¿Cuánto le costaría a la sociedad pagar en dinero las horas de “cuidado” que habitualmente donamos las mujeres?
Por María Eugenia Estenssoro / 5 de Junio de 2006En mayo asistí como panelista a la conferencia del International Women´s Forum en Madrid. El tema general era “Acortando la brecha en el liderazgo. Potenciación de las familias, las empresas y la sociedad civil.”
En representación de IWF Argentina fuimos Beatriz Nofal, Marta Oyhanarte, Luisa Cerar, Susana Malcorra y yo. Estoy muy orgullosa porque hicimos un gran papel, como panelistas y participantes, y generamos mucho interés para la Conferencia de IWF en Buenos Aires, que se realizará en mayo de 2008. Esperamos unas 400 visitantes.
Susana participó como oradora en el debate sobre el “Liderazgo de la mujer en la sociedad civil”. Como Directora Ejecutiva Adjunta del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, nos acercó la realidad más dura, esa que la mayoría de quienes estábamos en la elegante sala del Palace Hotel no conocemos en forma directa. “Yo les voy a hablar de los 800 millones de mujeres, hombres y niños que cada noche se van a dormir con hambre, sin saber si al día siguiente tendrán qué comer,” dijo. Nos quedamos heladas. Susana explicó que la ONU ha comprendido que la manera más efectiva de que la ayuda alimentaria llegue a los necesitados es involucrando en su distribución a las mujeres de las organizaciones de la sociedad civil. “Así se evita que la comida se revenda sin llegar a destino, y además mandamos una poderosa señal de jerarquización de la mujer a comunidades donde está totalmente sometida,¨ dijo.
A mi me encantó ver a Susana, ex CEO de Telecom y una de las ejecutivas más reconocidas de América Latina, compenetrada en su nuevo rol como funcionaria de un organismo internacional dedicado a la ayuda humanitaria. Pensé, ¡qué valioso será cuando Susana regrese a la Argentina con la experiencia verdaderamente global que está adquiriendo! Además, me parece algo muy potente aplicar su probada capacidad de gestión a gran escala a temas sociales. Hace unos años, cuando dejó Telecom., ella me dijo que lo social y lo político, sus amores de juventud, eran una asignatura pendiente. Me alegra ver mujeres como ella que se animan a cumplir múltiples sueños.
Compartir la tarea del cuidado
De la Conferencia, para mí lo más notable fue que en todos los paneles, con oradoras de alto vuelo, terminamos hablando de hijos, parejas, esposos y padres mayores, y de lo arduo que nos resulta armonizar nuestros roles como políticas, ejecutivas, profesionales o líderes sociales y como “proveedoras de cuidado y cariño”. Es claro, dijo una académica inglesa con estadísticas en la mano, que seguimos siendo “las principales proveedoras de cuidado” de la humanidad. Y me pareció que después de décadas de “emancipación” y participación en el mercado laboral y la vida pública, hemos descubierto que queremos ocuparnos de nuestras familias y nuestros seres queridos porque los afectos nos importan, es lo que le da sentido a la vida. Lo que no puede continuar es que no compartamos esta tarea equitativamente con los varones.
Para solucionar este problema social, surgieron dos propuestas que me parecen importantes. Una sería valuar en dinero, porque la sociedad de consumo sólo valora lo que tiene precio, cuánto le costaría a la sociedad pagar en dinero las horas de “cuidado” que habitualmente donamos las mujeres. Habría que incluir este monto en las cuentas nacionales y empezar a hablar de este tema con cifras concretas. ¿Qué pasaría si un día las mujeres nos declaráramos en huelga de cuidado? ¿Qué pasaría si dejáramos de donar nuestro tiempo como proveedoras de cuidado, y las familias, los empresarios los funcionarios y los varones en general, tuvieran que comprarlo? Tal vez tenemos que pasar a la acción, y pensar en iniciativas de concientización y negociación del tipo “vecinos de Gualeguaychú con las papeleras”.
“Caras y una carga”
Otra conclusión fue que las leyes de “apoyo” o las que “benefician a las mujeres”, deberían aplicarse a los dos sexos por igual, rebautizándolas como leyes de “protección o promoción de la familia”. De lo contrario, seguiremos soportando el estigma de que somos “caras y una carga” para los empleadores. ¡Encima que donamos incontables horas de cuidado y afecto a la sociedad, y que por igual trabajo nos pagan entre un 60 y 30% menos que a los hombres, nos consideran caras y una carga!??
¿Hoy, qué ocurre, por ejemplo, cuando una mujer toma licencia por maternidad? En países avanzados como Suecia es de 18 meses, y llega a 30 si la madre toma otros 12 adicionales sin goce de sueldo. Este beneficio termina perjudicándola, porque el empleador la percibe como una carga.
En la Conferencia nos preguntamos ¿qué pasaría si los padres, ambos, varón y mujer, tuvieran derecho a una licencia por paternidad, y entre ellos decidieran cómo compartirla? Se empezaría a crear conciencia de que la familia es responsabilidad de ambos sexos. Mujeres y hombres acordarían quién, en distintas etapas de la vida familiar, le dedicará menos intensidad a la carrera profesional o laboral, para dedicarse al hogar, los hijos o los padres ancianos. Para esto, es necesario que instalemos como prioridad de la agenda pública, que las sociedades tomen conciencia de lo valioso que es cuidar de las familias, y que justamente por eso debe ser una tarea valuada económicamente y compartida por mujeres y varones, y protegida por leyes de promoción de la familia.
En este sentido, en España están debatiendo una ley de igualdad de género que parece muy adelantada, y recomiendo analizarla.
Un dato impactante
Saadia Zahiri, directora del programa de Mujeres Líderes del Foro Económico Mundial, presentó los datos de una encuesta realizada por esa organización entre presidentes de empresas. Dijo que “no hay ningún país en el planeta donde exista la equidad laboral entre varones y mujeres”. Siempre ganamos menos y se nos ofrecen menos oportunidades. Me gustó saber que Saadia, una joven paquistaní de sólo 23 años, tan bella como inteligente, había estudiado en Smith College, una de las pocas universidades para mujeres que todavía quedan en Estados Unidos y en el mundo. Allí estudié yo también, claro que hace algunas décadas.
En la próxima entrega contaré qué dije como participante del panel sobre “Liderazgo y género, un panorama global”.
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