Cromagnón, vos y yo / La Nación
30 de diciembre de 2006
Se cumplen dos años de la noche trágica en que murieron 194 jóvenes en un boliche siniestro que nunca debió estar habilitado. Otros miles de adolescentes y jóvenes sobrevivieron, pero muchos de ellos siguen marcados y lastimados psicológicamente por lo padecido desde ese 30 de diciembre.
¿Cómo se hace para restablecer la vida y la esperanza cuando se ha atravesado el horror? Como sociedad, y especialmente quienes ocupamos cargos públicos, tenemos una responsabilidad ineludible. Porque Cromagnon no les pasó a los otros, como nos gustaría creer: nos pasó a todos. Cuando un grupo o una persona son dañados, es necesario que la comunidad ponga en funcionamiento mecanismos de reconocimiento, contención y reparación. Si eso no ocurre, ese grupo o esa persona corren el riesgo de quedar dañados para siempre. Además, es importante comprender que el resto de la comunidad también quedará lastimada, porque el otro siempre soy yo, aunque la sociedad del individualismo y el sálvese quien pueda nos quiera hacer creer lo contrario.
El otro siempre soy yo. El drama de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que hasta el día de hoy no saben qué pasó con los cuerpos de sus hijos, es mi drama, el tuyo y el de todos; la tragedia de los ex combatientes de Malvinas es nuestra tragedia, porque muestra nuestra indiferencia y desamor. La frustración de la comunidad judía que todavía no encuentra justicia por el atentado contra la AMIA es nuestro fracaso colectivo. Lo mismo podríamos decir de las madres del dolor y de los padres que no se rinden, como Blumberg.
Cromagnon se inscribe en esta larga lista de tragedias personales y derrotas colectivas. Como en tantos otros casos, la Justicia arrastra los pies y exculpa a quienes tuvieron las máximas responsabilidades públicas y políticas, lo cual no hace más que profundizar las heridas.
La desorganización, la falta de información y control (¿otra vez?) sobre los servicios brindados desde enero de 2005 por el Programa de Atención a las Víctimas de Cromagnon del gobierno porteño, especialmente en lo referente a la atención psicológica y la entrega de subsidios, créditos hipotecarios y oferta de trabajo en el Estado, podría ponernos frente a otra bomba de tiempo.
En mi blog pueden encontrar un informe completo, con los reclamos que les hemos hecho a los ministerios de Derechos Humanos y Sociales, que coordina el programa, y de Salud.
Hace dos semanas, el gobierno de la ciudad (que, más allá de sus carencias, es el que más se ha ocupado del tema), lanzó un “nuevo” programa de atención a los damnificados. Al menos, en los papeles, parece querer rectificar los errores del pasado. Esperemos que así sea, porque los tres años posteriores a una catástrofe son clave para lograr la recuperación de los afectados, de acuerdo con todos los expertos consultados. Y, entre pruebas y errores, ya pasaron dos.
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