Reunión con Ken O’Donnell (16 de junio)

Versión Taquigráfica

En el salón Eva Perón del Palacio del H. Senado de la Nación a las 16 y 15 horas del 16 de junio de 2009, luego de la presentación de todos los presentes dice la,

Sra. Estenssoro. — Quiero agradecer la presencia de todos.

Me parece una paradoja que vayamos a hablar de cómo se lidera en medio del caos y acá después de que cada uno se presentó hay mucha armonía y eso tiene que ver con lo que vamos a hablar. Crear armonía es una elección que uno hace. Uno puede crear conflictos, guerras o competencia, pero no lo hace. Ese es uno de los valores que queremos poner en la política. El otro día con el rabino Bergman lo definimos como “espiritualidad cívica” y comentábamos por qué no llevar esa espiritualidad que desarrollamos en nuestras casas, con nuestros hijos o en un templo o en una mezquita a donde vamos si es que realmente queremos transformar la sociedad. Ese es el tema de hoy. Los hemos invitado porque queremos que esto se expanda y que ocupe un lugar en el Senado y en la política. Para eso vamos a necesitar mucha gente que colabore. Esta es la primera reunión y estamos muy contentos de que Ken O´Donnell sea el primer invitado, amigo, maestro, que venga a hablar de otra manera de liderar.

Tiene la palabra el señor Ken O´Donnell.

Sr. O´Donnell. — Muchas gracias María Eugenia, Aroldo. Me siento muy bien aquí entre ustedes. Somos de la misma tribu. Se siente, ¿no es así? Compartimos tantas cosas.

El otro día estaba pensando sobre un animal que vive en el mar que se llama carabela portuguesa, es un tipo de medusa que posee unos filamentos de aproximadamente 10 metros y son un peligro para los surfistas porque deja unas marcas muy fuertes.

Leyendo más sobre el animal, descubrí que está conformado por miles y miles de pequeños organismos que tienen distintas funciones dentro de la medusa. Parece increíble que organismos que podrían vivir separados cada uno haciendo sus cosas se junten y compartan propósitos y un destino. Esa es la mayor dificultad para las iniciativas que proponemos para mejorar el mundo. Hay muchas iniciativas pequeñas. Y la dificultad que encontramos es unirnos. La unidad tiene un significado mayor, es la unión de propósitos y destinos.

Acá supongo que debemos tener todos buenas intenciones, quienes tengan malas intenciones, que se retire, por favor. (Risas.)

Hay algunas cosas que tenemos que tener en cuenta, debemos poner nuestras intenciones en la práctica y ver la forma concreta y final de nuestras intenciones. El caos tiende a dificultar el proceso de construcción. Primero porque tiende a generar mucha espuma de ideas, de pensamientos que cuanto más pensamos —paradojalmente— más nos debilitamos. Podemos pensar menos y lograr más. Hoy en día se habla mucho de sustentar y una gran parte de sustentar es cuidar. Si queremos aprender cómo crear un mundo sostenible, basta ver cómo las madres cuidan a sus niños. No todas, la mayoría. El arte de cuidar, sustentar y nutrir es la esencia del liderazgo.

No es que alguien automáticamente sea un líder, que alguien lo tenga puesto o, como lo dice el diccionario, alguien que arrebaña seguidores, hay tres tipos de líderes. Los innovadores que quieren generar algo completamente distinto; los reformadores, que quieren reorganizar el pasado de una manera mejor y un tercer tipo que, no se encuentra mucho, es el inspirador. Es alguien que es capaz de inspirar a la gente, tal vez con un acto o un gesto que se acerca a los corazones. Evidentemente, María Eugenia está tocando personas en ese sentido y seguramente aquí hay personas que han inspirado a otros. Llegar a conquistar la cooperación de otros es la esencia del liderazgo. Y, frecuentemente, la capacidad de inspirar a través de cariño, cuidado y amor va por el espacio en contra de las contingencias y dificultades caóticas. Cuando las cosas son como una piscina de agua parada, es fácil nadar y llegar al objetivo. Pero, usar la misma mentalidad en un mar bravo, no lleva al éxito. Muchos de nosotros fuimos preparados y esperamos que las cosas… Actuamos muy bien en agua parada, pero no actuamos bien en mar bravo. No tenemos toda la capacidad. Parcialmente, la tenemos.

Este factor de no abandonar la esencia del liderazgo que es el cuidado… Ser bombardeado por situaciones caóticas que nos roban la capacidad de un foco más claro… Tenemos que cuidar estas dos cosas en situaciones caóticas.

El año pasado, estuve con un grupo de ministros de planificación en Brasil, unas veinte personas. Inicialmente, hicimos un trabajo de autoliderazgo con dos o tres ministros del gobierno, secretarios y directivos de varios ministerios. Fue interesante. Nunca habían hecho una cosa así. Tenemos un amigo cercano a Lula. Es su secretario particular y organiza su agenda. Conoce a todos. Él organizó ese evento para hacer una reflexión profunda.

