Discursos y conferencias

Versión Taquigráfica de las palabras expresadas por la Senadora Estenssoro durante la sesión del día 26 de marzo de 2008.

CÁMARA DE SENADORES DE LA NACIÓN

3 Reunión - 2/ Sesión ordinaria - 26 de marzo de 2008

….Sr. Presidente

(Pampuro). — Tiene la palabra la señora senadora Estenssoro.

Sra. Estenssoro. —

Señor presidente: me voy a referir globalmente a tres proyectos. El primero, es el pedido de interpelación al ministro de Economía Martín Lousteau, al 26 de marzo de 2008 Versión provisional - Sesión ordinaria Pág. 21 cual los miembros de la Coalición Cívica queremos adherir con nuestra firma. Se trata de una iniciativa del señor senador Marino. También me voy a referir al proyecto del señor senador Giustiniani, respecto de la incitación a la violencia que ayer prácticamente se generó en la Plaza de Mayo, de la Ciudad de Buenos Aires. Esa es la plaza de todos, y donde todos tendríamos que poder manifestarnos pacíficamente, sin que exista un grupo que crea que le pertenece más que otros ciudadanos. Incentivar ese tipo de posturas es grave. Más todavía, porque como todos saben, la Ciudad de Buenos Aires no tiene el control de su propia seguridad, ni de la Policía. Entonces, estas son las cosas que el gobierno nacional tiene que analizar con mucho cuidado, y no liberar zonas que posibiliten la generación de hechos de violencia. A su vez, a quienes representamos a la Ciudad de Buenos Aires les pido que reflexionen sobre este tema, porque realmente es un antecedente grave que la violencia sea provocada por los mismos simpatizantes del gobierno, impulsados por éste. Esta conducta brinda, desde arriba, un muy mal ejemplo hacia abajo; porque si desde arriba se provoca violencia, después es muy difícil pedir a los ciudadanos que tengan conductas dentro de la ley y civilizadas.

Por último, también me voy a referir al espíritu de nuestro proyecto de ley, que ha sido acompañado no solamente por el señor senador Sanz, sino también por los señores senadores Rossi y Rodríguez Saá, y que comparte en un todo el espíritu de lo que acaba de explicar el senador Giustiniani. En realidad, me parece muy bien que hoy empecemos a escuchar la voz de las provincias. Fundamentalmente, de las provincias diferenciadas, porque a veces en nuestros debates he visto, en el poco tiempo que llevo aquí, que se vota a libro cerrado y que muchas veces —lo veo y me sorprende— los senadores no defienden los intereses de sus respectivas provincias. Sin embargo, hoy hemos escuchado la visión del conflicto del campo desde La Pampa y desde Santa Fe; y espero que el señor senador Urquía venga y nos cuenta la visión que existe desde Córdoba. Espero que podamos escuchar la visión de todas las provincias, que aportan 32 mil millones de pesos al año al presupuesto nacional. Porque en este federalismo realmente al revés que hay en la Argentina, es más lo que las provincias aportan a la Nación, que lo que ésta después distribuye.Ayer a la noche, después del discurso de la presidenta, en la Coalición Cívica, tanto Elisa Carrió como quienes representamos a nuestra fuerza estábamos realmente muy preocupados por la posibilidad de que hubiera incidentes de violencia en el país. Por eso, decidimos ir a los piquetes más cercanos o adonde estuviera la población manifestándose, a fin de pedir que no se respondieran las provocaciones y que toda esa necesidad de expresar “basta” de humillaciones —no solamente al campo sino a los ciudadanos que tal vez no comparten una visión o una política determinada o específica—, se desarrollara en paz.

Entonces, yo fui hasta Ceibas. Justamente, porque allí es donde más temíamos que se produjeran mayores conflictos, dado que, como todos saben, el domingo por televisión se anunció todo el tiempo que los camiones del hijo de Moyano —alguien bastante cercano al gobierno—, estaban llegando adonde había un piquete de productores entrerrianos. Les cuento que Entre Ríos es una provincia que aporta 2500 millones de pesos en concepto de retenciones y que recibe 2500 millones de pesos de coparticipación. No es una provincia rica. Entonces, este es el federalismo “Hood Robin”, declamado, pero al revés, porque realmente es una provincia con una pobreza muy considerable que, en realidad, en vez de sacarle recursos, el Estado nacional debería aportarle recursos. Yo no soy de Entre Ríos pero conozco la provincia y realmente es un ejemplo de lo que está pasando con el federalismo en la Argentina.

