Gracias. Soy conciente de la enorme oportunidad que se me ha otorgado y la voy a cuidar
Por María Eugenia Estenssoro / 5 de Noviembre de 2007
Queridos amigos y amigas, compañeros de ruta y a todos los ciudadanos y ciudadanas que me han expresado su apoyo y me dieron su voto y con el voto su esperanza: Gracias.
También quiero agradecer a quienes no me votaron y que también han expresado masivamente sus propias esperanzas en las urnas: Gracias por el compromiso cívico .
Soy consciente de la enorme oportunidad que se me ha otorgado y la voy a cuidar.
Como Senadora de la Nación, y lo escribo con mayúsculas para tomar conciencia de lo acontecido, quiero representar a las 600 mil personas que me votaron y también a los millones que no lo hicieron. Porque ocupamos los cargos públicos para todos, y no sólo para quienes nos eligieron; lo contrario sería una visión fragmentaria y mezquina.
Como miembro de la Coalición Cívica quiero colaborar para que la democracia argentina tenga un sistema de partidos que garantice la alternancia, porque la democracia es alternancia y pluralidad; quiero trabajar por una democracia más sana, que asegure un constante desarrollo social y cultural de la población; con justicia, igualdad y trabajo decente y calificado para todos; y un crecimiento económico sostenido ; conviviendo con alegría, paz y fraternidad.
Parece una utopía imposible, pero es soñando, deseando y trabajando en el mismo sentido, como lo imposible un día se hace realidad. La ciencia ya explica lo que los sabios sabían hace milenios: que fabricamos la realidad con nuestros pensamientos, por eso es ahí donde más intensamente tenemos que trabajar, en nuestras creencias. Nuestras creencias, positivas y negativas, son decisiones que van creando la realidad.
Cada elección es un nuevo comienzo. Cada elección es un día de acción de gracias, una ceremonia cívica donde agradecemos todo lo que somos y tenemos, y donde hacemos votos, literalmente, para cuidar y acrecentar lo que se nos ha dado en guarda como comunidad.
Cada elección es una oportunidad de revisar lo que hicimos bien y lo que tenemos que mejorar, cada uno de nosotros como personas y como ciudadanos. Y muy especialmente quienes asumimos cargos públicos en representación de los demás. Ese es el espíritu con que vivo estas elecciones 2007, y especialmente la extraordinaria elección que hizo la Coalición Cívica, integrada por el ARI, el Partido Socialista, Unión Por Todos y decenas de miles de militantes y ciudadanos independientes que se sumaron a esta nueva alianza entre políticos y referentes de la sociedad civil.
Cosechamos casi 4.500.000 votos. Votos que expresan confianza, expectativas y esperanza. Gracias.
Hace cuatro años, cuando empecé este camino en la Legislatura de Buenos Aires con mis compañeros de trabajo, ahora compañeros de militancia, sabíamos que teníamos varios desafíos por delante.
En primer lugar, encarnar aquellos valores que queríamos para la sociedad, es decir, ser honestos, trabajadores, generosos, fraternos entre nosotros y con los otros, capacitándonos humana y técnicamente cada día para la tarea que se nos había encomendado. No se puede ser mejor político que persona, decíamos, por eso pusimos tanto o más énfasis en lo humano que en lo técnico, porque sólo podemos dar aquello que somos como personas. La revolución es de las conciencias y las personas, no de las ideologías. Las ideologías cambian y pasan según las épocas y los contextos ; en cambio, lo mejor de nosotros como seres humanos es eterno, es el tesoro que está ahí siempre, preparado para sanar y enaltecer la humanidad.
En segundo lugar, sabíamos que teníamos que buscar y crear con otros, porque la política se hace con otros, de a muchos, de a millones, un espacio político potente, viable, moderno, donde la honestidad, la generosidad y la idoneidad fueran sus banderas principales. Agradezco haber encontrado en Elisa Carrió a esa líder infatigable y transgresora, que conjuga humanidad con idoneidad, verdad con coraje y justicia, y que se animó a hablar del Amor, con mayúsculas, que es el Amor al prójimo de todas las religiones, como el principio y el fin de la política.
Amor y Política de eso se trata, para mí, la Coalición Cívica. De dar lo mejor de nosotros con amor, con respeto al que piensa diferente, incorporando a todos los que quieren profundamente a nuestro país, con una enorme diversidad de visiones, pero unidad de corazones, sabiendo que no se puede construir el bien común, el bien de todos, trampéandonos los unos a los otros. El bien común sólo se alcanza con verdad y fraternidad. Eso para mí es la Coalición Cívica.
Hacia adelante tenemos el gigantesco desafío de consolidar y acrecentar esta fuerza política que hoy es la segunda fuerza nacional para ser gobierno en el 2011. Es un desafío gigantesco, y más humano que político.
¿Por qué digo que ésto? Porque tenemos que aprender a trabajar juntos, como grupo, un grupo que abarque a miles y hasta millones de personas, respetándonos, sumando más que restando, buscando siempre lo que nos une y no lo que nos diferencia, eligiendo confiar en lugar de desconfiar, abriéndonos a posibilidades que previamente no habíamos considerado.
Como decía al principio, no podemos ser mejores políticos, ciudadanos o profesionales, de lo que somos como personas. De lo que se trata es de mirarnos hacia adentro y preguntarnos ¿qué más tengo que mejorar? ¿Qué más puedo dar?
Como dijo un gran sabio, que además de hombre comprendió que era un Dios, y hablo de Jesús de Nazareth, parece difícil, casi imposible, pero si buscamos adentro, en nuestro corazón, el resto viene y vendrá por añadidura. Lo sé, porque me ocurre todos los días. Como esta maravillosa banca de Senadora Nacional, con todas sus oportunidades y responsabilidades.
Con todo mi amor y cariño, a todos ustedes, muchísimas gracias, María Eugenia.
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