Después, utilizamos la misma lógica aplicada a la propia organización del ministerio. Se pueden imaginar. Ahí estaban las personas responsables del presupuesto de la Nación, de recursos humanos y administración del gobierno. Todos ellos estaban en esa reunión. Yo sentí que la complejidad es tan grande, a pesar de sus curriculums y buenas intenciones. Hay un gran desfasaje entre lo que son capaces de hacer y lo que se les exige por la realidad. De repente no tenemos todas las habilidades que el mundo exige.

De hecho un estudio realizado por una asociación de estudiantes de medicina en Estados Unidos detectó que la complejidad crece en una forma exponencial y la capacidad de lidiar con ella crece de manera lineal.

¿Saben cuando perdimos la capacidad como raza de lidiar tranquilamente con la complejidad? Fue en el 87. Hace veintidós años atrás. Realmente, nuestra capacidad de entender el caos decrece, mientras que la desesperación crece.

Las buenas intenciones florecen, algunas pocas iniciativas aparecen y surgen cosas interesantes. Pero, la pregunta es: ¿cómo vivir con todo eso que pasa de una manera objetiva, focalizada y que garantice que nuestras buenas intenciones aparezcan?

Por ejemplo, una cosa simple. Yo lanzo una buena intención y qué pasa. Después de un tiempo, por la gravedad de las circunstancias y las cosas, se cae. Para mantenerla volando, ¿qué se necesita? Un motor. Alguien que la sostenga y también la tire.

Pero, hay que tener una fuerza estructurada internamente que de alguna manera periódicamente se renueve. Se dice que el camino hacia el infierno, está pavimentado con buenas intenciones.

¿Cómo funciona la intención, primero? La intención genera un campo que va adelante nuestro. Interfiere con la realidad y forma eventos. Si la intención es débil, la formación de eventos no va a ser suficiente. Si la intención es clara y apropiada, el universo aplaude, si se refiere al compromiso en ese contexto del ser humano. Si alguien se compromete para, realmente, hacer algo bueno, todo el universo conspira a favor.

Esa es la experiencia que podemos observar. Hay ejemplos inspiradores que, a pesar de todo, levantan una bandera y van. Entonces, esta cosa que tiramos va a ir muy lejos, porque está sustentada por la fuerza del propósito.

Nosotros damos tiros en nuestros propios pies, porque tenemos ideas buenas pero tenemos miles y miles de pensamientos inútiles alrededor de las ideas buenas. Así estamos construyendo y, a la vez, destruyendo, sin percibirlo. Cuando lanzo una buena intención, pero hay una duda en el ADN de la intención, en algún momento adelante, neutraliza la intención y se cae. ¿Será que va a funcionar? Es la falta de fe. Puede ser una idea buena, pero, ¿será que va a funcionar realmente?

Si fuera así, que el universo espera, y yo no tengo ninguna intención egoísta en eso, entonces, yo puedo alimentar eso a través de servir a otro. La cosa va más allá. Nada dura para siempre, incluso ninguna civilización.

El gran historiador del siglo pasado Arnold Toynbee, tal vez, escribió la obra más fantástica sobre el estudio de las civilizaciones humanas. Él estudió veintiuna civilizaciones y encontró factores semejantes en todas las que desaparecieron, como la concentración de poder y riqueza en manos de pocos, y la incapacidad de hacer los cambios necesarios a tiempo.

Asimismo, hay que considerar un factor especial: todas las grandes civilizaciones nacieron con un grupo bien intencionados de individuos creativos, que crearon y generaron lo que había. Sin embargo, después de un tiempo dejaron de ser creativos y sólo fueron dominantes, y no merecían dominar. Entonces, en un grupo creativo, los líderes de los cambios tenían el respeto natural de todos y después de algún tiempo se convirtieron en la clase dominante. Eso sucedió en todas las civilizaciones. Ese factor, como nunca, lo vemos hoy.

Sin embargo, dentro de las civilizaciones hay cosas que duran más tiempo y otras que duran menos. Tenemos que encontrar alguna manera de renovar, de ver cómo hacerlo. No es una receta fácil, pero se puede lograr. Un ejemplo es mi propia experiencia de vida, al igual que la de muchos de ustedes. Yo llegué al Brasil desde Australia y no sabía hablar ni portugués ni español. De hecho, aprendí a hablar sobre el cambio muchos antes de poder entenderme con los taxistas. Con poco dinero en el bolso, más o menos 200 dólares, me preguntaba qué iba a hacer allí. Pero tenía una fuerte intención de servir a esa gente que nunca había visto en mi vida, quería ayudar.

De alguna manera, eso lo contagié a otras personas y entonces empezaron a preguntarse “será que podré ayudar”. Si servimos de esta manera, tal vez ustedes no sepan, Brama Kumaris hace todo su trabajo de forma gratuita, se abren muchas puertas, se democratiza la oferta y todos pueden participar. Incluso, hacemos muchos trabajos con la gente de la calle en Brasil.