Con el diputado “Toty” Flores —representante del grupo de piqueteros, de trabajadores desocupados, que representa a La Matanza pero que nació en Entre Ríos— fuimos a Ceibas, porque pensábamos que allí podía haber un foco de violencia. Curiosamente al llegar a Zárate

vimos en la televisión de la estación de servicio que la violencia no estaba en las rutas, sino en la Plaza de Mayo y que otra vez, como el domingo pasado, anunciaban que para allá iban D’Elía y los muchachos, en una actitud claramente antidemocrática y provocativa. En vez de que el gobierno saliera con su gente, con sus referentes, a calmar los ánimos y a tratar de desactivar un conflicto, lo que veíamos es que de vuelta, desde el gobierno se incentiva a una fuerza de choque más propia del franquismo o de Mussolini que de los países socialdemócratas europeos a los cuales este gobierno dice que se quiere parecer. Sigo con mi relato: llegamos a Ceibas y allí solamente estaban los camioneros de Moyano; no estaban los piquetes rurales o los sectores agropecuarios. Ellos habían acampado desde el domingo a veinte o treinta kilómetros en Los Sauces, porque no querían, justamente, ser parte de una provocación. Estaban en un lugar donde no tenían luz ni había agua, porque la estación de servicio estaba en Ceibas. Justamente, como no querían ser parte de una provocación y que la situación terminara mal, habían decidido ir hasta allá. Nosotros no fuimos a hacer prensa ni nada por el estilo, porque allí no había cámaras, solamente oscuridad, mucho viento y lluvia.

Nos contaban que el domingo llegaron camiones y colectivos sin luces, que en realidad no tenían que haber podido circular por ahí, acompañados y casi protegidos; se usaba la fuerza de seguridad como para liberar zonas o para proteger a los violentos para llevar a todos estos camiones y colectivos hacia Ceibas. Ellos decían que sabían que los gendarmes no los iban a reprimir porque eran sus amigos y vecinos. Entonces, ahí hay un límite a esta actitud provocadora en el interior del país, porque en realidad son vecinos, trabajadores y no se van a pelear unos con otros. Por suerte, hay un tejido social que es más fuerte que esta incitación a la violencia. Lo que vimos ayer fue una ciudadanía pacífica: trabajadores, productores, manifestando, tratando de reclamar por la dignidad, por no ser castigados, humillados; porque no se los toma en consideración para definir una política que los afecta. Ellos quieren ser parte de la definición de un consenso de la política del campo. Me parece que es un reclamo válido cuando hoy el sector agroindustrial representa el 60 por ciento de nuestras exportaciones. Y si salimos de la crisis de 2001 fue porque el campo argentino se puede recuperar con la rapidez que lo hace cuando se da un contexto macroeconómico local e internacional buenos.

Realmente, siempre nos salva el campo y creo que si esta situación de quiebre a que hemos llegado sirve para que el gobierno, el ministro Lousteau —si es que sigue siendo ministro cuando terminamos esta sesión, porque hoy los medios anunciaban todo el tiempo su posible renuncia—, la presidenta Kirchner y su marido reflexionan que no se puede tener una política agropecuaria sin el campo. Tiene que haber un diálogo. Tenemos que comenzar una etapa de diálogo; eso es lo que piden quienes están desde hace trece días con sus familias, a la intemperie, de noche y de día reclamando pacíficamente. Lo que vimos ayer en todo el país —porque las manifestaciones no se hicieron sólo en Buenos Aires y en las rutas, también las hubo en Rosario, donde fue multitudinaria; en Córdoba, Tucumán, Mar del Plata, Bahía Blanca— muestra una ciudadanía —muchos no eran gente de campo— que se solidarizó con el reclamo de un sector, diciendo: “Si permitimos que maltraten a un sector así, un día nos va a pasar a nosotros también.” Me parece que esto es ser solidarios no en los intereses solamente, sino en una visión política de lo que no queremos; no queremos que nos traten como súbditos, sino como ciudadanos. Ser elegido no significa que uno tiene que obedecer. Ese “no voy a permitir”, “no me voy a dejar extorsionar” que escuchamos ayer y en estos días, no solamente de la presidenta sino de sus ministros y voceros, son las mismas palabras que escuchamos el año pasado respecto del conflicto docente en Santa Cruz: “No vamos a permitir”, “no nos van a extorsionar”. Estuvo la gendarmería, se reprimió pero, finalmente, luego de muchos meses dolorosos, el gobierno —en ese caso, local, pero que es simplemente una

extensión del gobierno nacional— tuvo que ceder a todos los pedidos de los docentes. Y lo mismo va a pasar en este tema. Tarde o temprano, el gobierno va a tener que cambiar de actitud, ceder, y dialogar con las entidades agropecuarias. Porque lo que quedó demostrados en estos días —tal vez, eso es lo bueno— es que el campo argentino no son doscientas familias oligarcas que lo manejan, sino que son decenas de miles de productores y, también, algunos terratenientes. Pero estos justamente son los amigos de este gobierno. Porque lo que se está quebrando no es la realidad sino que estamos empezando a ver el otro lado de ese relato manipulador y, a mi juicio, engañoso de un modelo de acumulación y redistribución del ingreso.

