones subjetivas

La posibilidad de un megafraude. El apego a la cultura del papel y la necesidad de “manipular” las boletas es aún tan fuerte que pareciera difícil confiar nuestro voto a una máquina. Para algunos, planea la sombra del megafraude mediante la utilización de algún algoritmo que engorde los números de un candidato en desmedro de otro. Las fallas eléctricas, los virus y los sabotajes de hackers son también argumentos esgrimidos. Evidentemente todas estas cosas pueden ocurrir, pero no sin un costo político tan alto que resulta difícil imaginarlo. Estaríamos ante un plan orquestado en todos los niveles de ejecución y control.
Por otro lado, la inclusión de programas “abiertos”, con los códigos fuente a disposición del público especialista y la posibilidad de auditar desde distintos estamentos (partidos políticos, estado, empresas privadas u ONG’s) garantiza transparencia al acto eleccionario y confiabilidad al resultado obtenido.

Barrera Cultural. Pensar que un sistema como el VE no puede aplicarse porque no estamos “preparados” o educados para su correcta utilización y que muchos ciudadanos sin acceso a tecnologías informáticas quedarían excluidos de su utilización, es un argumento políticamente incorrecto y peligroso.
La negativa a facilitar mecanismos de decisión amparados en argumentos de incapacidad es un típico argumento totalitario, usado por muchos gobiernos argentinos a lo largo de nuestra historia. Si realmente existen problemas de adecuación de los ciudadanos al sistema de VE la solución no es postergar el sistema, sino acelerar la capacitación.
La barrera cultural existe en la medida en que nos propongamos mantenerla.

(1) El proceso de modernización del estado es uno de los temas que debiera generar más debates políticos entre quienes tenemos la responsabilidad de gobernar o legislar. Y esos debates debieran producir conceptos innovadores en materia de gestión pública que permitan dinamizar y modernizar al estado. Lo cierto es que las sucesivas crisis políticas, económicas e institucionales que ha padecido nuestro país llevan a fijar la atención en los problemas coyunturales y en los mecanismos que permitan sostener a las instituciones de la República. Sin embargo, una lectura atenta de la sintomatología política Argentina, permite ver en la falta de modernización del estado y en los mecanismos obsoletos de gestión y de control, una de las causas de nuestras recurrentes crisis.

(2) Recientemente se realizaron en la ciudad de Buenos Aires pruebas pilotos de voto electrónico, mediante la utilización de máquinas denominadas SAES 3000, que no sólo resultan fáciles de usar sino que además cuentan con la aprobación de la ONU respecto de la seguridad y exactitud del conteo de votos. Esta tecnología es la que se usa en Venezuela y ha sobrevivido a las turbulencias políticas reinantes en ese país.

(3) En los próximos comicios la ciudad de Buenos Aires elegirá por primera vez autoridades comunales, según lo previsto por la Constitución y la ley 1777. Posiblemente se conformen partidos políticos locales que competirán por puestos en la Junta Comunal y que deberán utilizar los mecanismos electorales vigentes. La impresión de boletas será, indudablemente, su mayor obstáculo. Un obstáculo que no está relacionado con la representatividad, con las ideas ni con la capacidad de sus miembros, sino con su posibilidad de financiamiento para pagar las boletas y la logística de la fiscalización. ¿Es razonable pensar que un mecanismo eleccionario pueda por sí mismo impedir o condicionar el derecho a asociarse en partidos políticos locales con posibilidad real de competir en igualdad de condiciones con otros partidos? No. El sistema de voto electrónico quiebra esta barrera espuria de participación y nivela las posibilidades de participación ciudadana a través de partidos políticos no tradicionales.

(4) La industria del hardware y del software relacionada con el VE puede convertirse en una inmejorable oportunidad para empresas de tecnología nacional. India ha generado una importante industria nacional de hardware a partir de la experiencia del VE que nosotros podemos imitar.

esta nota fue escrita junto con Oscar Zúccolo, quien me asesora en la Comisión de Decentralización y Participación Ciudadana.

Fileteado porteño: una historia de flores, gardeles y dragones

Por Maria Eugenia Estenssoro / 4 de Diciembre de 2006

fileteado caballito 15.jpg

Hacia fines del siglo XIX y principios del XX, los carros de los proveedores de alimentos que solían recorrer los barrios de Buenos Aires, florecieron en una explosión de formas sinuosas y colores restallantes que le otorgaron a la ciudad una particular fisonomía. En pleno auge de esa pasión decorativa fueron perfilandose los elementos de la iconografía característica de lo que hoy conocemos como el “Fileteado Porteño”: flores de acanto, volutas intrincadas, dragones, imágenes de vírgenes y, sobre todo, retratos de Carlos Gardel, fusionando definitivamente la imaginería porteña del tango con el arte del fileteado.

fileteado caballito 16.jpg

Posteriormente, en razón del crecimiento de la ciudad y de la cada vez mayor cantidad de vehículos automotores, se prohibió la tracción a sangre y así el fileteado pareció desmayarse agónicamente de tristeza, en una ciudad cada vez más veloz y también más desangelada.

Pero al poco tiempo, los viejos fileteadores tomaron impulso y arremetieron, pincel en ristre, contra camiones y colectivos. La ciudad volvió a respirar aires festivos. Los espúlveros volvieron a insinuar volutas y dragones y los transeúntes, a tener sueños fantásticos.

fileteado caballito 19.jpg

Claro que hay seres a los que la felicidad ajena, cuando es sencilla y sin afectaciones, suele molestarles y siempre encuentran excusas para poner a funcionar las horrorosas máquinas de prohibir. En este caso, en el año 1975, prohibieron el fileteado de vehículos de transporte público de pasajeros.
Pero existen historias que suelen ser empecinadas: no nos equivocamos al decir que los duendes que habitan en los entresijos de la ciudad, propiciaron la supervivencia del fileteado.

fileteado caballito 21.jpg

Hoy, jóvenes artistas encuentran un camino expresivo insospechado en este viejo arte. Algunos maestros lo enseñan y, como es de esperar, si los legisladores de la ciudad se hacen eco del proyecto de la diputada María Eugenia Estenssoro (leer el proyecto:proyectofileteDip.MEE.pdf ) y el Ministerio de Cultura aporta lo necesario, pronto tendremos una sala permanente de exposición en el Museo de la Ciudad y un concurso anual con premio adquisición para estimular la producción de este arte representativo de Buenos Aires.

Fileteado Caballit 18.jpg

Alfredo Genovese

En el centenario Mercado del Progreso del barrio de Caballito, existe un rinconcito amable y acogedor llamado “el lugar del encuentro”, una especie de barcito insólito en el cual nadie sirve ni pide nada, tiene mesitas, tiene sillas pero sólo puede uno sentarse y dejar transcurrir el tiempo. En ese lugar tan a propósito, el maestro Alfredo Genovese, un artista de sólida formación académica que se especializó en el fileteado porteño y enseña este arte a numerosos alumnos de toda condición sexo y edad, realizó una muestra de los trabajos de sus alumnos. Esta muestra terminó el jueves 30 del mes de noviembre.

fileteado caballit 20.jpg

www.fileteado.com.ar/

Guillermo Roffé asesora a la diputada Estenssoro en la Comisión de Cultura.