Si bien es una iniciativa, yo vi que la cosa prospera a pesar del caos y de no cobrar. ¿Cuál es el mecanismo que permite que algunas cosas funcionar sin cobrar ingresos o tasas? Nosotros dictamos cursos y seminarios. Entonces, pareciera que se sustenta. La gente piensa que es una buena idea y participa. También conozco casos de proyectos interesantes y noventa y nueve de ellos no prosperan, porque alguna cosa se mezcla en el medio.

Ahora bien, ¿cómo se mantiene ese tipo de liderazgo? ¿Somos líderes de qué en esta sala? ¿Qué piensan ustedes?

Sra. Participante. — De nuestras vidas.

Sr. Participante. — De la esperanza.

Sra. Participante. — De la libertad.

Sra. Participante. — De la autotransformación.

Sra. Participante. — Yo no soy líder.

Sr. O’Donnell. — ¿Por qué?

Sra. Participante. —Me pregunto de qué soy líder, pero no sé.

Sr. O’Donnell. — ¿Usted nunca inspira a nadie?

Sra. Participante. — Sí.

Sr. O’Donnell. —Si definimos a un líder como alguien que es capaz de hacer que otra persona haga algo más a lo que es capaz que piensa que puede hacer, entonces es un líder nuevo. Ese es el tipo de liderazgo que necesitamos, personas que son capaces de arrancar ánimo y no pisar el ánimo de los otros.

Hay mucha gente que pisa los ánimos de los demás. Un líder es alguien que es capaz de reconocer el valor de los otros y que es capaz de nutrir ese valor y ayudar a la persona, conectarse a ese valor con algún resultado tangible, de hacer que alguien crea en su propia capacidad de levantarse y de hacer cosas. Es mucho más que enseñar a pescar, pero debe estimular del individuo su propia capacidad de decidir. Ese es un líder que necesitamos.

Si no pensamos qué tipo de líderes somos, podemos pensar qué tipo de líderes necesitamos ser. ¿Qué es lo que necesita el mundo? El liderazgo tiene llevarse de un punto a otro, pero ¿adónde queremos llevar la gente con todas nuestras iniciativas? ¿Cuál es el destino final de todo eso?

Sra. Participante. — La felicidad.

Sra. Estenssoro. — Me parece que nos lleva a descubrir el poder de cada uno. El poder como verbo, es decir, yo puedo. No en el sentido de que el líder puede y nos arrastra y lo seguimos, sino que el líder le muestra al otro el poder que tiene para transformarse y transformar. El poder “poder”.

Sr. O’Donnell. —En ese marco, con esa consigna, hay algunas cosas que son interesantes para reflexionar.

Desde que yo llegué de esta parte del planeta escucho la palabra crisis. Piensen en la llegada de los antepasados de ustedes a este país. ¿Por qué emigraron de Europa nuestros antepasados? Mis abuelos vinieron hambrientos de Irlanda a Australia. ¿Sus abuelos de dónde vinieron?

Sra. Participante. — De Francia y de Italia.

Sr. O’Donnell. — ¿Por qué emigraron?

Sra. Participante. — Porque escapaban del hambre.

Sr. O’Donnell. — Escapaban de la tierra, el miedo, el hambre. Creo que hay pocos aristócratas aquí. En Australia somos descendientes de presos o de guardias. De hecho, la primera institución oficial en Australia fue la Policía, es interesante, ¿no? Incluso, la Policía existía antes que el Gobierno.

Entonces, vinieron en navíos llenos de gente sin nada a cuestas, sólo con lo que cabía en sus espaldas, y enfrentaron un caos tal vez muchísimo mayor del que tenemos hoy. Creo que hoy en día estamos muy acomodados, muy confortables. Pero lo que quiero decir es que existe esa capacidad de reinventarse y ahí es donde tenemos que poner la fe.

Me referiré a dos cuestiones: al poder de identificar qué somos capaces de hacer y al efecto que eso tiene en los demás. Yo soy algo especial, y cuando digo yo soy estoy hablando en nombre de todos porque todos somos especiales y únicos. Tal vez aún no hemos descubierto cuál es nuestra verdadera función aquí. Es decir, tenemos más o menos una idea pero no ponemos mucho crédito por el caos de la situación.