La acumulación en la Argentina en los últimos años se ha verificado por parte de las mismas empresas, de los grandes empresarios que eran amigos del poder en los 90, que fueron los que pidieron la devaluación cuando tenían deudas que no podían pagar. Aquellos no son los que están hoy en las rutas, como dijo ayer la presidenta. Los que pidieron la devaluación y que sacaron el dinero de los ahorristas para dárselo a las grandes industrias fueron los grandes industriales, los que antes eran menemistas y hoy son kirchneristas. Son las mismas personas. ¿Qué ha pasado con esas grandes empresas, banqueros e industriales, que aportan mucho menos y que no exportan, porque no tiene representación en el mercado internacional? Porque, como saben, por la falta de ventajas competitivas industriales, nuestras empresas han sido compradas, pero ya no por empresas europeas o norteamericanas, sino por empresas brasileras o chilenas, que sí han desarrollado ventajas industriales competitivas y gestión. Doy un dato. Según el Centro de Estudios para el Desarrollo de la Argentina, en su edición de diciembre de 2007, en los últimos años, las 500 empresas más grandes de la economía que aumentaron un 50 por ciento su participación en el valor agregado, y que hoy controlan el 23 por ciento del producto bruto nacional, en 2001 controlaban el 16; en el 97, el 14. Y todos sabemos —lo dicen los economistas serios— que si no se estuviera manipulando el INDEC, hoy, la pobreza en la Argentina no está descendiendo sino subiendo, y que la redistribución de la riqueza ha sido negativa, a pesar de las tasas de crecimiento del 8 y del 9 por ciento.

O sea que ese relato engañoso se está cayendo. No estamos hablando de redistribuir la riqueza del campo a los pobres, sino al

pool de siembra, a los industriales, a los camioneros y sindicalistas; es decir que hay una redistribución a un grupo de personas, según la cual la acumulación la tienen el gobierno y sus amigos, en este capitalismo de amigos, pero no hay una redistribución de la riqueza. Si no, vayan a Entre Ríos y vean que no tiene ningún sentido sacarle 2.500 millones de pesos a esa provincia pobre para llenar las arcas del gobierno nacional.

Una de las cosas que vimos ayer es que la Argentina ya ha evolucionado y no cree más en estas antinomias campo-ciudad, industria-campo, nacional-extranjero, oligarquía, todo ese tipo de divisiones que, en el pasado, nos llevaron a enfrentamientos graves. Hoy la ciudadanía está por delante de ese tipo de calificaciones engañosas. El gobierno tiene que tomar nota de que la estrategia de inventar siempre un enemigo —en este caso la oligarquía terrateniente, la cual no existe más— no dará frutos. Mientras se sigue mintiendo acerca de ese gran modelo de acumulación y de redistribución de la riqueza, actualmente la Argentina dejó de ser un país líder agroindustrial. Por ejemplo, Uruguay —la pequeña Uruguay— hoy exporta más carne que nosotros, y Brasil más granos. Tendríamos que ser los líderes del Cono Sur en cuanto a hidrocarburos —como lo éramos hace una década— y, sin embargo, Brasil triplicó su producción de petróleo y de gas.

Este es el modelo de acumulación y redistribución de la riqueza que tiene la Argentina. Internamente nos manejamos con un relato engañoso; pero hay que tener en cuenta que la mitad de la población no lo cree. Este gobierno ganó las elecciones, pero con el 45 por ciento de los votos; en consecuencia, un 55 por ciento de la población no votó a esta gestión. Pero después de

esta crisis, muchos de los que ahora están en la ruta y que sí votaron a este gobierno, no lo volverán a hacer. Por lo tanto, ganar una elección presidencial no es un cheque en blanco para hacer lo que se quiera. Considero que debe encararse una instancia de sinceramiento y de elaboración de políticas públicas de mediano y largo plazo, con índices y diálogos reales; eso es lo que se está reclamando. Los miembros de Frente para la Victoria —respecto de quienes estoy segura de que están comprometidos con sus provincias y con su gobierno— deben entender que tiene que existir un momento de reflexión y de no pelearnos ni defender posturas cerradas. Tenemos que darnos cuenta de que la Argentina ya vivió en los 80 y en los 90 períodos sucesivos de altas tasas de crecimiento económico; y que después nos dimos el “porrazo” porque se creyó que con el relato alcanzaba. No alcanza con el relato, hay que mirar la realidad. Y la realidad está comenzando a hablar de una manera muy fuerte. Entonces, antes de que sea demasiado tarde espero que la presidenta Kirchner reaccione. Un gobierno fuerte es aquel que puede decir “me equivoqué”; y una presidenta fuerte es aquella que admite que se equivocó y dice “modifiquemos esto”. Pienso que eso es lo que está esperando la Argentina.

— Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente de la Nación, don Julio

César Cleto Cobos.

Sra. Estenssoro

. — Le dará muchísimo rédito al gobierno y a la presidenta Kirchner si se dice “vamos a revisar esto, nos equivocamos; invitaremos a las partes a un diálogo y comenzaremos a definir una política en serio para el campo argentino, que es la base del desarrollo nacional.”. Así como el pilar del desarrollo de Venezuela es el petróleo, en nuestro caso tiene que ser el campo. Pero el desarrollo debe ser agroindustrial y con valor agregado. Si el Estado a través de las retenciones le saca riqueza a las provincias para hacer lo que quiera y de una forma poco transparente, esa renta no se puede utilizar para convertirnos en un país líder agroindustrial. El mundo entero se pregunta por qué la Argentina teniendo tanto ha llegado a tan poco. Es por ello que esta es una buena oportunidad para revisar esa situación, y comenzar no desde los relatos sino a partir de la realidad.