El liderazgo de la mujer llegó antes de lo previsto / Clarín

Noviembre de 2007

La senadora electa por la ciudad de Buenos Aires, que asume en un mes, habla de un nuevo ciclo.

Silvana Boschi.
sboschi@clarin.com

María Eugenia Estenssoro parece haber encontrado la fórmula para conciliar una carrera exitosa, la familia y la pareja. Y no se muestra sorprendida por formar parte de este protagonismo femenino que se produjo en la última elección: Cristina Fernández de Kirchner presidenta; Elisa Carrió, líder de la Coalición Civica que ella integra, segunda en la elección general y principal referente de la oposición; y María Eugenia, con el voto de casi 600.000 porteños, primera senadora por la Ciudad de Buenos Aires.

Desde su espléndido piso antiguo en Barrio Norte, esta ex periodista nacida en Bolivia, hija del fallecido presidente de YPF, José Estenssoro, señala que en la política “el liderazgo de la mujer llegó antes de lo previsto”.

“En Argentina, el 70% votó a dos líderes mujeres, Cristina Fernández y Carrió, pero este enorme avance que hemos tenido las mujeres se da también en Chile, en Francia, en Alemania, se está dando en los Estados Unidos… Creo que se dio más rápido de lo que pensamos”, asegura.

Con tres hijos adolescentes que viven con ella, y una pareja que habita, jardín de por medio, en un loft acondicionado en la misma planta baja donde está su departamento, María Eugenia admite que, más allá de la velocidad, este nuevo ciclo en la política era algo previsible.

“Desde hace medio siglo las mujeres nos estamos capacitando, tenemos la misma preparación y mejores promedios en las universidades. Pero el hecho de que se elijan mujeres -agrega- expresa también el deseo de reconciliar la política con algo más humano, más sensible”.

¿Por qué cree que el cambio llegó más rápido de lo previsto?

Hace diez años, desde la revista Mujeres y Compañía, cuando estaba creciendo la figura de Graciela Fernandez Meijide, hicimos una encuesta sobre si la gente votaría a una mujer como presidenta. La mayoría contestó que no, porque “no tenía experiencia y porque la política era algo sucio”. Eso fue hace diez años y se habló de que hacía falta una masa crítica en la población para que se produzca ese cambio.

¿Cuánto importa la imagen en la política? ¿Se siente presionada?

Personalmente, creo que tanto las mujeres como los hombres tienen que cuidar su aspecto, pero cuando hay algo que es un poco exagerado, no me parece… Creo que en un país como Argentina, con un tercio de la población que vive en la pobreza, tenemos que ser cuidadosos, dar cierta imagen de austeridad. Personalmente nunca llamaría la atención con mi arreglo, yo uso mi ropa, no me voy a comprar otra, ni cambiar de modelo en cada lugar donde voy.

¿Como diputada porteña (asumió en 2003) enfrentó alguna reacción machista?

A veces. Cuando peleábamos por el voto electrónico, por ejemplo, me dijeron “no seas caprichosa”. Hay un poco eso de “sos loca, caprichosa, histérica”. Pero, en realidad, ni como periodista ni como política he sentido discriminación. Aunque en los medios todavía los cargos de conducción son siempre para los hombres. La tendencia en las grandes empresas de los Estados Unidos y Europa es practicar la política de la diversidad, tratando de incorporar mujeres en todos los cargos ejecutivos y gerenciales. Se hacen búsquedas específicas para cubrir parte de estos cargos no sólo con mujeres sino con integrantes de diversas minorías.

¿Hay algo que le desilusiona de la política?

Sí, que en política ser independiente no está permitido. Tenés que alinearte, pero el ciudadano está esperando una respuesta, y yo no soy dogmática.

¿Cuál va a ser su primer proyecto como senadora?

Convertir a todos los planes Jefes y Jefas de hogar en un ingreso para todos los chicos, desde que nacen hasta los 18 años, que permita a los padres alimentarlos y mandarlos al colegio, y que ellos puedan trabajar, porque ahora hay quienes tienen temor de perder ese subsidio, que es miserable.

¿Cuál es su principal defecto para el mundo de la política?

Soy ariana, y mi defecto es que soy un poco intransigente. Tengo un carácter impulsivo, pero tengo que aprender a ser más conciliadora. Internamente a veces siento la intransigencia, pero las cosas con consenso funcionan mejor.