Voy a contarles una anécdota de la Madre Teresa de Calcuta. Un colega nuestro nos contó que su secretaria, luego de dejar de trabajar con el fue a trabajar con el alcalde de Nueva York como secretaria particular. Un día, en Sydney ambos se cruzan y esta mujer le contó la siguiente historia. Una mañana, la secretaria estaba en su oficina y de repente recibe una llamada de Madre Teresa de Calcuta que solicitaba un encuentro con el alcalde de Nueva York para ese mismo día. La secretaría le comunicó que ello no podía ser posible por un problema de agenda y le sugirió convenir para la siguiente semana. Pero la Madre Teresa le explicó que se encontraba en Nueva York. Entonces la secretaria le propuso llamarla en cinco minutos para organizar el encuentro ese mismo día. Cuando la secretaria estaba hablando por teléfono con el alcalde, sorpresivamente, la Madre Teresa abre la puerta de la oficina para marcar la cita. El alcalde, al verla entrar a su oficina, quedó perplejo.

Se dice que la Madre Teresa de Calcuta estaba muy preocupada por el trato que recibían los presos con SIDA que, en ese momento, recién estaba apareciendo. Es por ello que tenía como propósito alojar a estos enfermos en un edificio ubicado entre la penitenciaria y la municipalidad. Entonces, el alcalde al ver que la Madre Teresa estaba decidida a lograr su propósito le manifestó que era imposible concretar su pedido porque la penitenciaria era de competencia del gobierno del Estado. Fue en ese mismo instante que Madre Teresa le pidió al alcalde que se comunicara con el gobernador del Estado y ahí mismo el alcalde llamó y todo se arreglo, en sólo media hora; por lo menos los acuerdos de esta situación. Luego la Madre Teresa se retiró del edificio.

Sra. Estenssoro. –– Tenía decisión política.

Sr. O` Donnell. –– Es que ella tenía un propósito tan noble. En sus obras describió que existía para servir a aquellos que el mundo había abandonado. Ella empezó sin nada, sin dinero y, además, tuvo que salir de su orden religiosa, incluso con su familia en contra. Sostenía que si realmente tenemos propósitos elevados, sin dudas, la realidad se inclina y las personas cooperan.

Ahora si en vez de haber estado allí la Madre Teresa hubiese estado un político, ¿cuánto tiempo hubiera llevado? En esta burocracia, ¿cuánto tiempo nos lleva designar un edificio para esta finalidad? Por lo menos, un año.

Sr. Martineli. –– Según del qué país que se trate.

Sr. O´ Donnell. –– Eso fue en los Estados Unidos, pero realmente no es tan fácil. Yo diría que es casi imposible romper la agenda de un alcalde. Es mucho más fácil acordar una reunión con senadores en la Argentina que en los Estados Unidos. Un grupo, un ser mortal, como uno, nunca tiene acceso a ellos. (Risas).En Australia sucede lo mismo, es difícil dar con la gente que toma decisiones.

Pero más allá de esto, creo que la cuando existe una capacidad de compartir un propósito y un destino común, podemos lograr una idea ecuménica, un espíritu de unión para conseguir un bien mayor.

Otra cuestión que quería mencionarles, y esto a nivel personal, es que una de las primeas cosas que se pierden en una situación caótica es el cariño y el cuidado. Una vez que sucede ello, la situación ya perdió la cabeza y los protagonistas empiezan a perder la cabeza también. Ser líder significa ser la cabeza que piensa y que orienta. Y cuando cuento esta historia lo hago para que nos demos cuenta de que tenemos que ser más suaves, más cuidadosos y más considerados. Sin embargo, esto no significa que en una situación de crisis como, por ejemplo, el incendio de una casa tengamos que estar tranquilos debatiendo si vamos a apagar el incendio con una manguera. En ese caso, debemos actuar rápidamente y llamar a los bomberos ¿Ustedes qué opinan? Hay momentos de fuerza y de decisión también. Pero si no es trabajando las relaciones humanas en las horas no críticas, no tendremos apoyo en las horas críticas.

Quiero que entre todos hagamos una reflexión. Entonces, me gustaría saber, ante un gran desafío, cuáles fueron las fuerzas que usaron para vencerlo y cómo las encontraron. Propongo que cada uno de ustedes piense en algún desafío grande que ha padecido en la vida y en qué fuerzas ha encontrado para vencerlo. Podríamos formar grupos de dos o tres personas para hablar sobre este tema.

Ante la consigna planteada por el señor O’Donnel, los participantes se reúnen en grupos de dos o tres personas.

Luego de unos instantes:

Sr. O’Donnell. — Continuamos.

Yo no quise dar una receta sobre cómo ser un líder en situaciones caóticas, porque nuestra experiencia nos enseñó mucho sobre las cosas que vencemos a pesar de lo que sea. Entonces, yo quisiera escuchar algunas de las historias en este plenario para que podamos saborear un poco esta conversación.

Sr. Brizante. — Yo fui presidente del Correo Argentino. Cuando llegamos el Correo era un desastre, y logramos lo que queríamos. Recién estaba pensando por qué lo logramos; y fue, primero, porque éramos inocentes.

Sra. Presidenta. — ¿Qué querían?

Sr. Brizante. — Ahora lo voy a decir.

