Ley de protección integral para prevenir, sancionar, y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrolle sus relaciones interpersonales (26-11-08)
Señor presidente: desde hace años, uno de los problemas que más preocupa a la sociedad argentina es la inseguridad. Cada vez que alguna persona sufre un robo, es víctima de actos de crueldad o muere porque es asesinada, hay estupor, bronca, indignación y miedo en nuestra sociedad. Sin embargo, no registramos que cada año mueren más mujeres víctimas de violencia, generalmente en sus hogares, que personas por robos o incidentes en la calle. Las estadísticas muestran que son mayoría las mujeres víctimas de violencia; de actos graves de violencia tales como el asesinato, la violación, la vejación o el abuso.
Las que no los hemos sufrido somos la minoría. Es importante que todos y todas tomemos conciencia de esta circunstancia. A pesar de ello, este problema no está al tope de la preocupación de la sociedad argentina, de allí la importancia de esta ley.
Lamentablemente, no se trata de un fenómeno que se da sólo en la Argentina, sino que es global. Por eso, en 1993, las Naciones Unidas instituyó el 25 de noviembre -precisamente, ayer- como el Día para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Justamente ayer, dio comienzo la conmemoración de esa fecha en los países que adhirieron, en los que se realizará una serie de actividades que van a durar dieciséis días, tendientes a reflexionar sobre este problema.
La violencia contra las mujeres no ha disminuido con nuestro ingreso a distintas áreas de la vida pública. A pesar de los avances legislativos; del avance en la consideración de que la violencia contra la mujer constituye la violación a un derecho humano, las estadísticas no muestran que desciende la violencia contra las mujeres sino todo lo contrario. Esta violencia es tan generalizada como invisible. Y lo paradojal es que, a pesar de estar tan expandida, es igualmente invisible. Todavía es parte de una cultura patriarcal, paternalista -de siglos, de milenios-, que consideraba que las mujeres no teníamos almas; que no teníamos una razón o un cerebro suficientes como para ocuparnos de nosotras mismas. Por ende, no teníamos derechos humanos propios y, en consecuencia, necesitábamos a varones -padres, esposos, hermanos- que cuidaran de nosotras; incluso, que era necesario que nos abusaran o castigaran porque nosotras solas “no podíamos” o “no podemos”. Esa cultura sigue arraigada en las sociedades de todo el mundo y es la que genera esa violencia que hace que el lugar más peligroso para muchas mujeres no sea la calle sino la habitación conyugal.
Les recomiendo a todos los presentes que vean una maravillosa película española llamada
Te regalo mis ojos, donde la trama muestra a una mujer y a su marido tratando de salir de una situación de violencia en su hogar. Uno puede ver en la película a hombres que concurren a talleres para tratar de modificar esta pauta de violencia. Cuando el psicólogo los lleva a identificar qué genera esos exabruptos, se advierte que no es una cuestión de temperamento o arrebato pasional. Recordemos que siempre se ha dicho que, como es más fuerte, al hombre “se le va la mano”. De esa forma se ha tratado de catalogar este tipo de actitudes.
Volviendo a la película, allí se ve cómo salen a la superficie situaciones en que el hombre no puede controlar a esa mujer. Entonces, cuando esa mujer tiene deseos de estudiar o de trabajar -o sea, de algo que él no le puede proveer-, esta actitud le provoca una inseguridad tal que lo motiva a someterla, a aplastarla y, en algunos casos, incluso, a matarla. Esa es la matriz, y uso una palabra femenina, porque “matriz” tiene que ver con útero, con gestación.
En definiva, este paradigma todavía está en la cultura. No solamente está en los varones sino también en las mujeres, que, a veces, creen que por su culpa el hombre tuvo que pegarles; que solas no pueden; que si abandonan esas relaciones de protección no saben lo que les puede ocurrir.
Todavía hay muchísimo por hacer en este tema. Por eso, este proyecto de ley es fundamental, así como este debate que estamos teniendo. Lamento que ahora seamos tan pocos aquí, porque este es un tema importantísimo.
Si nos preocupa la violencia en nuestro país, tenemos que saber que las niñas, las adolescentes y las mujeres adultas son las mayores víctimas, mucho más que los que lo son por asesinato, secuestro o robo; mucho más que los casos que se publican en los diarios todo el tiempo. La violencia mayor que hay en nuestra sociedad es contra las mujeres y esta violencia es tan generalizada como invisible. Por eso es importantísimo el proyecto que ley que vamos a sancionar hoy. Constituye un paso adelante muy grande, porque nos da una dirección. Es una política de Estado.
Además, como señaló la senadora Gallego, es muy importante que este proyecto de ley haya sido fruto del consenso de muchísimos proyectos que se han presentado durante años. En ese sentido, para que tengamos políticas de Estado, para que cada nuevo gobierno no cambie su actitud en la materia con giros de 180 grados, para que no estemos “en ningún lugar”, este consenso es realmente de suma importancia. Sería muy importante que pudiéramos hacer lo mismo en una política agropecuaria, en una política previsional y en una política energética. De eso se trata cuando queremos construir políticas de Estado. Por eso, quiero celebrar el paso que estamos dando hoy.