Logramos lo que queríamos, y lo que queríamos —que recién lo acabo de descubrir— era que a toda la gente que no tenía comunicación, que no tenía teléfono, que no tenía un correo cerca, etcétera, al menos le pudiese llegar una carta. Eso, más la inocencia, hizo que todos lográsemos ese objetivo y sin darnos cuenta. Una cosa muy fácil.

Sr. O’Donnell. — Otra historia.

Sra. Tropelberg. — Yo voy a mencionar la mía.

Recién le contaba a María Eugenia una negativa, que es que para liderar me salía autoritarismo. Yo era profesora en una escuela y me parecía que era muy importante como tarea extracurricular la educación sexual; entonces, di por obvio que todos iban a estar de acuerdo y empecé como a pelear por eso. Finalmente me enojé, ejercí sólo autoritarismo y todo el mundo estuvo en desacuerdo. No logré lo que quería. ¿Por qué? Porque me enojaba y me ponía autoritaria. Mi entusiasmo era tremendo pero era autoritaria; daba por obvio que todos iban a coincidir con lo que yo creía que era bueno para ellos.

También conversé con María Eugenia sobre algo positivo, que fue que ante el envejecimiento de mi madre una característica que hizo que fuera muy bueno que yo pudiera ayudarla mucho era la confianza que ella tenía en mí. En muchos momentos en los cuales ella estaba en desacuerdo con muchas de las cosas que yo le proponía yo le decía “Mami, ¿te parece tal cosa?” y ella me decía “Confío en vos. De ninguna manera podrías ofrecerme algo negativo o algo que no me hiciese bien”. Entonces, me parece que la confianza hizo fluir la relación.

Sra. Anino. — No tengo una anécdota. Hablamos sobre qué hacemos frente a las dificultades, y compartía con Gerardo que frente a una dificultad o un enorme desafío hay que entregarse. Saber que la solución ya está y que lo único que voy a necesitar es aquietar mi mente y ponerme en disponibilidad de escuchar cuáles son las acciones, los pensamientos, y entonces va a surgir el camino.

En muchos casos haciendo esto he recibido la respuesta para las dificultades: disponibilidad y entrega.

Sr. O’Donnell. — Soltarse.

Sra. Anino. — Soltarse.

Sra. Artigas. — Anecdóticamente, en mi caso ha sido la oración en los momentos más complicados. Y digo “anecdóticamente” porque no pertenezco a ninguna religión, no elijo ninguna, pero se ve que soy religiosa.

En muchas oportunidades la oración bien sentida en momentos de apremio me ha dado señales extremadamente contundentes, de película, que si las cuento no me lo creerían.

Entonces, en momentos muy difíciles oro, pero en lo posible con la humildad de no anteponer mis deseos o decir una frase en el sentido de que sea perfecta y en armonía con todo el mundo. Hablábamos de gente en armonía, muchas veces lo que uno quiere no es lo que quiere el Universo. Cuando se aúna tu intención y te lo avala el Universo ahí es cuando suceden estas cosas.

Participante. — El momento más caótico de mi vida fue cuando tuvo un problema un hijo. La verdad: lo que más me ayudó fue no pelearme con lo que era. Lo primero que surgió fue no pelearme con lo que es. A partir de esa decisión de no pelearme con todos los demás algo se calmó y aparece lo que es permitido. Ese fue mi recurso.

Participante. — No lo pensamos como desafíos profesionales. Los tres tuvimos que enfrentar desafíos respecto de nuestros hijos. En momentos de caos nos preguntábamos cómo logramos llevar adelante a nuestros hijos y llegamos a la conclusión que con el amor. También surgió esa necesidad de sobrevivir y transmitirle al hijo ese amor. Pensamos que eso fue lo más importante que nos tocó. Cuando uno tiene en claro lo que tiene que hacer y lo decide no hay nadie que nos pueda sacar de este rumbo. Además en estas situaciones todos acompañan: la familia, los amigos y hasta a nivel laboral.

Ninguno de nosotros ha pensado en proyectos laborales, sino que apuntamos a desafíos de la propia vida.

Participante. — Cuando me quedé sólo con una chico de 2 años y medio no pensé que fuera un desafío. En ese momento no era un desafío, no creía que fuera un desafío. Pero a lo largo de la vida, mirando para atrás, todos tuvimos algún momento importante, pero ese es el que mantiene el “bollito” e papel en el aire, el de los afectos.

Sra. Estenssoro. — Nosotros hablamos de que frente a los desafíos nos sale el enojo autoritario, un miedo que se manifiesta como enojo. Pensé que durante gran parte de mi vida, como hasta los 30 años, me podía sobreponer, con mucho enojo y sufrimiento también. Lo que me cambió totalmente fue la maternidad.

Descubrí mi parte no profesional, racional de ponerse objetivos, sino la ternura de un bebé, de un hijo. Y como tenía que cuidarlo, al aprender a cuidarlos, me empecé a cuidar también.

Uno de los momentos más difíciles de mi vida fue mi divorcio. Con mi marido pensamos que lo teníamos que hacer con amor, sino van a sufrir mis hijos.

Después fui madre soltera de mi tercera hija, el padre no la quiso tener, ni ver. Encima, cuando me hicieron la primera ecografía encontraron un problema en un pulmón, así que era un tango. Y decidí ponerle amor a esa situación. Tanta gente me ayudó, desde el neonatólogo, que era del equipo de mi ginecóloga, fue un santo. Fue como mi padre o un hermano mayor, me acompañó todo el tiempo. Realmente fue un momento de mucha alegría, aunque fue difícil. En ese momento aprendí a pedir ayuda. Y eso me cambió y lo uso en la política también. Antes en el periodismo. Si uno pone todo la gente se involucra con vos. Si uno pone solamente la cabeza o las capacidades técnicas, ¿a quién le importa? Involucrarse en todo.

Yo no quería tener hijos, iba a ser la chica profesional. Después trabajaba en casa, con los chicos dando vueltas. Mezclé todo y en la política también.

Sr. O´Donnell. — Son muchas las historias. Tenemos que rescatar esta capacidad de percibir que hay dimensiones en estas acciones que no podemos ignorar. Por ejemplo, les pregunto: ¿quién considera que la dimensión espiritual fue un factor determinante en su vida?

Varios participantes levantan la mano.

Sr. O´Donnell. — Independientemente de la religión que sea, entiendo que la espiritualidad es una rueda con diversas puntas. Diferentes manifestaciones pero en todas hay una convergencia de los rayos de esa rueda. Hay una convergencia de cosas que podemos comunicarnos con cualquiera sea la raza o la religión. Son denominadores comunes humanos que no podemos ignorar. Esta pregunta la hice casi 500 veces en 5 países diferentes en mi vida: ¿qué es lo importante en una buena relación entre seres humanos?

Varios participantes responden fuera de micrófono.

Sr. O´Donnell. — Respeto. Sinceridad. ¿Saben qué pasó? Las 500 veces me respondieron lo mismo. Independientemente de la cultura. Tanto científicos griegos como vendedoras de flores de un cementerio aquí en la Argentina, amas de casa australianas, indígenas del altiplano boliviano, todos contestaron lo mismo.

Una de nuestras mayores aspiraciones es ser felices. Todos tenemos esas aspiraciones. Todas las culturas y las creencias más superficiales piensan así. No veo las similitudes. Y cualquier cosa que queramos hacer, el pasado que tenemos en común…

Entonces, tenemos ahora un ejercicio, para el que van a necesitar un papel y un lápiz. Para los que no tienen, hay en la mesa.

Quiero que hagan una rueda con siete rayos. En la parte del centro, pongan la palabra “yo”. Hagan siete bolitas en la punta de los rayos, conectados con la bolita central con flechas con doble sentido.

Por ejemplo, una de las características que necesitamos cultivar para un buen liderazgo, para no perder la cabeza y destruir nuestra intención es la capacidad de centrarnos y ponernos en el eje a pesar de todo lo que está pasando. Ese ejercicio nos ayuda a centrarnos y equilibrar nuestro mundo personal. Cuando soy más efectivo como individuo, tengo más impacto en el todo.

Entonces, en las tres bolitas de arriba pongan el nombre de tres de las personas más importantes en sus vidas.

Sólo en tres de los rayos, los otros cuatro son para otras cosas.

En el cuarto rayo, pongan la palabra “medio ambiente” o “naturaleza”. La que quieran.

En el quinto, mi trabajo, servicio, oficio. ¿De qué trabajo? ¿Qué hago?

En el sexto, pongan la palabra “Dios” o “el divino”. Tu expresión de Dios. La palabra que les sea más cómoda.

Por último, pongan la palabra “yo mismo”.

La reflexión es así. Primeramente, vamos a ponernos como si estuviésemos mirando nuestra vida en un escenario. Estamos sentados en un teatro y nuestra vida está pasando adelante. Estamos tranquilos observando. El cuerpo está sentado tranquilamente en la silla. Imaginen el proceso conciente, mirando a través de las ventanas, este mundo que es mi mundo.

Hay una relación con cada uno de estos elementos. La calidad del dar y recibir entre estos elementos es la calidad de la relación. Entonces, vamos a pensar en la primera persona que es importante para nosotros, cuyo nombre está ahí. Vamos a visualizar a esta persona en la pantalla de nuestra mente. ¿Qué es lo que le doy y qué recibo de positivo? Doy a esta persona y recibo de esta persona. ¿Qué siento que es la cosa más positiva que doy y la que recibo? En un lado de la flecha, escriban “dar” y del otro lado “recibir”.

No deja de ser una meditación lo que estamos haciendo.

Ahora, con la segunda persona, ¿qué doy y qué recibo de positivo? No sólo pongan la palabra, experimenten mientras escriben este dar y recibir, como si uno fuera un faro mandando esta energía al otro y, también, el otro está mandando eso para mí en este momento. Experimenten, no sólo escriban.