También es importante señalar que hoy en día, el Estado argentino y este gobierno -no solamente el de la presidenta Cristina Kirchner sino también el del ex presidente Néstor Kirchner- han hecho muy poco en materia de la defensa de los derechos humanos de las mujeres en nuestro país. Esto no lo digo yo sino que lo dijo ayer el director de Amnistía Internacional, que vino al Senado a la Comisión Especial Banca de la Mujer para presentar un informe sobre violencia de género contra las mujeres en la Argentina. Se trata del seguimiento de otro informe que se presentó hace cuatro años. Al respecto, el señor Rafael Barca dijo que en los últimos cuatro años, no ha habido progresos en la Argentina, que no se han notado progresos en esta materia. Además, ¿qué tipo de asistencia recibe una mujer que recurre a algún organismo oficial, ya sea nacional, provincial o municipal? Textualmente, dijo que “esto es una lotería de código postal”; que no se sabe cómo las van a atender porque no hay protocolos o estándares; que es realmente una lotería el tipo de asistencia que van a recibir.
Cuando venía para aquí, miraba unos carteles -me parece interesante que haya campañas de concientización- en los que se dice a las mujeres: “Animate a denunciar”. La palabra “animate” me pareció que no está a tono con el sufrimiento de una víctima de violencia, de lo que tiene que hacer para animarse a denunciar y a salir de una situación como ésta. En definitiva, no me pareció una expresión muy apropiada. Sin embargo, ayer nos decían los representantes de Amnistía Internacional que muchas víctimas, una vez que se animan y dan el paso, después caen a un precipicio.
Entonces, es importante que sepamos que en los últimos cuatro años no se ha hecho lo suficiente, según este informe que se puede consultar en la página de Amnistía Internacional.
Este representante, también, dijo que habían enviado cartas a la presidenta Cristina Kirchner y a sus ministros para ponerlos al tanto de este informe y para que los distintos ministerios tomaran medidas. Lo cierto es que no recibieron respuesta alguna.
Una recomendación que se hace allí es que para que la eliminación de la violencia de género contra las mujeres sea un hecho real, resulta importante que las autoridades de máxima jerarquía de un país, de una provincia o de una municipalidad sean quienes condenen estos actos o promuevan acciones para erradicarlos de una manera contundente y permanente. Es decir que la mejor campaña es cuando uno ve comprometidas a las máximas jerarquías de los gobiernos, y eso no se ha visto en los últimos años en nuestro país.
También quiero señalar -y no es para ser aguafiestas sino para que no nos quedemos en lo discursivo- que le estamos dando una responsabilidad muy grande el Consejo Nacional de la Mujer. Sin embargo, le asignamos una partida muy magra cuando se sancionó el presupuesto hace poco tiempo: apenas 5 millones de pesos; esto significa una reducción del 17 por ciento. Cabe destacar que el Consejo Nacional de la Mujer depende de la Presidencia de la Nación y que mientras su presupuesto ha decrecido un 17 por ciento, el presupuesto general y el de la Presidencia en particular han aumentado.
También podemos observar la poca importancia que el tema tiene en el organigrama presidencial y en el presupuesto. Digo esto porque mientras el Consejo Nacional de la Mujer tiene un presupuesto de 5 millones de pesos, por ejemplo, la Dirección de Prestaciones Turísticas -dependiente de la Secretaría de Turismo- tiene uno de 47 millones. Repito: 5 contra 47. En el caso de la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares, que es importantísima -y hasta necesitaría un monto mayor-, tiene 24 millones de pesos de presupuesto. Esto, evidentemente, contrasta con el presupuesto de 5 millones de pesos del Consejo Nacional de la Mujer, cuyo objetivo es erradicar y cambiar la cultura de un país.
Otro ejemplo es el de la Dirección Ejecutiva de Difusión y Concientización de Protección del Patrimonio Cultural del Museo de Bellas Artes, que recibe un presupuesto de casi 12 millones contra sólo los 5 millones que percibe el Consejo Nacional de la Mujer.
En consecuencia, espero que el gobierno tome medidas concretas. Este es un pedido que hago también a la banca del oficialismo y al observatorio previsto en este proyecto de ley, a fin de que podamos ver resultados y cambios concretos no sólo en el presupuesto sino también en la jerarquización del Consejo Nacional de la Mujer, para que ésta sea una proridad del Estado nacional. (Aplausos en las bancas y en las galerías).
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Al referirse a las personas que pueden efectuar la denuncia, respecto de quien lo haga por pedido de la agraviada, quiero que se agregue que se debe guardar reserva de la identidad de quien presente la denuncia, cuando aquélla así lo requiriese. La persona afectada debe ratificar en 72 horas la presentación deducida en su favor. La notificación se debe efectuar sin identificar al denunciado ni la carátula del expediente y sólo contendrá el comparendo al juzgado o tribunal.
Esto es para el caso de que las víctimas estén en una situación tal que no puedan hacer la denuncia en ese momento y pidan a un tercero que lo haga. Como decía, esto está en línea con el artículo 7/, inciso f), de la Convención de Belém do Pará.
Creo que sería una buena inclusión. De hecho, entendía que lo habíamos acordado hace un rato. Me sorprende en este momento escuchar que no fue así, porque -repito- creo que sería una buena inclusión. Hay muchas mujeres que están como en un estado de shock.
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