Piensen cómo es esa ley universal que el dar es el recibir. ¿Cómo funciona ese mecanismo realmente?

Ahora, la tercera persona. ¿Qué doy y recibo de esta persona? Lo más positivo.

Vamos a visualizar la escena de la naturaleza, del medio ambiente, lo que realmente nos gusta. Probablemente, tenemos un lugar favorito adonde vamos para sentirnos más cerca de la naturaleza. Vamos a pensar en ese lugar. ¿Qué damos y qué recibimos de positivo? Mentalmente estoy en ese lugar dando y recibiendo…

Vamos a concentrarnos en el trabajo, en el servicio que hacemos, en el oficio que tenemos. ¿Qué doy y qué recibo de positivo de mi trabajo?

Quiero que agreguemos una flecha más que señale la comunidad, la sociedad, la ciudad. Mentalmente, vamos hacia el edificio más alto, desde donde se puede ver esta comunidad de arriba, tal vez un avión o un helicóptero. Ahora, estoy mirando desde arriba la comunidad. Con este sentimiento tan genuino de servir a la gente, me pregunto qué doy y qué recibo positivo de mi comunidad. Pueden pensar, sentir…

Ahora, mentalmente vamos delante de Dios, del Creador, del Divino, aquél que es la fuente de todas tradiciones, esta energía es superior, estamos frente a este sol espiritual, ¿qué recibo y qué le doy a él? También hay que sentir el dar y el recibir.

A continuación, escriban en el papel la inspiración.

Finalmente, imagino mi propia cara, el instrumento físico que tengo, el personaje que estoy representando, el rol que tengo. Entonces, ¿qué doy a mí mismo y qué recibo?

Hay que sentir más que simplemente escribir.

Si hay algún bloqueo, también pueden usar este ejercicio para desbloquear.

Nuestra salud depende de la calidad de relaciones que tenemos, independientemente del caos que haya.

Un líder es en especial un cuidador, que aprende cuidando de elementos básicos. Quien no cuida de estos elementos básicos no va a poder cuidar muchas otras cosas.

Estos ejercicios son para corregir nuestro eje. Cuando estoy en el eje, puedo hacer mucho más. Cuando estoy lejos del eje, no voy a conseguir hacer mucho.

¿Cómo se sienten? Alguien nos quiere contar alguna inspiración o algún mensaje que le dejó este ejercicio. Quisiera que alguien que haya hablado comparta lo que sintió.

Sr. Martineli. — Este ejercicio me produce muchas dudas, porque me doy cuenta de que uno piensa más en los demás que en uno mismo. Entonces, cuando uno piensa en uno mismo se da cuenta de que todavía tiene mucho que aprender, que tiene que esforzarse mucho para lograr ese dar y recibir y viceversa. Esa es mi reflexión.

Esto de ser un líder social o emprendedor es un aprendizaje permanente. Creo que el camino es muy largo todavía. De alguna manera, esto permite expresarnos, expresarme, expresarlos y escucharlos a ustedes. Creo que es altamente positivo, es como un oasis en el medio del desierto.

Sra. Izmatch. –– Es gracioso pero este ejercicio lo hice a la mañana y lo entendí recién a la tarde. (Risas). Y me doy cuenta de cuánto tenemos que revisar nuestras relaciones para llegar al equilibrio de esta rueda. Muchas veces tenemos demasiadas cosas puestas en uno de estos rayos que mencionabas, o en dos o en tres, y, en realidad, tenemos que estar presente en todos los rayos para ver cómo estamos e ir midiendo. A mi me pasó que en uno de los rayos andaba muy floja y en los otros andaba estupenda y no quería asumir que en uno de esos rayos había una falla. Así que Dios me dio la oportunidad de detenerme y mirar lo que me estaba pasando allí.

Participante. –– A mi me sirvió bastante porque tiendo a replegarme y a veces lo vivo mal porque me repliego y entiendo que ese repliegue significa no accionar pero, en realidad, lo hago naturalmente. Es decir, me repliego y hago como la mirada del águila, miro todo desde afuera y busco a alguien que me acompañe para ser objetiva, y la sensación es que desde esa irradiación de mi propia persona las cosas me vienen de manera ordenada y ahí es cuando las puedo encarar.

Sra. Añina. –– Es impresionante ver la cantidad de cosas que recibimos de todo esto. Realmente, tengo que agradecer por la cantidad de cosas que recibo de cada uno de estos ocho rayos.

Sra. Estenssoro. –– Quiero agradecerles por haber compartido este momento. Si en todos los ámbitos de nuestra vida, ya sea en el trabajo social, con las personas en situación de calle, en el ámbito cultural, en la política o en los distintos ámbitos donde trabajamos y hacemos servicio, manifestemos los dones que cada uno tiene y si tenemos la posibilidad de expresar las distintas dimensiones de nuestro ser y compartirlo, dejaríamos de transitar sólo sobre un carril, el carril de la familia, del trabajo o del conocimiento técnico o intelectual.

Lo que acabamos de hacer en esta reunión es integrar las distintas dimensiones de la existencia. En este mundo, donde parece que hemos perdido el sentido ––porque, como sabemos, el caos es la pérdida del sentido––, donde la humanidad no sabe bien adónde va y donde la Argentina nos duele porque si miramos al mundo hay países que económicamente están mejor, viven personas que están confundidas o aún no han encontrado el verdadero sentido de la vida.

Creo la respuesta a este problema la vamos a encontrar integrándonos, primero con nosotros mismos y luego entre nosotros, y buscando algo que se ha perdido que es la sabiduría. Me parece que un líder, que es un cuidador, tiene que ser un sabio porque tiene que lograr que las personas trabajen juntas y que los recursos que tenemos los podamos potenciar y compartir entre todos. El Rey Salomón, en esa famosa historia en la que había dos madres que disputaban la maternidad de un bebé, propuso cortarlo por la mitad para que cada una de ellas se lleve su parte. Entonces, una de las madres se opuso terminante y el Rey Salomón supo quien era realmente la madre. Uno siempre busca la sabiduría que es la combinación de la inteligencia y el amor.

Me gustaría que en el Senado de la Nación podamos generar instancias donde pongamos estos elementos en el pensamiento social, político y económico porque no creo que lleguemos al desarrollo sin sabiduría. La tecnología y los índices de crecimiento económico son tan importantes como el enriquecimiento a nivel humano y espiritual. Me refiero al ser humano que se conecta con el amor, con la confianza y con la paz no como concepto, sino como valores que están en nuestra vida diaria, en nuestro trabajo, en nuestro servicio y en nuestros vínculos familiares.

Le agradezco a Moira Lowe y a Ken O´ Donnell por haber compartido esta actividad con nosotros y a todos los presentes por la confianza de integrar cuestiones que generalmente están separadas. Habitualmente, no realizamos este tipo de actividades en el Congreso de la Nación o, al menos, no lo hacemos con la gente con la que trabajamos.

Creo que este es el siglo de la integración y del mestizaje, para decirlo con un término más americano. Tenemos que mezclar las razas, las creencias y los conocimientos en vez de separar o jerarquizar. Realmente, creo que es el momento de ser más mestizos. Los europeos, esos que vinieron a América con hambre y con desesperanza, querían crear un mundo mejor pero como no cambiaron sus creencias, replicaron su viejo mundo de desesperanza en el nuevo mundo, sometiendo a los indígenas.

Por lo tanto, cuando me refiero al mestizaje estoy diciendo que no debemos someternos los unos a los otros, sino integrarnos y mezclarnos para lograr algo bueno porque, además, creo que este siglo tiene todos los ingredientes para que así sea.

Vamos a volver a convocarlos para repetir esta actividad con más fuerza y con más legisladores que quieran participar. Creo que si no cambiamos la mente y el corazón de los hombres y las mujeres, las cosas no cambiarán. Ese es el sentido de la actividad que hemos podido realizar entre todos con la facilitación del señor O´ Donnell.

Sr. O´Donnell. –– Vamos a terminar con un minuto de silencio…Las cosas buenas nacen del silencio…Piensen en una imagen. Así como estamos sentados en las sillas, imagínense un lugar donde el proceso consciente se sienta más o menos entre los dos lados del cerebro, en el medio de la frente que es el panel de control desde donde comandamos nuestros cuerpos y nuestras acciones…Vamos a sentarnos en este asiento, tranquilos amorosos contentos y potentes…Pequeños hijos del Divino. Que nuestras buenas intenciones de hacer cosas nazcan con esta fuerza y se sustenten. Vamos a abrir los ojos y a mantener un poquito más esta conciencia con los ojos abiertos. Muchas gracias a todos. (Aplausos)

Sra. Lowe. Quería agradecerle especialmente a María Eugenia y a todos ustedes por habernos dado esta oportunidad de plantar juntos la semilla de esta intención poderosa. Deseo agradecerte Ken por haber aceptado esta invitación.

Ayer Ken en un retiro dio una definición que a mí me gustó y la voy a compartir con ustedes: de afuera hacia adentro Brahma Kumaris es una organización, pero de adentro hacia fuera es una familia. Como los miembros de una familia siempre compartimos dulces, hemos traído un regalito para ustedes. A veces, nos preguntamos qué nos daría Dios si pudiera darnos algo en la mano. Entonces, queremos darles este regalito: se trata de un dulce preparado con mucho amor para todos ustedes. El paquetito tiene un lazo que dice, e idioma inglés, “lazo de amor”. Quizás, puedan atarle esa cinta a alguien como una expresión de amor. Gracias. (Aplausos)

Son las 18 y 13.